Literatura social venezolana

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revolucion1954
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EL ESTIGMA DE CAÍN BRILLABA EN SU FRENTE

Notapor revolucion1954 » Vie Jul 13, 2018 12:09 pm

EL ESTIGMA DE CAÍN BRILLABA EN SU FRENTE

Olimpia a la derecha de la Coexistencia, ella se gira lentamente hacia mí y yo siento como el ser emotivo de ella entra en él, la forma afectiva de él se abre al firmamento, que pena con Raúl, abandonar a un niño cuando aún no se abierto a ninguna conciencia.
Raúl hoy ha crecido como h podido y tiene los brazos lleno de navajazos, cortes, cicatrices de herida malamente cicatrizadas, y cruzadas en ambas parte del pecho, es su vida escrita en su piel que se narra en una forma anímica de donde no desaparece esta sobre su cuero como pergamino de letra indeleble, cada día las ve, y en muchos días irremediablemente añade otras, a lo mejor ha entrado en forma de la irreflexiva de los actos impropios de hechos en adelantos desmedidos justamente por indigestión del sí mismo, se ve pero no se imagina que en realidad es él, en la comunicación donde su conformación es solo un discurso banal, evade decirse donde inicia él, cree ser y tener algún tipo de autonomía lejos muy lejos, lo más distante posible de lo que formo a su ser, eliminando cualquier tipo de senescencia, de reminiscencia, de remembranzas de aquel tiempo pasado que no quiso vivir.
Las mujeres preparaban el bar los licores que aturdirían a sus víctimas, los más usuales que pedirían los machos, debajo del banco dormía Raúl, lo despertaron más bien lo lanzaron afuera, él con la cobija que arrastraba se fue adormir afuera, la música era escandalosa retumbante con un canciones chillonas repetidas a cada momento en la que las mujeres lloran sus despechos, las veía a todas ellas vestidas con faldas ajustadas al cuerpo que las hacía ver más ridículas de lo corriente, colores chillones a veces le parecían payasas, a veces guacharacas chillones, sus perfumes ultra penetrantes de mareo y vómito, en la madrugada cuando el ambiente era completamente etílico, los hombres que habían llegado lleno de vitalidad iniciaban a desvariar de un hablar incoherentes, se retorcían exclamando frases soeces, bien estúpidas, insultban a otros en especial a ellas que hábilmente los despojaban de su dinero, e iniciaban los reclamos que se trasformaban en rencillas, altercados con armas de fuego y los disparos algunas veces ultimaban alguno que esta de más, otras veces tomaban a una de ella por los cabellos, y les llenaban la cara de golpes, las arrojaban al suelo con fuerzas, y ellas caían como saco de basura se alzaban y saltaban encima del borracho arañándolo, y este cuando lograba sujetarlas las arrojaba de nuevo en medio de la pista de baile, insultándolas con los peores epitafio de sus precarias existencias.
Él se decía al ver esas lúgubres escenas cuando regrese mi mama nos iremos de aquí, lejos muy lejos, cuando más lejos mejor.
Al terminar la juerga entraba a dormir bajo techo, como una sombra se colaba a su lugar debajo de la barra del bar.
Esa madrugada habían golpeado a varias de ellas, la policía había allanado el prostíbulo, las que no estaban heridas se las llevaron para que declarasen.
-No joda chica estos hombres mira como me pusieron.
-Y a mí no voy a poder trabajar por varios días, me dieron una patada en el vientre.
-¡Raúl tráenos hielo!
-Él se levantó, y les llevo el hielo.
-¿Y que ves carajito, como me pusieron?
-No, querría preguntarte una cosa.
-¿Y qué es?
-¿Tú crees que mi mama se tarde mucho en regresar?
-¡Muchacho pendejo! ¿Tú mama no va a venir más, no lo quieres entender?
Raúl sintió por dentro un destrozo enorme, como que algo le comía las entrañas.
-Sí Raúl tú mama te tiro el abandono, porque no te querría.
-¡No es verdad! Lo que pasa es que ustedes son unas rolo de putas por eso es que les pegan.
Las mujeres le tiraron cuando objeto tenían en la mano y él salió corriendo por la carretera que aún era oscura y lo carros pasaban a gran velocidad.
-¿Y qué crees que era tú mama una santa?
Él sintió que se metían con algo bien sagrado y paro la carrera para decirle:
-Mi mama era una jeva de lo de bien, no como ustedes bicharangas.
-¡Aquí no vuelvas más, mal agradecido!
El corrió pero aún era oscuro los carros le pasaban cerca a gran velocidad, cuando amaneció se sentó a la orilla de la carretera viendo lo carros pasar se dijo a donde irán toda esa gente, quizás mi madre fue hacia ese lugar, tuvo un momento de debilidad un impulso de volver al burdel, pero se dijo para esa vaina no regreso, e inicio a caminar hacia donde lo llevaba la carretera, camino todo el día en la tarde vio que uno pájaros comían frutos en un árbol, se acercó y vio que había partes de fruto tirados en la tierra, es mango subió ágilmente en la mata, y comió hasta que se sacio, luego siguió caminando hasta que entro la noche, camino otras horas hasta que tuvo sueño, salió de la carretera y se acostó sobre hierba seca, en esa época del año ya había pegado el verano, y el monte está seco, se acurruco viendo a su alrededor, si viene algún animal a morderme le caigo a piedra se dijo para tomar valor.
Mientras dormía una luz de sosiego lo arropo, sintió un manto protector cubrirlo y se sintió amado tanto que al despertar aún conservo ese sentimiento, al abrir los ojos el nuevo día había ya comenzado, él pero se quedó un rato percibiendo ese sentimiento, y se dijo yo sabía que ella me querría; Entonces entendió porque comprendió, y comprendió que también el hijo del Rey tuvo que huir. Se levantó y se sintió más grande, suficientemente grande para enfrentar cualquier adversidad, y siguió caminando a la orilla de la carretera, sucedió que llego a una gran ciudad Caracas entrando por oriente; por donde más puede llegar el hijo del Rey.
Llego a Petare pero no le gusto mucha gente, mucho carro, mucho ajetreo, y se recordó del burdel.
Siguió caminando la piel se le lleno de hollín, veía ambos lado de la venida edificios y gente paseando, hasta que se detuvo en el Boulevard de Sabana Grande, veía muchas cosas bellas que le gustaban pero cuando se hizo de noche, vio a muchos niños deambular.
Pero vaga el niño sucio, desnutrido con una bolsa llena de cola, el amarillo de la cola pegado en la bolsa trasparente, que la aprieta en las manos, alrededor de la boca, los labios anestesiados, los ojos semidormidos, la respiración, profunda, acelerada al ritmo de la taquicardia intermitente, el silbido en las orejas, acompañado de otras creatura que viven en el abandono social-afectivo la cobija que arrastran esta deshilachada pero le sirve aun de acción afectiva, lo protege, le recurre de techo, lo envuelve en las caricias faltante a la niñez invisible, abandona el banco donde está sentado la sangre entra en circulación y trasporta el toxico acumulado él se marea pero resiste, mira a los carros que pasan veloz por la avenida, entra en una pedazo de tierra, tierra de ninguno sin yerba, escondida de la calle por una enorme cantidad de basura, donde merodean enormes ratas, dos cachorros de perro flacos, sucios, lo acompañan como ángeles de guía de igual recorrido, como su miseria, miseria di sociedad.
De una rica nación pobre, pobre de los valores fundamentales de mínima humanidad.
Lo sientes como la poesía es una esencia del Yo, del Mí, del mí adentro de la profundita en la cual puedes hacer emerger la autorrealización del ser.
Aun sin ver sé que existes, aun sin ver sé que estas.
Presencia in antimateria.
Después tuve juicio, y consentí el universo tenía que formarse, dura tarea para el ser.
Se hizo la forma, forma como consciencia, se hizo la luz emisión de dimensiones, luz como conocimiento emersión espontanea del verbo ser, en todas sus conjugaciones, que detienen la conciencia, solo donde se priva de la definición con el verbo haber.
La sombra dio la dimensión.
La sombra oculto la circunferencia.
La sombra dispuso el cuadrado por el cubo.
Del yo como opuesto debatiéndose dentro de la ciencia del bien y del mal.
El espacio iba constituyéndose, en el conjunto de las áreas inconclusas emergió significado implícito.
El chiquillo inhala la cola, ríe buscando la mirada, el otro le quita la bolsa de plástica de la mano y sopla dentro, y después ritma con la respiración dentro, y fuera de la bolsita, en sincronía con la respiración abre y cierra las manos, víctima inocente, dentro fuera, dentro de él, éter embriagante que despide la cola, fuera el aria en simbiosis como otro pulmón, la calle está sucia, el niño en su reflejo de total abandono, dejado a la deriva de las galaxias, en su dulce sueño inconcluso.
El pasante vio el acto, pero evadió el hecho en la impotencia al carecer de alma propia.
Una carga sobre humana para llevársela encima como él cuando seguro son millardos en todo el continente.
Millardos de células explotaban en el cielo estrellado de sus adentros, morían por el nefasto uso de la pega, dentro de aquel universo pequeño, mágico, infantil del casi bebé.
Los niños bajan a un sótano, la lluvia caía incesantemente, ellos arrastraban pedazos de sabanas, trapos arrancados, raídos a la su ingenuidad infantil, recorridos de vida que vagan entre la basura, con ellos perros callejeros, arrastran mecates rotos atados a sus pescuezos, y latas vacías.
Las nubes como guía del ultraterreno por igualdad de condiciones como pedazos de cristales rotos de lo divino celestial.
La armonía era la base del inmenso espacio infinito, los elementos puros se estaban formando otros tiempos oblicuos, altas temperaturas forjaban nuevas formaciones y colores, nuevas intensidades de la materia el plasma de acrílico color rojo, los movimientos elípticos, del profundo el haz de luz daba fermento al nuevo posicionamiento del que justamente quería evadir.
Allá está la génesis, le dijo él, padre al hijo apuntando el dedo en proyección omnisciencia.
Se apoya a un muro tambaleante, en la noche fría, los pedazos de cartones llenos de chiripas, insectos de exageradas conformaciones, botellas vaciadas de su líquido alcohólico, latas aplastadas, aplastadas para eliminar el vacío, acumuladas en sacos.
Camina el niño, caminan los niños solos, caminan sin amparo en la oscuridad de sus soledades de estas grandes ciudades.
Pagando un hecho que no es de ellos, poca fuerza para luchar en contra de la corriente que los arrastra lejos, su cuerpo envuelto en la espiral, va el niño sin sentido, con la bolsa que ya no lo deja esta vacía la cola se ha endurecida, con su cobija sucia de sus sueños hechos añicos, resquebrajados de ternura infantil, los cachetes con la pega y el mugre pegado de la piel, que arrastra consigo todo la escoria de ambos desiertos en su desidia vive el niño, solo, solos en arco de tiempo descrita como vergüenza de una nación.
De sus ojos emana una mirada triste, tan pequeño, tan vacío, su ternura, su fantasía infantil es abandonada a los percance de la intemperie hoy sopla viento, ayer llovía copiosamente, mañana quizás salga el sol para iluminar su soledad.
Su mirar como fijación de la pega que huele constantemente, ve la calle tramite el plástico de la bolsa, una ciudad brillante, un poco amarilla, en realidad se envuelve el niño en un mundo de orcos, y dragones.
No hay lealtad en el hombre.
No hay vida a quien ignora su herencia.
No hay fuerza en el ser que se abandona.
La herencia de una nación expuesta al público abandono.
La señora grito, le arranco la cartera de un fuerte jalón, con la cartera en mano corre el muchacho, vuelve a gritar la señora.
¡Mis documentos, no!
Él se para lejos ríe a dentada aún tiene el efecto de las pastillas, que lo excitan le aceleran la taquicardia, le silban las orejas, la ve lejos, la escogió a ella entre tantos pasantes, en el deseo ahogado del privado de madre, ella desesperada, critica el hecho de ese malviviente.
¿Pero cuando de esos granos abras colaborado a formar con tu indiferencia, y los temes hoy porque son una montaña?
Tomó el dinero y lo repartió entre los pequeños, contaba cómo había corrido, sin entender que la policía lo seguía de cerca le seguía el rastro dejado por su anómalo andar.
No era más el niño que los miedos paralizaban, porque su sentir se había transformado en helado, su sentir lo había enterado junto a su entender debajo un puente, después en el término de la distancia que inicio a subir de debajo al puente a la calle se secó la última lágrima, de su prematuro abandono.
Ahora tiene la certeza, la seguridad que ninguno lo vendrá a buscar, no hay una madre que le tienda la mano como en sus fantasías, que lo recoja de aquel mundo absurdo.
Armado de valor, expropiado de cada afecto, abandonado de cada sentimiento el mundo lo afronta con la cara al descubierto, alzado en medio de la desidia enfrenta al mundo de los adultos hasta con una botella rota, agresivo, expande su ira, roba y atraca, toma y escapa, todo es tuyo, un vasto mundo que se puede recorrer a pies desnudo, sin zapatos.
Sabe que él, lleva esplendente el estigma de Caín, lo sabe porque lo reconoce en el abandono de la vil miseria.
El espacio se formó en profundidad después a lo largo del confín y en fin en la amplitud, existieron las dimensiones, giraban los planetas, los astros se cruzaban en el firmamento, el cosmos brillaba desde sus ampliados confines.
El hombre avanzaba dificultosamente, en la mano la misma botella de aguardiente destilado de caña, alcohol puro producido, sí, de miles incertezas, sucio, con los vestidos ya harapos, tiene diez, cientos, millones de dudas de su propio manufacturo, latas buscadas y recogidas por la ciudad cargadas en el saco amargo de la vida que se le escapó, amasa cartones sobre un coche de niño en su estructura pelada, donde encuentra un poco de tierra llena las latas para que pesen más, rocía agua al cartón para que pese más, pasando delante una vidriera en su reflejo, vio su figura, sintió una intuición que se parecía a su padre, que jamás conoció.
En brazos de alguna mujer, un reparo de fortuna, entre seres expuesto al público deprecio rehízo la génesis, después se abandonó, y abandono en el acto final de una nueva apocalipsis según la revelación de San Juan Bautista.
Hecho postergado por la acción del Salvador que acudió a disipar las tinieblas por los tiempos que vendrán.
Del ser que vive rodeado en su abandono de soledad.
Del ser que vive en el olvido en el lado oscuro de la luna
Del ser que vive en franca omisión de lo que determina como él.
Vive un hombre sumergido en múltiple presiones de situaciones fuera del su entender.
Vive entre el sarcasmo ajeno y la angustia propia marginal en ser, con mil caídas, maldice desde el primer instante en que tomo conciencia, jamás dijo algo que no se arrepintiera mil veces, balbucear un léxico entre pestilencias de alimento rancio y alcohol etílico, que hasta las ratas escapaban solo con verlo.
Fue ya viejo, mendicante, repugnante a la vista y al tacto, que levanto su mirada hacia el alto de los cielos, rodeado de todo lo humanamente descartable que por ultimo lloró, y lloro porque vio el cielo, lloró con las manos alzadas hacia el alto, todo lo que había hecho era solamente su amargo testimonio para demostrar cuan ancho es el abismo.
Para el cumplimiento de los tiempos a ti señor.
De niño vivió sin padres.
De hombre vivió sin mujer.
De viejo vivió sin hijos, sin conocer a sus nietos.
Paso la vida, y nunca obtuvo paz, un sin fin de hechos circunstanciales lo pusieron a pasar por todo lo malo, tedios de la existencia, hastíos de lo que fue su fiel copia fea de la vida.
Un paseante, dijo; ¡Ese es tremendo loco de carretera!
Un viandante noto la mugre y decididamente lo mando a bañarse.
Un errante escucho la charla y el añejo del ron que bebía ávidamente y compartió la borrachera.
La estrella mayor se apagó, su luz, pero continuará a llegar a nosotros, por algunos milenios luz aunque curiosamente dejó de existir, al mundo legó su sombra.
Y, va traspasando umbrales que solo él, a ciencia cierta ve, un saco, y, va trasportando una la copia de su vida, carga un universo, carga en sí el fin último del hombre y su misterio.
Una astro pasa anunciando un nacimiento ¿Será así, la anunciación?
En su proyección de lo que fue su anti vida, concluyo que la posesión del verbo ser, es axioma; lo que se prueba así mismo, teorema del creado para ser conjugado en diversas forma de su antítesis al fin de cada era.
Luego dejo caer el saco, pero lo sujeto con la mano izquierda, con la derecha levantó la manilla para abrir el umbral, y se encontró en diferentes tiempos del mismo estado, intento todas las conjugaciones posible para que alcanzaran al infinito, más allá de cualquier revelación regresando a la exigencia todo lo que su ser había arrastrado en esta su existencia, hasta percibir las lejanas manifestaciones del absoluto.
Todo lo que fue, llego a presencia para formar un ladrillo del inmenso conjunto en el infinito del verbo existir.
Fue en tiempo de la maldad, era de la ilusión, ejercitación del castigo, en cui lui ejecutó la prerrogativa de la negación.
Lo que no vio, fue justamente de lo que se formó, diametralmente opuesto a él.
-Licenciada termino el tiempo por favor.
El Yeti que vaina nos ha echado esta dirección de priones, pero Olimpia me pregunta.
-¿Pero qué paso después Erni, con él?
Se abre una pausa porque el Yeti. Espécimen no identificado, insiste que era demasiado tarde, y tiene que cerrar la pedagógica.
-Dale cuéntame haz una omisión de tiempo, porque tuvo que suceder algo en el más allá.
-Bien en su ingreso allá ninguno le hizo pregunta alguna, el Estigma de Caín Brillaba en su frente, entro con su saco de latas aplastadas y su botella ya vacía de aguardiente
Ninguno le pregunto nada, porque llevaba con él, los elementos de la tierra consigo donde revelaba las injusticias en que se había sumergido la humanidad.
¿Cuánta miseria, maldad, y dolor llevabas en aquel saco?
Así fue que se opuso hasta el fin de la era…
La Cina Hung, se despide y la vemos alejarse hasta el fondo del corredor.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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La conversión 28

Notapor revolucion1954 » Vie Jul 13, 2018 12:11 pm

La conversión 28

-Yo me convertí a Cristo en la penitenciaria general de Venezuela, hace unos 7 años mientras pagaba una condena por drogas, aunque entendí la magnificencia de DIOS para los hombres, y que Cristo pago con su sangre el rescate por nuestros pecados, cuando salí aunque trate de mantener una recta vida, me encontré a cierto punto como desamparado, y vine a meno a mi propósito, tuve un momento de debilidad de espíritu porque no tenía trabajo, entonces me dedique a vender un poco de mariguana para llevar adelante esta cruel existencia, y sucedió que un día fui a comprar una libra de mariguana, al regresar caí en una redada, y me recluyeron de nuevo en el Reten di Catia.
Aquel momento lo recuerdo como si fuera hoy: justamente puedo recordar a mí mismo aquel que hoy es un hombre del pasado, me quedo impreso un recuerdo inmemorial porque en mi conciencia fije con certeza lo que fue un cruce de caminos.
Subimos ya y Casiquiare al bloque 54 del 23 de Enero a comprar una libra de malanga lo que a cierto punto es una cuestión ordinaria que hacíamos dos o tres veces por semana, una vez que llegamos cerca del bloque, me dijo la hija que debíamos esperar porque el Jiparo estaba movilizando el material desde otro lado de la ciudad, lo vimos llegar pero cuando se anda en esos movimiento no se puede uno adelantar por el riesco que ellos corren, cuando pero descargo y encaleto, me hizo seña y me le acerque.
-¿Qué paso Juan viniste a conectarte?
-Sí necesito una libra, no más.
-Llévate dos así de te ahorras la viajadera a cada rato.
-No puedo chico no tengo una buena caleta, no ves que estoy viviendo en casa de la suegra todavía.
-No joda Juan, ¿y que haces tú con dinero que te ganas? ¿Estas manteniendo una querida?
- ¿Querida? Tú no sabes que tengo 6 hijos, que comen más que una lima nueva.
-Espérame aquí vale, ya te la bajo.
Efectivamente a los pocos minutos regreso con la panela, cuando me la puso en mano sentí que estaba bien compactada.
-¿Es de buena calidad Alex?
-No joda Juan es amarrilla Colombiana me metí un barreto ayer, y todavía tengo reverenda nota.
Me la metí debajo de la chaqueta, saque el dinero y se lo conté.
-Aquí está tu dinero, no vemos, pues.
-Cuídate que por allí andan los pacos alborotados, ¿oyó?
Sentí un impulso de regresársela, pero no dije nada y me apresure a buscar a Casiquiare, en ese momento sentí que andaba de nuevo en oscuridad, donde el hombre se sustrae al pacto hecho con su Señor, pero también le comunique que aquí en la tierra como se debe recordar muy bien Él, cuando vino hace dos mil años de algo hay que vivir.
Le hice señas a Casiquiare que fuera a la parada del autobús, al alcanzarme me dijo;
-¿Qué todo bien, conectaste?
Le hice seña que sí con la cabeza, pensé que inoportuno y ¿si hubiera un policía?
Luego recuerdo que en la parada estaba una señora esperando el trasporte, le pregunte al verla pues me miraba fijamente, como diciéndome andas con la Biblia en la mano pero andas haciendo sinvergüencerías, entonces note que ella también tenía una Biblia en la mano le dije;
-Hermana ¿por aquí pasan los carritos que van al bloque doce?
Me contexto:
-Sí hermano por aquí pasan.
-Muchas gracias.
Pero luego me dijo;
-Varón este libro que tú ves aquí es la biblia, aquí está la palabra del señor, Él, tiene un diseño especifico parta cada uno de nosotros. No basta llevarla en la mano como haces, hay que practicar la fe.
-Hermana la fe yo la práctico es la vida que no me da tregua.
Quede sustraído a la acción, como inmóvil ¿ella como que presentía algo o era una premonición?
Mientras yacía en un mar de dudas se presentó el destino sin avisar, justamente por no estar concentrado en la que andaba.
Cuando la jaula se frenó delante de nosotros bruscamente se me helo la sangre, saltaron varios cascos blancos frente a mí, corriendo en varias direcciones, detenían a los hombres y les pedían la cedula y libreta militar, la gente a su vez incio a correr y algunos gritaron;
-¡La recluta!
Otros;
-¡Redada!
Me dije es una redada, el oficial que quedo a bordo de la camioneta me miro, impartió unas órdenes y luego en vista que la gente había corrido, como para no irse con la jaula vacía me pidió de abordar la unidad.
-¡Ciudadano súbase a la unidad que está detenido!
-¿Pero que sucede señor policía?
-No te hagas el gafo ¿qué es una redada?
Sin percatarme un agente me empujo por la espalda nos llevaron en la parte de atrás, y abordamos la jaula como llaman a estos trasporte con que hacen la redadas, comprendí que aquel era el punto exacto donde tenía la cita con el destino, a la cual había acudido, sin percatarme.
Nos mirábamos yo y Casiquiare, pero estábamos así de estrechos que yo no podía descargar la malanga.
Por esa razón, el policía nos captó el vibre.
El policía se acercó viéndome a los ojos, como si mi mente fuera trasparente, y colocó la mano justo, donde tenía escondido el paquete debajo la chaqueta.
-Esto sí está bueno pajarito, ahora si se acomodaron los dos.
-¡Comandante! estos dos estaban cargados.
El comandante volteo y haciendo una mueca, dijo:
-Bueno, bueno tan bueno que es bien malo.
-¿Pajarito esto es tuyo o me vas a decir que no?
Como se suele decir en estos casos; Eres dueño de lo que callas, y esclavo de lo que hablas.
-¡Ah te quedaste mudo, pajarito!
-En el comando a estos dos los hacemos hablar, ¡mi comandante!
-¿Pero qué tengo que ver yo?
Replico Casiquiare.
-Seguro que tú no lo conoces.
-Primera vez que lo veo en mi vida, mi general.
-General no, webón, soy sargento.
-Deja que lleguemos al comando que te vamos hacer cantar.
Al llegar a la zona Nº1 de la policía metropolitana, había unas 50 camionetas que descargaban detenidos por redadas.
Nos bajaron y gritaban;
-¡Hemos detenidos a dos traficantes!
Se asomó un oficial a la puerta mientras ordenaban a los detenidos para identificarlos.
-¡Pásalos directamente para la sala de fotografías!
-Vengan pajaritos que mañana salen por los periódicos.
La sala estaba llena con otros detenidos en total erábamos como 10, vi que la panela la pusieron la pusieron sobre la mesa, junto a bolsas con basuko, dos pistolas incautadas, como 1.000 pastillas de Mandrax.
-Pasen los detenidos detrás de la mesa, manos atrás que no se vayan a robar nada.
-¿Qué tiene ese detenido en la mano, capo?
-Una Biblia mi teniente.
-¿Usted la revisó?
-No mi teniente, pero se ve que el sujeto es Evangélico.
-Revísela capo, que ese no parece hombre de iglesia.
La reviso y luego me la regreso.
-Toma tú Biblia sinvergüenza, ya vas a tener tiempo para leerla.
-¿Mi teniente que nombre les ponemos?
-¿A quién chico?
-A la foto para remitirla a la prensa siempre se usa ponerle un nombre a la banda.
-Póngale el nombre más conveniente, que los identifique.
Él que tenía la máquina fotográfica en la mano se quedó pensando, y le dice al capo.
-¡Mi Capo! ¿Le pone la Banda de los Evangélicos?
El Capo se quedó mirándome, y luego hizo una sonrisa de puro sarcasmo, antes de contestarle al fotógrafo.
-Sí va, agárrale la foto con ese al centro como jefe de la banda.
Y dirigiéndose a mí me dijeron;
-¡Tú ponte en el centro!
-Así no, vale, levanta la Biblia póntela a la altura del pecho tremendo Fariseo, que eres.
Era indignante así que me comunique con mi Salvador, sé Jesús que te he defraudado pero no me recargue toda esa cruz solo a mí, ya aprendí la lección, entonces me vino como una revelación; en que había repetido esa frase varias veces, en especial cuando daba mi testimonio siempre cerraba dando mi testimonio; “y por eso mis hermanos debido a mi mal andar, estoy hoy en prisión, pero Cristo hoy me ha salvado de nuevo, y me hizo salvo porque ya aprendí la lección,”
-¡Salgan para los calabozos, parranda de drogados!
Caminamos hacia los calabozos pero no pudimos entrar porque estaban repletos, incluso todo el corredor entre los calabozos.
-¿Comandante que hacemos estamos hasta lo copetes?
Los que fueron capturados con pruebas deben ser trasladados para la Comisaria de Policía Técnica Judicial, para que les instruyan sus respectivos expedientes.
-¿Para cuál mi comandante?
-Trasladémoslos para la Central de parque Carabobo de paso tengo que hacer unas compras por el centro.
Nos montaron en la unidad y con las sirenas, y las luces encendidas nos llevaron para la Central
Encadenados subimos los varios pisos hasta que nos entregaron a División Contra Droga, al entrar no había materialmente espacio para sentarnos, y el aire faltaba.
-Inspector adónde vamos a meter esta gente aquí no hay más espacio, mételos como se pueda que mañana los llevamos al retén.
-Cual reten si nos acaban de regresar lo últimos diez.
-¡Entonces habla con el comisario!
-¡Yo háblale tú!
-¡Qué bien pues tengo que hacer todo yo!
-Comisario, llego un lote de la policía metropolitana y no tenemos espacio físico para albergarlos.
El comisario puso cara de cínico, como diciendo que incapacidad, al llegar grito:
-¡Salga todos ustedes al corredor!
Uno que estaba a mi lado, dijo;
-No hay puestos para nosotros creo que nos van a soltar.
No le conteste lo único que pensé, este no sabe lo que es Venezuela aquí de malo normalmente saltamos a lo peor.
-¡Inspector!
-¡Sí señor comisario!
-¡Amare a los detenidos de a dos a la columnas!
-De a dos, no creo que alcance son demasiados.
-¡Bueno de a tres carajos! ¿No ves que estoy ocupado?
Exactamente nos esposaron de a tres, no podíamos acostarnos, podíamos estar sentados a mala pena, y ponernos de acuerdo para estar parados, lo que el comisario llamaba estar ocupado era estar encerrado en su oficina con las mujeres detenidas que eran más numerosas que los hombres, lo mismo hacían los detectives, y los inspectores, lo que nos parecía justo así no se ocupaban de nosotros, pero como a los tres días se acordaron de nosotros, y vinieron a interrogarnos.
-¿Quién es ¿Juan José Aristimuño?
-¡Aquí soy yo!
-¡Inspector desamara a ese, llévalo a la oficina para declararlo!
-¿Quién es Casiquiare Benavides?
-¡Yo, aquí estoy!
-Tráete a esos dos juntos, hazme el favor.
Al caminar las piernas no nos respondían, tanto que Casiquiare se recostó del muro.
-Dejen el teatro y apúrense.
-Al entrar en la oficina el aire acondicionado fue como una bendición al contacto con la piel.
-¡Siéntense en esas sillas!
Al sentarme lo único que me vino en mente Madre de DIOS, que comodidad habían dos muchachas organizando las carpeta.
-¿Mi amor estas donde las meto?
-Allá mi vida donde dice para tribunales de justicias.
Al pasar cerca le manoseo su esbelto cuerpo, se veía que ellas dos estaban detenida pero con todas la garantías del derecho penal y aún más del código deontológico que ellos mismo habían escrito a favor de una relación para gozar de todas las delicias terrenales.
-Ustedes señores Juan José Aristimuño, Casiquiare Benavides fueron encontrados en posesión de una gran cantidad de drogas.
-¡No inspector usted se equivoca nosotros fuimos arrestados en una redada!
-¡Ah no vale! ¿Usted creen que yo soy poceta que me van a descargar ese mojón? (Mojón es sinónimo de mentira).
Casi, casi me provoco decirle.
-¿Ustedes no ven lo ocupado que estoy? Que ni para mi casa voy para poder cumplir con mi deber.
Carajo me dije; con ese deber también yo no voy para mi casa.
-Muchachos no dejen que el inspector se meta a bruto él es muy buena persona, nosotras confesamos, y él nos está ayudando en los tribunales de justicia.
-De verdad chica, eso es muy importante que un funcionario sea una persona humanitaria. (Casiquiare).
-Ah entonces ustedes dos comprendieron la praxis.
-Sí inspector y le quiero ratificar mi completa colaboración para esclarecer la verdad procesual.
-Así me gusta ciudadanos que no nos hagan perder el tiempo, lo único que tiene que hacer es firmar esta declaración como los agarraron con la mano en la masa, no queda sino formalizar la declaración de los agentes de la policía metropolitana.
En eso me vino una visión en la que3 me vi recorriendo todos los penales de Venezuela y las cosas que allá dentro sucedían, y me vino un impulso el cual no puede reprimir.
-No joda ni loco firmo que soy culpable, sabes una cosa la declaración de la policía metropolitana no vale porque ellos no son actuantes dentro del proceso.
El inspector se levantó del asiento como si una catapulta, lo catapultar hacia adelante.
-¡Coño de tú madre te voy a matar a palazos, si no firmas esa vaina!
-Mi amor no sulfure que eso te hace daño.
-Que daño ni que daño agarro la máquina.
Y me la arrojo en cabeza, luego nos esposo a la silla pero con las manos en la espalda hasta el último diente de la esposa, que veía al diablo del dolor, me voltee hacia Casiquiare y le dije.
-Casiquiare nos embarcamos ¡vale!
-No, hombre no te gansees. (Echarse la culpa).
-Bien, para adelante.
Al rato nos levantaron, y nos llevaron a otra oficina que al entrar fue todo claro.
-¿Ustedes ya cantaron?
-¿Cantamos qué? ¿Sí nosotros fuimos detenidos por una redada?
-¿Y la mariguana?
-Yo, no me arrebato, gracias.
-Sta bien pues, ¿Entonces es mía?
-¡Será! porque mía no es.
-Bien pásalo a bioenergética de una.
Los ganchos (esposas) me lo pusieron hasta los tequeteque, amarado a una columna, a Casiquiare no le iba mejor, pues lo vi rodando por el pavimento a patadas.
Son ocho días me dije de pela u ocho años de cana, este es el cuarto día no les queda mucho.
La cubierta plástica de la máquina de escribir me apretaba hasta la asfixiarme al quitármela casi me respire todo el aire que había en allí, luego nos lanzaron agua fría de donde la abran agarrado con la sed que tenía, después corriente alterna, alterna porque la apagaban y la encendían, batazos, carajazos.
-¿Vas hablar o seguimos con la bioenergética?
-No sé nada inspector a mí me agarraron en una redada.
-Mira c…e…tú… maé… ¿Qué te crees que somos?
-Nada se lo juro.
-Habla y me dices donde la conectaste.
-Yo no sé nada.
Las noche en la central de la policía técnica judicial la paliza toca si el turno de los que instruyen el expediente están de guardias si no depende si no dejaron encargados a otros de tu caso, del resto se duerme sobre periódicos, en el abandono de las instituciones, dormir lo que se dice dormir no se puede, y es intermitente por los dolores si duermes de lado porque las costillas duelen, o las cucarachas caminan por encimas de los cuerpos como si estos fueran autopistas, las filas de gusanos amarillas en el ángulo del muro, con sus movimientos de movimientos geocéntricos, que invento estos gusanos.
¿Porque no usan las patas como los demás animales?
¿Pero quién enseño a los gusanos a caminar en fila?
El tubo que me tienen guindado, esta negro de tanta sangre seca, el filo del ring me tiene la carne de los pies abierta y ellos insisten con la webonada.
-¿Vas cantar pajarito, o te la das de duro?
La respuesta no sale ni siquiera la siento yo, la voz se va para dentro,.
¿No sabía yo que dentro de mi había tanto espacio?
Y las cosas que encuentro dentro de mí a cierto punto carecen de definiciones, y las que logro definir son como espacios en blanco.
¿Cómo te puedo explicar; lo que es diametralmente opuesto a tú entendimiento?
El octavo días tanto esperando llega cuando ya estas abandonado a la pública tortura, y nos llaman.
-Mira guapito, ven a firmar la declaración que ya llegó el fiscal, y cuidado con una paja. (Nos delatas).
Ni que fuera sapo como tú, me provoco decirle pero como era tan obvio para que gastar palabras en decir sandeces.
La oficina tiene aire acondicionado, al entrar a ella bien aporreado, el ambiente frio me alivia, me sujeto los pantalones con la mano, la correa me la quitaron y los lazos de los zapatos también.
-¡Buenos días ciudadano, pase y siéntese!
(Tanta amabilidad me confunde).
-¿Usted es el ciudadano Juan José Aristimuño?
-SÍ.
-Su número de cedula de identidad por favor.
-4.543.789.
-¿Venezolano?
-Sí.
-Usted fue encontrado en posesión de una sustancia estupefaciente.
-¡No! ¿A mí? ¡Qué va!
-Pero la policía metropolitana en su informe, dice; que usted fue arrestado y en ese momento cargaba la sustancia.
-Ellos pueden decir misa, me caí en una redada sin nada.
-¿Es será es su declaración?
-No, me atengo al precepto constitucional.
-Bueno, se ve que saben todo, estos carajos.
(Se enoja porque conozcamos nuestros derechos, que bien pues.). El papel en blanco tiene pocas líneas, la firma ilegible.
Traen también a Casiquiare.
-¡Buenos días ciudadanos, pase y siéntese!
-¿Usted es el ciudadano Casiquiare Benavides?
-SÍ.
-Su número de cedula de identidad por favor.
-6.137.934.
-¿Venezolano?
-Sí.
-Usted fue encontrado en posesión de una sustancia estupefaciente.
-A mí no, me arrestaron saliendo con mi mujer de un cine, in nada.
-Pero la policía metropolitana en su informe, dice; que usted fue arrestado y en ese momento cargaba una libra de mariguana.
-Seguramente se confundieron con otro, ¿no le parece?
-¿Es esa es su declaración?
-No, me atengo al precepto constitucional.
Ahora a esperar el traslado.
De regreso del calabozo, no hacemos que sentarnos y vernos, no se puede hablar, cada miligramo de fuerza la necesita el cuerpo para rehacerse.
Pasan dos días, no hacemos si no dormir comemos de lo que les sobra a otros pues en las comisarias no hay dinero para darnos de comer.
-¡Traslado! Los ciudadanos a continuación que van a ser trasladados a las diferentes cárceles.
Traslado solo el nombre da pánico, pero con esa pela que dan en la policía, es casi una liberación. En la puerta de la división, contra droga están los que vienen de la división contra delincuencia organizada, nos amaran unos a otro, después los de la división contra robo, después los de la división contra hurto, abajo división de contra robo de vehículo, caminamos con gran dificultad.
Como un río que se llena de sus caños, somos una masa de carne y cadenas; el llamado pulpo; Vergüenza de Pueblos.
Olemos a mapurite, avanzamos con dificultad, en la jaula no se entiende nada, estamos unos encima de otros, menos mal que es cerca.
Cuando la distancia es relativa, el tiempo es de infierno, pero aun así gozas del viaje, ves a la gente de regreso a casa con sus miles de problemas, caminan rapidito, mientras la luz natural deja espacio a la luz artificial, las calles sucias y llenas de basura.
Se acerca la noche, los traslados lo hacen siempre a esta hora.
Nos tocó el retén de Catia caballeros amararse los pantalones cuando nos bajamos es de noche, el ambiente te recuerda no sé porque la hora de la cena, que mala costumbre esa de comer menos mal que en esta semana me la quite.
Adelante al retén se ve el edificio con un extraño color, los peroles guindados a las rejas para orinar, los brazos cientos de ellos, escribiendo letra sorda en el aire. Desde este momento no te puedes descuidarte ni siquiera a leerte un pensamiento en tu mente, tienes una sola vida hay que cuidarla, las 24 horas doble turno como las farmacias.
Nuestras carpetas son entregadas al funcionario.
Nos hacen entrar se siente que es superpoblado el ruido es ensordecedor, nos obligan a sentarnos en el piso de la manga. Allí inicia una actividad, en el frenesí que en juego está la vida, no es por lo que vale en sí, es por el dolor que cuesta morir.
-Epa ordenanza llévale una embajada al Pantera, dile que llegó Juanito.
-¿Pantera de dónde chamo?
-El de la Silsa, brodel.
-¿Dónde es que esta él?
-Bien, él está en el pabellón 4 torre sur creo.
Todos buscan a sus parroquianos, es una práctica que nos envuelve a todos, al bravo, la más bravo, y al que esta asustado.
El vigilante nos habla claramente, sin preámbulos;
-Caballeros van para el depósito, y pasado mañana es bombeo para observación, ¿Ya saben, no? bájense ahorita con una bomba, (Dinero) y se van para el pabellón que elijan.
Empieza el mercadeo.
-Epa vigilante, la bomba te la doy el día de la visita, ahorita mismo estoy frito. (Sin dinero).
-¡Noo! mi hermano de ese guaral tengo un rollo, empéñate con alguien.
-¡Epa ese Juanito de la Silsa!
-Ese mismo soy yo, ¡caballero!
-Mira Pantera dice que te recibe, pero hay una lucha, que tú decidas, si quiere entra en el malandreo.
-Casiquiare ¿Qué es lo qué?
-¿Epa men con quien es la guerra? chamo.
-Estamos enproblemados con Barrio Chino y con los Tuyeros.
-No hombre Juanito, metámonos en esa guerra, ¿qué más da?
-¡Epa ese de la embajada!
-Háblame claro, ¿qué es lo qué?
-Vamos pa’ lante, que nos haga la segunda, de una con el vigilante para desplazarnos al pabellón.
-Epa vigilante estos dos son compañero de lucha, pal pabellón 4 torre sur, allá te damos la bomba. (Dinero).
-¡Bien, denle que son pasteles de una! antes que venga el jefe de régimen.
-La manga se abre y el Pelón, nos manda para el pabellón con los respectivos paseos (chuzo).
-Miren compañeros de una pa’ arriba, no se paren en artículo, ni en el pabellón dos, ni en el pabellón tres.
Subiendo esos escalones que ya varias veces recorridos nos hablan de muertes atroces, de vidas suspendidas, del abandono, de la desidia, de impiedad, de la maldad, de la supervivencia con los propios recursos de un chuzo es la única diferencia para seguir narrando, paredes que están dibujadas formas hechas la sangre de la imagen ya disecada, esas imagen te lo expresas claramente, aquí mi amigo el diablo perdió la cola, por lo tanto no creen en nadie.
-¡Epa chamin párate allí!
-¡Como que chamin vale!
-De una le metí el pedazo, Casiquiare lo mismo, del cuatro jalaron dos proye (Disparos) y así pudimos pasar, aplicando el Art. 3 del Malandreo Activo: Malandro no se para en artículo.
El pabellón cuatro está a media luz, te parece un campamento en el espacio sideral de una tribu en trashumancia, albergando condiciones de exterminio, la gente la ves flaca, trasparente como si comieran arepa plástica.
-¿Que dice el Juanito? ¡Compañeros vénganse todos para acá, que nos llegaron los refuerzos carajo!
-¡Epa caballeros oídos! A todos, esto son panas burdas, amigos personales y malandros de verdad.
Nos saludos con los chuzos al aire, el resto me lo imagino no más porque es rutinario y la problemática diaria es recurrente se combate en lucha entre pueblos, pero si no son ellos somos nosotros, así que todos los problemas de ellos ahora son nuestros, y los de nosotros son de ellos, la propia colectivización de las problemáticas psico-social en amalgama de acciones al confín de la coherencia mental.
-Compañeros acomódense en la celda Nº7.
Nos acompañan los que están de garita hoy.
Las ventanas dan para el patio interno, y de frente está la torre norte, que cierra el paso a la vista, o sea hotel Malavista. No hay rejas, son todas en reciclaje de chuzo.
-¡Oídos a los Paisas! Se van bajando de las camas, que esas son para estos dos que son Malandros.
Ellos aceptan sin chistar, parece un abuso pero en una realidad nosotros somos del gremio por lo tanto tenemos derechos añejados.
-Viejo usted bajase de allí, y usted también las camas son para los compañeros de lucha, como estos que son malandro y no pueden dormir en el piso.
-Mañana compañeros le sale garitero a esta celda, así que descansen, por los momentos agarren estos dos medio brazo, y mosca oyó que estamos enproblemados duramente, y bandera con esa gente, que se nos puede voltear.
-Bien, ¿Epa como es el garitero?
-Somos ocho celdas en el malandreo en esta celda ustedes y cuatro más, les toca turno de dos horas y media a cada uno.
-Bien, el horario mío es de dos a cuatro, de la mañana.
-Agarren esa harina pa’ que se hagan una arepa.
La harina cuando la vi venir hacia mí me dije en automático inicio la rutina, no es que tengo 8 días preso es nada más conectar la última cana con esta, la cocina es una resistencia, sobre un bote de leche, pega corriente continua, una arepa eléctrica.
-¡Casiquiare! Hazme el favor voltea la arepa con el chuzo.
El chuzo lo limpia lo tenía ya casi al rojo vivo, lo conozco sé que está pensando cuando mira el chuzo tocar la comida con ese hierro que herido y asesinado tanta gente es como una herejía, ¿pero qué más da?
-¡Otra vez en la rutina carcelaria! ¿No Juanito?
Después se hecha a reír;
-Ja, ja, ja, ¡Pasa ese tabaco chamo!
-¡Que pela mano! Por culpa de esa mariguana, pero nada que cantamos, ahora hay que declarar en el tribunal.
-Bueno a lo mejor en los tribunales nos vamos, hay que tener fe mi pana.
Los días se van, ni siquiera los ves, no existen es un solo una sugestión, la dinámica interna te absorbe en hacer chuzos, fumar chirre, atacar a los otros pabellones, someter a los Paisas, buscar infiltrado en nuestro pabellón.
Los días de visita, nos damos una palabra de paz entre pabellones ese día, las novias, las chechere, las madres que ellas nunca faltan entran en nuestras moradas y el terror descansa.
Las noches cuando el malandro duerme la trona, monto un garitero continuo, camino por el pasillo, los cuerpos se ven como bultos, bultos de carne, envueltos en sabana acostados en el pasillo, si no eres malandro, o sea si eres Paisa tienes que pedir permiso para alzarte e ir al baño, o hacer otras necesidades.
Aunque como dice el dicho;
“Tranquilidad de Paisa tumba gobierno de Malandro.”
Alguien dijo que era el mes de noviembre, cuando los aviones empezaron a volar bajito, y a bombardear Miraflores (Casa de gobierno) y se corrió una bola que habían tumbado al gobierno, en la calle se oía plomo sostenido, y continuo para quien está preso cualquier ocasión es buena para una evasión.
El ministro del interior llamó a las cárceles.
-Aló, soy el Ministro Piñerua, (Que me caía mal solo con verlo en televisión). Hay una intentona de golpe de Estado en estos momentos por parte de un grupo de oficiales de la aviación, la situación está bajo control, pero ustedes en los penales hagan algo, he suspendido las Garantías Constitucionales.
-Algo, ¿Cómo qué? (dijo el director extrañado, pero el Ministro la frase la dejo sobrentendida).
-Deshacerse de la mayor parte de la población de las cárceles.
-Como usted diga señor Ministro, acataremos sus órdenes inmediatamente.
-Epa llamen al jefe de régimen hay una orden del ministerio, hay que aprovechar la intentona de golpe, que han suspendido las Garantías Constitucionales, para deshacerse de la población del penal.
-¿Bueno y que vamos hacer? Esa gente allá dentro está bien armada, no se van a dejar matar.
-Abran los pabellones de esa manera se matan entre ellos.
-Oídos a todos; ¡Delincuentes el gobierno se cayó váyanse para su casa!
Dejaron las rejas abiertas, creyendo en sus torcidas mente que iniciaría la matazón entre presos, entonces como el día de visita corrió una palabra de paz entre el hampa. Me asome a las ventanas que dan para la autopista y vi una manada humana que corría hacia las paredes que dan a la autopista y al caño de agua cloaca que pasa por allí.
-¡Epa Juanito vámonos, que empezó la rochela!
-De una Casiquiare, ¿Patas pa’ que te tengo?
Entonces los del malandreo no pararon.
-¿Adónde van ir? hay que quemar los archivos sino quedamos solicitados.
La idea me sonó mal, pero el Pantera era el que la dirigía.
Avanzamos al administrativo, erábamos como 50 hombres de diferentes bandas, con la misma idea deshacernos de las carpetas con el prontuario policial. En el momento que llegamos a las escaleras que da para el segundo piso donde están las oficinas del administrativo notamos un cierto movimiento como de algunas sombras, el Gato que era el más flaco de todos hizo seña que avanzaba, así lo hizo al llegar cerca de la esquina se regresó rápidamente arrestándose.
-Aquello estaba lleno de policía metropolitana ¿Qué hacemos?
-¡Tranquilos que se cayó el gobierno!
Al llegar a la escalera estos nos encañonan.
Pero el Pantera dice;
-¡Compañeros si se cayó el gobierno, entonces plomo con la policía!
-¡Plomo a esos sapos!
El ruido de los disparos fue intenso, entonces los policías que debían de custodiar los muros, comenzaron a disparar contra los que estaban saltando los muros y que se estaban evadiendo en masas.
Pero desde los bloques del 23 Enero, los Tupamaros comenzaron a disparar con los fusiles automáticos.
-¡Caballero el pueblo tiene respaldo!
Y eso animo la lucha. Los policías los hicimos retirar al comando de la policía metropolitana zona Nº1. Hasta que del techo el garitero canto;
-¡Agua con marea verde!
-¡La móvil! ¡La móvil! (mala conducta, de la mala conducta).
Entonces empezamos a entender que el gobierno es una familia grande.
-¡Casiquiare si sobrevives, dile a mi madre que la quise mucho!
-Juanito, en esta sí nos dan papelón, de verdad.
La guardia retoma las garitas y toda la cinta amurallada, y una tormenta de gas lacrimógeno invade todas las celdas del lado norte y del lado sur una hora continua, dos horas un tiempo interminable, y siguieron por horas con el mismo bombardeo que no te capacitas de donde pueden fabricar tantas bombas; te orinas, se sale el pupú, lloras, te asfixias, no sabes dónde meterte.
Al final se acabaron las municiones, la asfixia nos tenía prácticamente respirando al ras del piso, y entra la Guardia unos quisieron resistir y les dispararon, estos respondieron con los fusiles automáticos con una intensidad de fuego de tal intensidad que pulverizaban la columnas, toda la torre vibraba como si estuvieran demoliéndola, vencida las ultimas resistencias entraron como un huracán.
-¡Patio! ¡Patio!
Empezamos a bajar las escaleras sin tocar piso, la penillas rebotaban en el lomo, te caes y te dan 10, te paras te dan 20, corre y te dan 30, si vas bien te llevas 100 en el lomo, con una ración bien proporcionadas de cachazos y patadas, que nos puedes creer a que puedas recibir tanta paliza, y lo peor es aguantarla continuamente, decididamente el hombre tiene reservas inauditas.
En el patio interno del retén de los Flores de Catia tiene un color verde, es excremento solido porque no hay cloaca, huele a orina rancia y profundamente radicada en nuestros pulmones, así de profunda que te hace recordar antes de venir a la tierra, que éramos.
-¡Desnudos todos!
Llegaban aún más compañeros, y nos amontonábamos unos sobre de los otros, después iniciaron a dispararnos así como estábamos, yo me arrincone hacia la esquina del oeste torre norte y me eche varios muertos encima, vi al director con dos pistola disparar a quema ropa la gente moría prácticamente sin haber vivido, ya llegamos al patio casi desfallecidos.
Los cuerpos se iban poniéndose tiesos y expulsaban ciertos gases que cuando los eructaban parecían que los cadáveres hablasen, macabro el suceso.
Tarde, entrada la noche, aunque ese día sinceramente la luz del día no la había visto, cuando creía que yo estaba también muerto, oí la voz del vigilante:
-¡Los que están con vida! Alcense y denle para sus pabellones.
Dude pero empezaron alzarse algunos heridos, otros en fugaz carrera, que ni la resucitada de Lázaro, patica pa' que te tengo, salimos corriendo como alma perseguida por alguien peor que el diablo.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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Notapor revolucion1954 » Vie Jul 13, 2018 12:27 pm

¿El gobierno Nacional caballeros!
Después cuando creíamos que se habían calmado de la furia homicidio pasaban por el pabellón con las carpetas en manos con las fichas personales de cada detenido, con el prontuario en mano y los llamaban
-¡Alberto Morejón! Preséntese a la entrada del pabellón.
Y el que ingenuamente hacia caso los mataban inmediatamente sin intercambiar un porque, y le decían a otros;
-¡Ustedes dos cárguenlos!
Cuando llegaban a la manga, y depositaban el cadáver encima de la montaña de cadáveres, los guisaban a ellos también.
Esa vez le regrese el alma al señor, bueno señor gracias por confiar en mí en esta existencia, pero ya veo que me llegó la hora.
-Hasta aquí nos trajo el río Casiquiare, y cuando empezaba a apreciar la vida.
Casiquiare no me respondió, él había como enmudecido.
-No joda Casiquiare como te moriste pero no contesto.
Al medio día nos llegó el grito de traslado.
-¡Traslado a los que quieran irse!
Pero nadie bajo, después llegó al pabellón la china Olimpia Hung de los derechos humanos.
-Miren es mejor que se vayan para otra cárcel aquí los van exterminar.
A la china Hung sí le creímos.
Bajamos pero acompañados de una tunda de palo con el caminito verde, nos sacó de nuestras creencias más congregadas. En el autobús nos amararon como pudieron, a los otros los hicieron acostarse en el piso, y les caminaban encima, no había límite al maltrato entonces pensé que los derechos humanos era un invento del capitalismo para vendérnoslo, ya que la orden era darnos con todo. Me acorde del himno nacional que decía; ¡Gloria al bravo pueblo! Bien me dije así será.
A los que estábamos sentados nos ordenaron mantener la cabeza entre las rodillas y plan. Horas de viaje incómodo y de paso nos sonaban, al llegar a la penitenciaria de Tocuyito, la bienvenida fue a la altura del recibimiento de un Jefe de Estado, no había visto jamás tanto Guardia juntos, creo que incluso los importaron, nos dieron una pela de planazo que ni la sentimos de lo aporreado que estábamos.
-Ustedes dos vayan al pabellón Nº3.
Llegamos a la hora del tranque, las escaleras estaban desiertas, el edificio es pequeño no hay tanto hacinamiento, estábamos vestidos yo y Casiquiare con franelas rotas y jaladas por todos lados con short que no habían visto agua y jabón en días con sangre seca pegada, heces, y descalzos olíamos peor que una guarida de tigre.
-Entren en esta celda malvivientes, y a ver si se bañan hediondos que son, y mucho cuidado con importunar a sus compañeros que los mandamos al monstruo.
En la celda había son como una treintena de hombres, que nos miraron con desconcierto, como si vieran a Jesucristo después del calvario.
-¿Epa de donde son ustedes?
-¡Somos centrales brodel!
-¿De dónde más o menos?
-¡Caraca, vale!
-Bien acomódense por allí.
-¡Váyanse a bañar mi hermano, y póngase esta ropa porque huelen a diablo.
-Gracia mi gente. (No sabía que alguien había olido al diablo).
Al bañarme del agua de tobo, entendí lo de la purificación del bautismo con el agua, el agua al limpiarte te hace acercarte al sentir de santidad, limpio in mancha, como reconvertido a un esplendor manchado de impurezas.
Mu puse la franela bien limpia por cierto y un pantalón de vestir, también me regalaron un par de cholas, como le decimos a las sandalias.
-En lo que llegue la vita te regreso la ropa mi amistad.
-No te preocupe vale, que no es nada.
-Venga para que coman algo.
-¿Algo como qué?
Nos alcanzaron un plato de plástico amarrillo me acuerdo aún hoy con arroz y dos huevos fritos, con arepita asada que maravilla, de vaina no me comí el plato.
Entonces como suele suceder, esa es la costumbre los que llegan inician a narrar lo vivido, porque el preso es dado para las narraciones, los oyentes nos daban café y otra arepa y escuchaban nuestro relato en silencio.
A cierto punto creíamos, que habíamos llegado al oasis del desierto, al remanso del turbulento río para echar una descansada después de tanto maltrato, pero uno dijo;
-Compañeros yo lo siento mucho por todo su sufrimiento, pero llegaron a mala hora, mañana cuando abran esa puerta, tengo que apuñalar al vigilante.
Me voltee a ver a Casiquiare que el terror se me salía por los ojos.
-No le pares Juanito, no creo que pueda sucedernos otra vaina.
Me dijo;
-Eso solo es pa’ darse cartel, ellos saben que donde llegamos los centrales, volteamos los penales.
En la mañana aun dormía, alguien me jalo el pie.
-¡Numero Caraca!
Cuando el vigilante abrió las rejas de la celda, efectivamente Avendaño le metió el pedazo de metal en la barriga, no es que estaba en desacuerdo con ello, pero el cuerpo todavía no llegaba la paliza y ya me dolía.
Algunos minutos después entraron los vigilantes y los guardias nacionales disparándonos con las pajiza cartuchos de goma con sal, a quemarropa y como ardía, las escaleras las baje rodando, en el patio nos dieron una bioenergética, que yo ya no tenía ni piel, el acero rebotaba sobre la carne viva, en ese momento todo ese vasto espacio que tenía en la mente lo llene, eran tan grande tan inmenso el dolor que paso el limite preestablecido de lo increíble, y eso que Venezuela nos había preparado desde pequeño a aguantar carajazos de toda índole y a perder la capacidad de asombro.
-¡Suban a sus celdas están castigados sin patio hasta nuevo aviso!
Mientras comentábamos los hechos, y trataba de acostarme boca abajo pues toda la parte de atrás estaba sin pellejo.
Abrieron la reja del corredor silenciosamente, y nos arrojaron agua, luego nos rociaron agua con sal, ¿Cuán inmenso puede ser un espacio mental en albergar el dolor?
El grito de dolor que lance ese día creo que aun hoy está viajando por el espacio sideral y ya habrá cambiado de galaxia.
En el atardecer nos dieron el permiso para comer la celda se llenó de actividad, me vestí por puro pudor, pero cada vez que la tela toca la carne eran dolores, cuando se despegaba de la llaga eran dolores.
En silencio, un silencio reciproco, un silencio intrínseco, un silencio conciso, un silencio sordo que no escuchaba ni mis pensamientos por lo cual llegue a separar la carne del espíritu de lo aporreada que estaba.
En la celda Casiquiare me dice.
-Juanito tienes una bota marcada en la espalda, chamo que arrecho se ve el número 42.
-Bien, será de la cenicienta de los derechos humanos.
Empezamos a reír y a contarnos como lo habíamos pasado, porque después de una pela, te viene una ganas de reír, que todo parecía un chiste como para descargar toda la violencia recibida no sé porque pero es una tradición entre los aporreados de la tierra.
-Bueno por haber puñaleado a un vigilante nos dieron poco, les diré.
-Sí, lo suficiente, nada más.
-¿Oye, tú no sientes un ruido como de agua que escurre?
Avendaño dice;
-Mañana es día de visita estarán limpiando las escaleras, y el piso.
-¿Estás seguro porque parece como si estuvieran caminando?
-Será la gente que lleva sus cosas para el patio para construir sus bughi.
Breves minutos después, mientras extendía la cobija porque creía que me acostaría para gozar de un merecido descanso. Entraron gritando, y disparando con las escopetas pajizas;
-¡Todo el mundo pa’ bajo traslado!
Una parte de los perdigones impactaron mi vientre y salte del dolor, mientras la turba de gente que se formó me empujo hacia afuera de la celda.
Cuando me asomé a la escalera, solo vi a los guardias apostados a lo largo de la escalera, quise resistir pero un tremendo carajazo me empujo al abismo, la escalera las habían enjabonado con agua y jabón, no lograbas estar en pie, ni apoyado con las manos al pavimento cuando me caí, al intentar ponerme de pie en el descanso de la escalera recibí una patada en la espalda que me hizo olvidar todos los dolores, y rebote por todos los escalones, unas veces amortiguaba sobre otros cuerpos y otra me caían encima aplastándome en contra del filo de la escalera.
Al llegar abajo, supe que era abajo porque no había más, por eso que dicen que del piso no pasas, me esposaron a Casiquiare y denle que son pasteles patadas, penillazos, palazos hasta que abordamos la unidad. De nuevo en el autobús la cabeza entre las piernas, los guardias que nos daban carajazos, el viento que entraba por la ventana me refrescaba las heridas, así viajamos hasta el amanecer, mirando de reojo vi el río, ese inmenso que llaman Orinoco.
Casiquiare que no había hablado en todo el viaje me dijo;
-¿Juanito por dónde vamos?
-Estamos llegando a Guayana, webón.
-Verga nos llevan al Dorado.
-Por los vientos que soplan.
El autobús se frena después del puente en la encrucijada decía ciudad Guayana, ciudad Bolívar.
-¿Mi sargento para donde es la destinación de los presos?
-Dale para la cárcel de ciudad Bolívar.
-Bueno Juanito nos salvamos en esa, es mejor que el Dorado.
-Será, otro tipo de Calvario, entonces.
Llegamos a la cárcel de ciudad Bolívar.
Después de la paliza con sus preliminares, nos dijeron.
-¡Ustedes de verdad que son gente mala conducta por lo tanto van derecho para el castigo.
Nadie hablo, nadie pregunto creo que todos dentro de nuestra resignación lo único que querríamos un sitio donde recostarnos.
Y nos encerraron en el tigrito, la celda tiene máximo de altura un metro treinta, solo puedes estar sentado o acostado, y caminar agachado sobre las manos no puedes enderezarte en pie. Al llegar a la celda nos tuvimos que agachar y caminar en cuatro patas como se dice, y nos acostamos, entonces regresaron los dolores. El calor era sofocante y húmedo y nos hincho las heridas, la espalda no la podías apoyar y se infectaba en aquel horno formando llagas al oscurecer llega la plaga a terminar de adormentarnos.
Ya en la tarde llegaron los trabajadores, y nos trajeron la zambumbia no había casi luz y eso era lo bueno porque no se veía que comía, a un rato tenia sabor a papel, otro rato como a tela de saco podrido.
Además no teníamos derecho a patio, no teníamos derecho a la ducha, paso un día, varios días, y agarramos sarnas teníamos una rasquiña que no se nos aliviaba, a veces venia un ordenanza nos traía algo de agua.
-Vaya tomen agua rapidito que tengo que irme.
-¿Epa ustedes de donde son? Que están enmaximados
-De Caraca. No, que va, no estamos refugiados estamos de castigo.
-Bien, yo soy el ordenanza, si les puedo hacer una embajada, me dicen de una.
-Eso chamo ve a ver, si hay alguien de la Silsa, por allá en los pabellones o del 23, o de Monte Piedad.
-Bien, ¿De quién es la embajada?
-Juanito y Casiquiare.
-Regresa rápido Niche, ¡oyó!
-Rápido no puedo caballero, aquí la Guardia tiene sometido el cárcel, y vengo cuando ellos me lo mandan.
Y paso un día y en la tarde ya entrada, regreso el ordenanza.
-Eso de la Silsa, por allá en el Pabellón Nº3, hay un combo bien de parroquianos de ustedes, pero quieren saber que bloque del 23 de enero, y hay uno que pregunta por el Juanito que si ere el Evangelista.
-¿Si ese mimo soy yo mi pana, quien es el que pregunta?
-El Manolo de los sin techos, ¿Lo conoces?
-Claro vale dile que esto es serio, que estamos en enfermos, doliente y hambrientos, que actué con consecuencia.
-¡Ah! ¿Bien eso es todo?
-No espera, diles que aquí esta Casiquiare del Bloque 12.
-¡Niche! ¡Niche! dile a los parroquianos que van a mandar que malanga no, eso da burda de filo (hambre) y no hay matiz (comida) un chirre sí, pa’ quitarnos el hambre, y este sufrimiento.
Sentimos como el ordenanza se fue por el angosto callejos, y cerraron la reja al final.
Esperando pasaron dos días, e iniciamos a reclamar por el agua, la comida, entonces entro el guardia y nos dijo;
-¡Cálmense no joda no pasaren hombres de verdad.
-Coño son dos días mano sin agua y sin comida.+
-Bueno que se van alzar, ¿quiere que los deje otros dos días? Ustedes están castigados no se les olvide.
-Está bien mano pero un poco de agua, por favor.
-Ya voy a llamar al ordenanza.
-Mira muchacho te voy a dejar esa puerta abierta llévales agua y el rancho y lava bien todo ese corredor que hay una hediondez que ni en una guarida de tigre.
Nos trajo un balde de agua, y bebimos hasta se nos había olvidado la embajada que tenía que traernos.
-Oigan bien ahora voy por el rancho les traigo el barco que la mandan su gente, no pongan en la puerta del tigrito pues se la lanzo pa´ dentro de una.
-¡Bien, bien aquí estamos pendiente!
-Cuidado con una vaina, que si me agarran en esta me muelen a palo.
Esperamos yo creo que ni respiramos, cuando de pronto el ordenanza dijo;
-¡Rancho! ¡Rancho!
Y sonó la olla con el cucharon, delante a la celda nuestra saco de dentro de la olla un paquete que traía escondido debajo del arroz, y no lo lanzo.
-Bien agarren la comida aquí.
Pusimos las manos entre las rejas para que nos pusiera el arroz, las vi negras de la grasa, pero ni modo o comes o no.
-Agarren estos cambures que les conseguí, (banana) el Manolo les manda en ese paquete Basuko, y el polvo amarrillo es para la sarna,
-Bien salúdalo, y que le agradezco.
-¿Y ese manolo de los sin techo es pana tuyo Juan?
-Ese es mi hermano somos compañero de lucha de los tiempo que pague cana la cárcel de Yare.
Abrimos el paquete, el barco como lo llamamos, nos llegó conmovedor, resuelto con todo lo que podíamos añorar en una situación crítica como la que nos hallábamos, el papel lo usamos para confeccionar los cigarros y le esparcimos el polvo de basuko su olor anestesiante se esparció en el aire, y quito esa hediondez a putrefacción que salía de las celdas, fumamos unos, y fumamos otros y nos pudimos relajar luego de tantas semanas de dolores y palizas.
Una vez bien acomodados como por la reja entraba un poquito de luz me extendí cerca de ella y me puse a leer la Biblia ya por aquella época tenía la costumbre de abrirla al caso y leía lo que aparecía.
La historia de Job 1
11 Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.
12 Le habían nacido siete hijos y tres hijas. 13 Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente.
14 Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. 15 Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y
maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre. 16 El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. 17 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» 18 Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!» 19 Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde» 110 ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país. 111 Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!» 112 Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh. 113 El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor, 114 vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos; 115 de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 116 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 117 Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a filo de espada. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 118 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor. 119 De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 120 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra, 121 dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!» 122 En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios. 21 El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. 22 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» 23 Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job?» ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle.» 24 Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel!» ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida! 25 Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!» 26 Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida.» 27 El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. 28 Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. 29 Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza?» «¡Maldice a Dios y muérete!» 210 Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios.
A medida que fui leyendo me pareció todo tan obvio, que de pronto me reincorpore que pegue la cabeza del techo; ¡Claro vale ya entendí! Todo esto es solo una prueba que me ha impuesto mi DIOS; Pero Padre Santo como puedes creer que yo pueda negarte, si desde que nací no te he negado ni un segundo en toda mi existencia, no hacía falta que me pusieras a la prueba, pues en Cristo doy mi testimonio Padre eterno que yo solo a ti alabare, solo a ti confiare.
Entonces me entro una duda; claro seguro que fue Satanás el que instigo a mi contra, que iría a llevar chisme sobre mi entereza, de mi integridad pero te juro que cuando llegue allá arriba ese señor me va a oír, por complotista que no es justo que una ya viene a la tierra con tantas adversidad, y se meta él también a sabotearlo a uno.
-¿Qué paso Juan el basuko te está alterando la mente?
-No hombre aquí estoy hablando resolviendo una problemática seria.
Padre usted mi DIOS pueda confiar en mi plenamente aflójame aunque sea solo un día este cruel castigo, ya te he demostrado que no he dudado un solo segundo.
En la mañana siguiente nos hicieron salir, y cuando salimos de la máxima caminábamos doblados hasta que salimos del corredor.
-¡Páranse aquí! Salgan todos ¿Qué están amañados?
-Hoy es el día de la Virgen de la Mercedes, por lo tanto tienen tiempo para asearse, afeitarse ponerse decente como se dice y van a comer al comedor.
En eso llego el ordenanza con una carretilla, cargaba melecos amarrillos, jabón, y afeitadoras, atrás vino el barbero con el corte único la cero, cero. Nos Iniciamos a bañar nos restregábamos el jabón azul en panela por todo el cuerpo el agua esta tibia, después pasamos por la máquina del barbero que nos rapo a cero, en fin nos afeitamos, y no dieron el meleco que siempre los odie nunca quise ponérmelos, pero que hoy no teníamos nada que ponernos.
-Vengan hagan una fila aquí que hoy la comida es especial.
Haciendo la cola del comedor Casiquiare le pregunta a uno.
-¿Ese de allá compadre quién es?
-¿Quién vale?
-¿El del paltó? (del traje).
-Aquel, ese es el director del penal.
-¿De verdad men?
Entonces me vio a mí y me dijo;
-Juanito ese tipo es el Rubén harto pana, ¡Atracábamos juntos hermano!
-Casiquiare quédate tranquilo, que ese es el dolor que te hace alucinar.
-A pues señor, ¡Sí te digo que el burro es negro, es porque tengo los pelos en la mano!
-¡Casiquiare quédate tranquilo mi hermano que nos vas a meter en un rolo de problema!
Entonces se salió de la fila y se fue derecho para allá, y yo me imaginaba de lejos el plan que venía. Pero al acercarse al director este primero le hizo una seña de que se callara, pero el insistió entonces el vi como el director le dio la mano y lo saludó efusivamente.
-Casiquiare tanto tiempo sin vernos.
-Si como siete años no Rubén.
-¿En qué pabellón estas?
-Estoy en la máxima es decir en una vaina que aquí llaman el tigrito.
-Bien ya te voy a mandar a sacar de allí.
-Se pero ando con aquel que esta allá en la cola del rancho, e como mi hermano.
-¿Cómo se llama?
-Juan José Aristimuño.
-Ve para el comedor que después los mando a llamar.
Lo vi que venía hacia mí de lo más feliz.
-Lo viste Juan que propio el Rubén, me dijo que nos mandaba a llamar más tarde.
-¿Hablaste también por mí?
-Claro no te voy a lanzar el lastre.
Ya en la tardecita terminada la celebración del día de la Mercedes, se acercó a nosotros un vigilante.
-Quien de ustedes son Casiquiare Benavides, y Juan José Aristimuño.
-Nosotros dos, sígame que el Director quiere hablar con ustedes.
Al entrar a la dirección nos hicieron sentar hasta que llego el director.
-Bueno Casiquiare aquí tengo tu ficha estas bien cochino, aquí tienes de todo y estamos como bien peligroso, y también el de todo amigo.
-No joda Rubén haz algo, eso que no has sucedido es puro problema de otros.
-Na guara aquí dice entre otras cosas que ustedes encendieron el Motín del retén de Catia, quemas del archivo del cárcel, poseso de armas de fuego, tentado homicidio de un funcionario, además de tráfico interno, y varios tentativos de fuga.
-Caramba vale el gobierno sabe de mi más que yo mismo, eso es puro chisme Raúl.
Yo no hablaba pues tenía en mente que todo era parte del diseño de DIOS.
-Vamos hacer una cosa bien simpática Casiquiare la rompo.
Y delante de notros nos rompió las fichas, saco otras y las elaboro nuevamente y nos puso conducta intachable.
-Te lo agradezco Rubén, de verdad que sí.
-Yo también Doctor.
Ahora vayan con el vigílate que ya tiene mis disposiciones y nos vemos mañana.
El vigilante nos llevó al pabellón que llaman especial, y nos dio una celda y tremenda beca, jaialai come se dice.
Esa noche dormimos y fumamos que nos sentíamos en el séptimo cielo, Casiquiare no hacía que hablar de los tiempos en que asaltaba banco con Rubén, y de la suerte que habíamos tenido, yo daba alabanzas a DIOS, lo hubiera sabido antes y hablaba directamente contigo DIOS mío así me liberaba de tantas penurias.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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La conversión 28

Notapor revolucion1954 » Vie Jul 13, 2018 12:30 pm

Al día siguiente en la tarde el director nos llamó nuevamente.
-Entren, y siéntense los alojaron en una buena celda.
-Si Doctor estamos más bien que el carajo.
-Espérense un momento.
Entro a un cuarto, y nos trajo un bolso grande.
-Aquí tienen ropa para que se visten y se quiten esos melecos.
Luego regresaron sobre sus recuerdos, y al finalizar la tarde regresamos al pabellón.
-Te diré Juan esta ropa es cara, ¿oyó?
-Grandes bendiciones las del Señor.
Con el tiempo nos ambientamos en la cárcel y hacíamos diligencia a los demás preso con el director en las cuales todos ganábamos
Así fue, hasta que nos llamó a su oficina el director con él, estaba otro señor.
-Mira Casiquiare panita tengo una cosita facilita para un hombre como tú, asesinas a un personaje y después te dejo escapar.
-Aja, ¿quién es el paciente?
-¡El bibliotecario! Este caballero le quiere pasar una factura que tiene del haber.
-¿Que dices entonces?
-Bien lo opero de una.
-Así me gusta carajo, ese el Casiquiare que yo conozco.
-Salimos de la oficina, pero yo estaba en contradicción.
-Casiquiare ese viejo es bien, nos presta los libros, porque le vamos dar bollo.
-Juanito, ya sufrí bastante y me quiero ir, asesino a ese y otros 100, si es necesario.
La cosa no me gusto desde la raíz, porque el señor que comisionó el ajuste de cuenta, estaba en prisión porque había asesinado a un compadre suyo;
Ese señor era un administrador de la compañía de electricidad de Venezuela y le había encontrado el trabajo de administrador a su compadre en Ciudad Bolívar.
El compadre se había apropiado de una buena cantidad de dinero, y le aviaron q él que había un defalco en esa oficina así que lo llamo:
-Compadre que el auditor que estuve allá revisando sus libros de contabilidad, encontró un falte en el orden de los 400.000 mil Bolívares, esa es una considerable suma, así que decidí ir yo personalmente a Ciudad Bolívar.
-Compadre le agradezco si interés pero yo le aseguro que debe haber un error porque yo personalmente he revisado la contabilidad.
-Lo que sucede que aquí la asamblea de accionista quiere proceder con una denuncia penal, les pedí que hicieran una excepción que yo aclararía el problema.
-Muy bien entonces hagamos una cosa Asdrúbal encontrémonos en la Ciudad de Soledad donde me encuentro.
-Muy bien así nos entrevistamos ante para aclarar los pormenores.
-Llame cuando esté llegando.
Así lo hizo citándolo en medio de la carretera.
Le disparo en la nuca lo metió de nuevo en el carro y lo lanzo por un barranco.
La policía de tránsito hizo su informe, y los periódicos anunciaron que;
El dirigente de la compañía que venia de la capital a hacer una auditoria a la sede de la compañía de la electricidad en Ciudad Bolívar murió en un accidente de tránsito, la mujer adolorada llamo a sus amigos más allegados para invitarlos al funeral.
-Compadre Jacinto tengo que informarle que Asdrúbal murió cerca de la ciudad de Soledad.
-Cuando lo siento comadre, mi más sentido pésame.
-Gracias compadre como usted era muy amigo de mi marido lo invito al funeral
Cuando se presentó al funeral a dar el pésame a la viuda le dijo;
-¡Comadre este crimen no puede quedar impune!
La comadre se extrañó, y al día siguiente se fue derecho a la fiscalía, porque se creía que era estado un accidente de tránsito, la fiscalía delante la denuncia de la viuda pidió una autopsia y se constató que el occiso en realidad, tenía un tiro en la cabeza.
Justamente como el predijo el Sr. Jacinto, el crimen no quedo impune, él, fue encarcelado como único indiciado.
-No joda Casiquiare ese Señor Jacinto le dio papelón al compadre debe ser tremenda lacra yo no me confiaría.
-¿Y qué? yo cobro lo mío y me voy.
Esa noche soñé que tenía que quedarme y no podía escaparme, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, como el plan para escaparse era bien simple les daban una escalera de mantenimiento que apoyada al muro ellos podían alcanzar la cima, se ponía una cobija gruesa sobre el alambre de púa, y luego con un mecate amarado a los hierros por donde pasaban el alumbre de púa, se descolgarían hasta el suelo, pero se necesitaba quien quitara el mecate, la cobija y la escalera entonces me ofrecí yo para hacer ese trabajo, así que después que ultimaron al bibliotecario regresaron a la celda, tomamos la cobija, al salir al patio nos cercioramos que las garitas estaban sin guardias, fuimos al depósito de mantenimiento, tomamos la escalera, y el mecate, la pusimos recostada al muro, lanzaron la cobija sobre la alambrada de púa, amarraron la cuerda, y se lanzaron al otro lado de último subí yo, me tuve que asomar a la pared para jalar el mecate, y en la oscuridad los vi alejarse corriendo, entonces recogí el mecate, me vino como un escalofrío, instintivamente mire hacia la garita pues había visto una sombra, pero vi que no había guardias n la garita, desamaré la cuerda y la lance hacia el patio, la cobija se enredó en la alambrada y me costó quitarla, al fin la lance al patio, retire la escalera la acosté en suelo del patio, enrolle el mecate junto a la cobija, y lleve todo al depósito, y me regresé a mi celda.
En las noticias de la mañana bien temprano lanzaron la alarma que se habían evadido 4 peligrosos delincuentes por la radio. Me acuerdo que pensé na guara estos periodistas parecen adivinos, ¿ya saben lo de la evasión, como harán para enterarse de la fuga?
La guardia y los vigilantes pasaron revista a los detenidos y el número en nuestro pabellón no daba, lo hicieron varias veces, así que decidieron llamarnos por lista con nombres y apellidos, constatando que faltaban 4 luego nos hicieron pasar a las celdas y nos encerraron.
-¡Casiquiare Benavides!
Y nadie contesto.
-Anote allí capo que ese es uno.
-¡Juan Carlos Flores!
Y nadie contesto.
-Anótalo que es otro de los evadidos.
-¡Jorge Luis Raimundo!
Y nadie contesto.
-Anota esa otra joyita.
-¡Alberto Lamaica!
-Ese es el otro que faltaba, vaya al archivo para sacar sus fichas con las fotos.
-¡Muy bien pasen todos para sus celdas!
-¿¡Qué pasó vigilante! hoy no nos van a dar patio?
-Hasta nueva orden se quedan en sus celdas.
La gente hacia sus comentarios en especial de lo feliz que deberían estar los fugitivos.
En la tarde la radio dio otra noticia:
-Los cuerpos policiales ha anunciado que hace pocos minutos fueron abatidos los cuatros peligrosos delincuentes, que habían evadido de la cárcel de ciudad Bolívar.
-Aquí con notros tenemos al comisario en jefe de la policía judicial de la división de búsqueda y captura que nos dará detalle del operativo para detener a los peligrosos hampones.
-¿Díganos usted comisario como ocurrieron los hechos?
-Mientras batíamos las posible pista que usarían para evadirse del territorio del Estado Bolívar, a un alcabala que habíamos puesto en la autopista, llego un ganadero del sector Piar, informando que unos hombres armados habían asaltado su hacienda llevándose dinero, ropa, alimentos, y otros objetos, por lo tanto cerramos el sector y los encontramos en un caño a la voz de alto ellos hicieron resistencias pues estaban fuertemente armados, y en la balacera quedaron ultimatos sin ninguna baja de parte de la policía.
-¿Entonces fue una brillante operación de búsqueda y captura?
-Exactamente ciudadano como nos caracteriza nuestra profesión y formación técnica.
-Gracias comisario.
Momentos después, entraba la guardia nacional con las cabillas y picos para buscar el túnel por donde habían escapados nuestros compañeros.
-¡Todos al patio desnudos!
Como siempre nos pusimos los zapatos y corrimos como mejor pudimos, recolectando por la vía una gran cantidad de carajazos.
-¡Señores ustedes son unos abusadores! además que les damos todas las comodidades que piden ustedes han desilusionado la confianza que nosotros habíamos puestos en ustedes, por lo tanto acuéstense boca abajo, y si no nos indican donde está el túnel que usaron los evadidos empezará la gran pela, y luego serán trasladados a las colonias móviles del Dorado.
Dentro de la celda se sentían los picotazos al piso y las paredes, y como a ciencia cierta sabíamos que no había túnel, podíamos imaginar sin tantos esfuerzos la paliza de grandes ligas que nos venía encima, para que dijéramos donde estaba el túnel que ellos sabían que no existían era puro teatro imagine, por lo tanto en un lapsus de tiempo me vino en mente que Casiquiare y los demás fueron capturados inmediatamente por eso que yo presentías sombras, seguro que el la garrita habían guardias escondidos, y me salve porque según su plan malvado no debía quedar rastro de mecate y de escalera para cuando vinieran los inspectores del ministerio de Justicia, luego los llevaron al caño y los ultimaron.
Cuando sentí el primer carajazo que me saco de mi lapsus vi a Mandinga, me dolía exageradamente tanto que me sorprendí, tanto carajazo que había llevado y aun me dolían de esa forma, allí nos agarró la noche, acostado boca abajo y ellos que nos pasaban por arriba, luego que rompieron pisos y paredes se oyó el chillido del guardia.
-¡Aquí está mi comandante, encontramos el túnel!
-Na´ webonada pues apareció el túnel que no existía.
-¡Lo ven cabezas duras al final lo encontramos!
Cuando se oyeron el canto de los gallos del patio del pabellón de al lado sentí que el amanecer estaría más cerca pero como esos gallos canta a toda hora no podíamos estar seguro de la hora.
-¡Delincuentes levántense, y vístanse!
-¿Cómo nos vamos a vestir si la ropa está en la celda?
-¡Muy bien van pasando de a cuatro, se visten y salen nuevamente, al trote caballero!
No hacía falta que nos dijeran más nada, esto quería decir traslado.
Cuando llegue hice como los demás me vestí, y metí varias cositas en una bolsa y de nuevo al trote para el patio.
Se oyeron el ruido de los autobuses y si teníamos duda cuando se abrió el portón ya amaneciendo, entró la escolta nos rodearon poniéndose alrededor de nosotros en el patio algunos que se había recostado del muro los agarraron a patadas.
-¡Es la móvil mi pana!
-Claro ya se le vio.
Cuando llega la móvil a un penal la cuestión es de terror para arriba, y por lo tanto debemos ser a la altura de las circunstancias, quiere decir que de aquí para adelante es sin piedad, no es que la hubiéramos tenido, pero la móvil era otra cosa, mala conducta de la guardia nacional no es cualquier cosa.
-Aquí esta sargento estos delincuente que son altamente peligrosos son los del traslado.
-¡Oídos una sola vez, cuando se le diga en pie, salten, a caminar los quiero ver al trote el camino a las colonias móviles del Dorado, es largo hay una sola parada técnica en la alcabala de Casa Blanca, para nosotros no para ustedes, no hay baño hasta llegar, no hay agua hasta llegar, no hay nada hasta llegar!
-¡Oyeron!
-¡¡¡Sí!!!
Vio hacia el flaco izquierdo y le hicieron seña, que sí, giro hacia el flanco derecho, y le dieron el ok.
-¡A pararse!
Saltamos todos.
-¡Fila de a dos!
-¡Caminar!
Parecíamos unos robot, pasábamos nos metían los canchos al pulso, y de una corríamos sincronizados uno con el otro porque para más te esposan mano derecha con mano derecha, los más hábiles ponen mano con mano y a correr, mientras las espaldas revienta el plan, prácticamente cuando ve el autobús salta dentro y los guardias te señalan el asiento, caes como un cajón, y te dicen:
-¡La cabeza entre las piernas no vean por la ventana, y no hablen!
Cuando la piel de la espalda se estira siente como que la piel se cuartea, y piensas ahora se seca y se queda la tela pegada de la carne viva, los que llegaban de ultimo como siempre los acostaron en el piso. Cuando los autobuses iniciaron a maniobrar los frenazos del chofer nos hacía pegar la cabeza del asiento que sentía que se me rompía el pescuezo, el viento que entraba por algún lado ya que las ventanas estaban cerrada.
-¿Por donde vamos chamo?
-Que voy a saber yo, si este monte es todo igual.
-¡Epa ustedes dos! ¿Que están hablando allí?
Al mediodía llegamos a la famosa alcabala de Casablanca, allí los guardias bajaron para reportarse, estirar la piernas hacer sus necesidad de a tomar algún líquido, como siempre hay uno que al mal busca lo peor.
-Mire señor guardia yo tengo mis necesidades también.
-¿A mí qué? miate encima cabeza wevo.
-Hágame el favor déjame hablar con el sargento.
-Tú si estás loco viejo, te crees que estas de paseo, y a te lo voy a llamar.
-Como estaba delante de mi le dije, Roldan quédate tranquilo mi pana, esa no es gente.
-¡Sargento aquí hay un detenido que quiere hablar con usted!
-¿Y qué quiere?
-Dice que el también tiene sus necesidades.
-¡Así bájalo! Es más bájalos a todos.
-Lo ven manos lo que hay es que hablar.
Y se levantó.
-¡Bajen todos hacer sus necesidades!
-¡Vaya Juan!
Me dijo el que estaba esposado conmigo.
-Quédate tranquilo que esta es la móvil, estos no tienen patria.
Pero era tarde, un guardia se acercó y me dijo.
-¡Bájense no han oído!
-¡Yo no tengo necesidades, mi sargento!
-Yo no soy sargento, soy distinguido ¡Bájate!
Por la forma como me lo dije lo que venía era de Caín.
-Fórmense allí ordenadamente.
La gente que pasa en los carros nos miraban curiosamente, los guardias los paraban revivan documento, equipaje, etc.
El sargento e puso de frente a nosotros.
-¡Oídos paren los vehículos en ambos canales!
Los guardias se formaron desordenadamente en medio de la carretera, y quedamos con los autobuses a la espalda.
-¡Quisiera hacerle una pregunta a los detenidos, ¿Yo hablo chino?
Nadie contesto pues era obvio, la respuesta.
-¿Qué les dije en Ciudad Bolívar?
Nadie contesto.
-¿Ah no van a contestar? Les voy a refrescar la memoria; no hay baño hasta llegar, no hay agua hasta llegar, no hay nada hasta llegar! Así háganme el favor se giran manos en alto apoyado a la lámina del autobús.
Para colmo del comando salieron otros quince guardias en ese momento, y les vi que traían la penilla en mano.
Nos dieron una merienda plan, y más plan. Como se suele decir; A la hora del té son biscochos.
Que más de uno se hizo sus necesidades encima cuando acabaron con la bioenergética dieron una orden seca.
-¡Móntense!
Eso parecía una estampida, agarre y me colee por debajo del autobús salí al otro lado y salimos a la espalda del guardia abordamos la unidad que estaba en la entrada y no le dimos tiempo de pegarnos, el ultimo carajazo lo agarre sentado, el convoy partió de nuevo pero en el desorden no pusimos la cabeza dentro las piernas.
Cuando pasamos el puente de hierro y angosto, vi por primera vez el río Cuyuni, calmo sereno, profundamente silencioso nunca me imaginé que Venezuela era así de grande a ese punto me conocía bastante de la geografía patria en una ruta interna, claro que si fuera más pequeñita, los viajes durarían menos.
Al finalizar el puente un poco más allá se desvía el autobús hacia la derecha la vegetación te hace parecer todo bello hasta cuando ves la entrada del penal, las garitas elevadas construcciones de hierro, el portón de alambrada, y el portón se abre a las Colonias Móviles del Dorado, es como esas películas de campos de concentración estilo nazi, y tal, claro aquellos campos Alemanes comparado con estos, son un kindergarten, vainas de pueblo que no tiene doliente.
Una vez dentro
Al llegar el plan para los que llegan por mala conducta es de obligación y fue a dosis intermitente, venia un grupo nos descargaban cinco o seis penillazos y se iban, luego venia otros al rato con la misma dosis, el sol, estaba ya yéndose a otros continentes y nosotros seguíamos de plantón, y era desnudos firme y vista al frente, hasta que el sargento, dio la orden.
-Métanlos en los galpones llamados la casa amarilla. (Castigo nacional).
Mientras caminábamos como podía, un guardia le descargo a un compañero un planazo en el lomo.
-¿Pero porque me pegas no joda?
-Porque me da la gana malecón, y apúrate sino te doy otro.
A ese punto lo vi claro este campo de detención que era castigo nacional y campo de trabajo obligatorio se diferenciaban de los campo nazis, porque los alemanes para hacer algo necesitaban una excusa, pero que fuera compleja llena de doctrina racial en cambio aquí como somos de todos colores, te dan sin excusa no pierden tiempo elaborando doctrina, y excusas les da la gana, y eso basta.
Al entrar en el galpón ves un desorden sin precedentes, hamacas improvisadas guindando por todo lados gente encaramada en las rejas, una hediondez que te quita las ganas de cualquier necesidad humana, la gente que te mira como si tratara de descubrir quién será el primer muerto, algunos encapuchados se llevan a dos para el fondo, los atracan le quitan los zapatos, yo todo lo que llevan los dejan descalzos, en short.
Yo me cuelo como me dice el presentimiento.
-¿Epa compañero vinieron ayudarnos con la plaga?
-Será, ¿Tan cruel es?
-Créalo amistad esto aquí es de atrincabola, pa´ arriba.
-Por allí no hay parroquianos del 23 de enero, o de la Silsa.
-Por afuera son casi todos Petareños pagando la ley de vagos y maleantes, caraqueños hay pocos, mañana pasan por aquí.
Con la oscuridad, llegó una nube de zancudos que parecían que sacaban la sangre con inyectadoras, no había forma de ahuyentarla, se encendían trapos, papel, bolsas plásticas, monte verde todo lo que produjera humo, pero que va, primero nos asfixiamos nosotros que los zancudos se ahuyentarán.
De hecho a los pocos días estábamos súperflacos, o flacos Biafra como se suele decir.
No teníamos derecho al trabajo, no había nada que hacer por esa razón los motines eran frecuentes, no teníamos nada que perder, y la respuesta de la represión era de Tercer Reich, no salíamos a aire, ni nos llegaba visita, fritura total.
La zambumbia era así de apestosa, que no la comías ni con un hambre de desierto.
En las mañana el despertar era ensordecedor, parecía que todos los pájaros de la tierra, se reunían allí en un concierto de heavy metal satánico party, Na’ guara pues.
Como pude me hice una hamaca, me encontraba meditando sobre lo acaecido:
<<¿Padre pero que paso? Sé que te pedí salir un solo día, del tigrito de ciudad bolívar, y me sacaste por varios meses, y te lo agradezco, pero ahora que significa, te lo aseguro que yo siempre he tenido fe en Usted, no le hagas caso al diablo fíjate que aquí en la tierra la gente ni cree que Él existe, por eso es que va con el chisme allá, claro aquí la maldad ya no necesita del diablo pues la humanidad en eso de generar maldad ya somos autosuficientes, pero si esta es una prueba para entender algo te digo; Que yo ya entendí esta vez, pero si debo entender algo nuevo soy todo oído, además no soy tan bruto como para merecer este castigo, claro yo sé que hay gente empeores condiciones que yo, pero a lo mejor es porque ellos tiene cerrado el entendimiento, te pido Padre en tu infinita gloria aflójame un poquito este tormento.
Pasaron los meses algunas veces los que tenían derecho al trabajo cuando recogían una cosecha nos traían verduras o frutas al galpón y con ellos podían subsistir.
Hasta que un día, un santo que no tenía nada que hacer, y que andaba de holgazán en el cielo, le reclamaron que hiciera algo por la humanidad, y él para no ser expulsado de la gloria celestial nos hizo tremendo milagro, haciendo aparecer un fiscal del Ministerio Público, al cual le expuse que yo habíamos ni siquiera sido interrogados por un tribunal de instrucción, que estando todavía en el sumario del expediente deberíamos rendir declaraciones en indagatoria.
-El fiscal entonces al constatar lo antes expuesto, me regresó para Caracas a la cárcel de la Planta, Casa de Reeducación y Artesanal del Paraíso. (Antesala del infierno).
Cuando llegue al penal cansado de todo el recorrido que había hecho decidí congregarme de esa manera a la pregunta del jefe de régimen:
-¿Dígame donde puedes vivir?
-Jefe si me puedes mandar a un pabellón de Evangélicos te estaría agradecido.
Me miro un rato y luego me dijo;
-Está bien te mando al pabellón Nº2 hay una congregación, déjame preguntar si te aceptan.
Llamaron al Pastor a la puerta, y este al verme me pregunto:
-¡¿Hermano quien vive?!
A lo que le conteste con renovado vigor.
-¡Cristo!
Y me pregunto de nuevo;
-¿Y a su nombre?
Y le conteste;
¡Gloria!
-Muy bien lo aceptamos pero se le debe preguntar a Carlos Simón usted sabe que es él, el que manda el Combo.
-Llámame a Carlos Simón que no tengo todo el día para ustedes.
Me quede con la duda nunca había visto tal papeleo para entrar a un pabellón pero al llegar el famoso Carlos Simón resulta que era un muchacho que conocía al papa desde que él era un niño, al verme me dijo;
-¿Qué paso Juan porque estas tan demacrado?
-Es que vengo de traslado del monte, mijo.
-¿Se puede quedar aquí?
-Claro ese señor lo conozco desde toda la vida.
-Simón el viene con nosotros a la celda de los evangélicos.
-Si pero está bien deja que hable con él un rato.
Subimos a la planta alta a su celda que era para él solo, me quede impresionado por la cama parecía una nave espacial,
-Caray Simón se ve que vives bien.
-Aquí tenemos un Combo bien, y no necesitas ir para la celda de los evangélicos te pongo en cualquier celda a vivir.
-No te agradezco pero he sufrido mucho ahora quiero solo congregarme, hablar de Cristo, orar, alabar a mi DIOS.
Por eso estaba en la celda con los hermanos evangélicos desde que ingrese en congregación hice estudio bíblico a cabalidad, hice ayunos ore, alabe, pero a cierto punto esa rutina es bien si tiene un fin que es abrir el entendimiento pero ese Pastor lo veo como que no tiene tanto entendimiento se va como se dice por la forma, y no por la profundidad.
Yo por lo menos creo que ya entendí que todo eso es palabrería, que en fin de cuenta en lo que nos interrogamos:
¿Qué es Cristo? Se van por la palabrería y no por su Verdad.
Cristo es el que nos trajo el DIOS viviente, entonces Cristo Vive, Él está aquí con nosotros en Espíritu y Palabra.
No hace falta hablar Él está, oramos y Él está dentro de nuestras oraciones.
Al terminar me quede como en pausa y luego le dije, porque el narrador siempre espera algunas palabras como para retroalimentarse ya que como hemos compartidos de una u otra manera, en un tiempo o en otro tiempo las mismas experiencias, y los mismos lugares sus vivencias eran prácticamente vividas juntas a él en la medida que la narración avanzaba.
-En conclusión esta vez entendiste.
-Sí vale ¡¡¡Ya entendí!!!
-Ja,  ja, ¡Ahora sí de verdad!
-¿Quieres decir que ahora sabes?
-No mi estimado ¿qué voy a saber? entendí, por lo tanto entendiendo para seguir comprendiendo, es ya lo dijo usted.


Job 1
1 Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.
2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas.
3 Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente.
4 Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.
5 Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y
maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre.
6 El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.
7 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»
8 Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!»
9 Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde»
10 ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país.
11 Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!»
12 Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh.
13 El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor,
14 vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos;
15 de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
16 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
17 Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a filo de espada. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
18 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor.
19 De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra,
21 dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!»
22 En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.
Job 2
1 El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.
2 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»
3 Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job?» ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle.»
4 Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel!» ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida!
5 Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!»
6 Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida.»
7 El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.
8 Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura.
9 Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»
10 Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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El Olvido

Notapor revolucion1954 » Mar Jul 17, 2018 12:09 pm

EL OLVIDO
FUERTES POLÍTICAS DE PROCESOS EXCLUYENTES

Memín los niños, y el acoso de los inocentes.
Cuando oyó esas palabras, no podía creer en su significado implícito, no sabía lo que oía, pero le pareció que era profundamente injusto, sin saber lo que era justicia.
A los 8 años, que le dijeran que se fuera de casa no sabía cosa envolvía, pero era un hecho acompañado de una amenaza, la insistencia de la madre y del padre
-¡Te vas de aquí o si no te pegamos!
-¿Pero adonde tengo que ir?
-A la calle, allá conseguirás no lo que no te podemos dar aquí.
No le dejaron alternativas válidas, sintió al salir de la humilde vivienda que le arrancaban el ser de cuajo.
Bajó con una bolsa (funda) negra, negra como su advenir, sujetada fuertemente, volteaba hacia atrás continuamente, varias veces:
Para ver si alguien se arrepintiera.
Para ver si alguien le dijera regresa hijo mío.
Para ver si alguien le dijera que era solo una broma.
Para ver si alguien simplemente le indicara el camino.
Para ver si alguien lo despertará, pues era solo una pesadilla.
Para que alguien no tuviera que escribir sobre historias inédita de cruel abandono.
Bajaba e iba cuesta abajo mientras en sus adentros se alojaba la soledad, unas veces la sentía que le apretaba el pecho en forma de ansia, otras veces la sentía que sus adentros se llenaban de ilimitada angustia, otras veces sentía una irrefrenable gana de gritar toda su desesperación.
Tiempos indiferentes, tiempos de olvido, tiempos de indiferencias.
Y como el caudal de agua va cuesta abajo, así mismo él se revertía sobre la ciudad, en la medida que oscurecía, Bogotá se iluminaba, él pero deambulaba por calles y avenidas ajeno a todo, a las luces, a las tiendas, al caminar de los transeúntes, al calor de las papas calientes el hambre lo torturaba, y camino hasta que el cansancio le agoto todas sus angustias, sin fuerzas se sentó en la banca de un anónimo parque, pero hacia demasiado frio para poder dormir.
Hace frio en Bogotá de noche, y más aún cuando se es tan pequeño que la soledad no entra en sí mismo, templando de frio espero allí, no llego nadie solo el nuevo día que trajo consigo todo lo que el sueño había delegado a memoria de olvido, y que las primeras luces del alba, junto al ruido ensordecedor de los vehículos que se iban amontonando en las calles y avenidas, le traían de nuevo a su vivir, la temperatura cambio dejo de templar, y se acurruco sobre sí mismo pero al cerrar sus ojos lo único que sintió dentro de sí, en todo su ser fue un enorme vacío, era mejor no cerrar los ojos pues empeoraba la situación pensó.
Después oyó un alboroto, cerca de allí pasaron unos niños como él, recogían cartones en sacos más grandes que ellos, recogían latas en sacos que arrastraban detrás de ellos, caminaban juntos mezclados con perros.
Se detuvieron en el parque donde jugaban otros niños bajo la mirada atenta de niñeras y madres, que mantenían la máxima alerta al mínimo rasguño.
-Atento eres muy pequeñín para subirte solo, ven que te ayudo.
-Nenita te ensúciate tu carita espera que la limpie.
-No Marcos, niño no toques el césped.
Ellos, los otros, los hijos de nadie, niños de la calle expuestos al público abandono con sus manitos y sus cachetes sucios que no preocupaba a nadie, se juntaron al ángulo opuesto del parque infantil, formaron un círculo junto a los perros y sus sacos, se acostaron sobre la denuda hierba y les parecía maravilloso.
Él, permanecía impasible viendo dos mundos, mientras observaba como se mecían, su ser quería volar entre columpios y toboganes, llevada por las manos protectrices maternas, los veía jugar y reír, el reír le atraía enormemente, casi lo trasportaba a un estado de bienestar angelical.
Luego inicio a oír otro tipo de risa, risa espaciada de sonidos vacíos, que provenía del fondo de aquel parque infantil, desde el ángulo obtuso en que estaban sentados el grupo de niños de ausencia paterna, risas exageradas, risas de profundos ecos de brillos de vacíos, sarcasmos del fondo del abismos de soledad que le hicieron sentir vértigo de profunda exclusión.
Se le acerco una niña que provenía del grupo de niños anónimos.
-Oye niño préstanos tu bolsa (Funda).
-¿Para qué?
-La necesitamos para hacer algo que nos divierte, y ven tú también.
Se levantó, y se acercó al grupo,
-¿Para que la necesitan?
-Para oler, siéntate y veras.
-¿Estas abandonado verdad?
-Sí,
Empezó a llorar.
-Mejor no llores, no sirve para nada, te lo digo por experiencia nadie vendrá.
-Sí, quédate con nosotros,
Lo aceptaron como si lo conocieran de toda la vida, él volteo hacia el parque donde se jugaba a juegos infantiles viendo que la distancia no parecía tanta, pero en realidad era una distancia abismal entre ellos y aquellos.
Cuando le golpearon al brazo toma y chupa, vio su bolsa (Funda) llena de cosa que parecía una crema, de un color amarillento, le pareció extraña y se le quedo mirando, mientras el que se la ofrecía arrancaba en una carcajada sin fin.
-¡Chupa! ¡Dale chupa!
-¡Que! ¿Qué tengo que hacer?
-Agárrala de esta manera, pon la abertura en la boca, sopla y jala.
Cuando lo termino de hacer, miles de estrellitas intermitentes centellante le invadía su precario cosmos a los ojos subió un efecto anestésiante y le brotó una risa a dentada plena, desde el fondo que no se explica que, más allá de su comprensión, el efecto era corto, pero la bolsa recorría de mano en mano, aquellas manos pequeñas desprotegidas, sucias, inocentes que se adherían delante el abandono social, se vaciaba y de nuevo se le llenaba.
Sus cachetes se emparraron de pega, pero ellos seguían con lo que llamaban la oledera.
El parque se fue vaciando, niños que se marchaban en coches, rodeados de las manos protectrices de sus años infantiles, la noche caía lentamente, como escarcha de hadas sobre ellos mientras ellos estaban suspendidos, detenidos en su pequeñez, oliendo pega de zapatero, que los hacia escupir constantemente, se caían hacia atrás, unos sobre otros formando, un montón de pequeñas acciones, inocentes acciones, inconscientes acciones que los trasportaba a dimensiones paralelas, a laberintos de orcos y dragones, donde mil demonios los arrastran irremediablemente hacia las tinieblas, delante la mirada indiferente de la desidia social.
Un pasante los vio frunció el cejo en señal que ellos esas cosas no deberían hacerlas.
-¡Oigan es tarde vámonos!
-¡Brrr, uy!
-¡Sí corramos!
Se alzaron rápidamente, él no entendía nada, veía las estrellas que brillaban intensamente brillante intermitente como nunca, mientras se tambaleaba.
-Ven no te quedes allí, pareces el propio Memín, ¡levántate!
-No te puedes quedar allí, si pasan ellos te mataran.
Se levantó, en ese momento entendió que pertenecía aún grupo, corrían saltando y gritando junto a los pequeños Camines (Niños tirados al Abandono Social) como una tribu nómada de espacios siderales, ajenos al mundo que los angustiaba.
Corrían y a ratos provocaban pánico entre los transeúntes, una señora que caminaba distraída fue objeto de expropio, por Calchín el más grande del grupo le jalo el bolso, otro tiro también del bolso y todos corrieron, con la cartera debajo el brazo, hubieron gritos ellos respondieron con insultos, pero él como el viento, que todos sienten pero ninguno ve sentía que el volar era posible, porque se volvió intangible, los demás corrieron como si fueran uno solo, porque la culpa de uno, caería sobre todos ellos. Tuvieron que esquivar varios hombres que quisieron cerrarles el paso, detenerlos pero se les zafaron, gracias a que sus cuerpos estaban recubiertos de sucio que el acumulo lo vuelve hollín, grasoso, repelente al tacto, repulsivo a la vista.
-¡Ven, por aquí, Memín!
Voces que oía, que lo guiaban en medio de aquella estampida infantil, jamás lo habían llamado Memín, pero el nombre le resulto tan familiar, algo que de inmediato lo adquirió, porque lo sintió profundamente suyo.
En el cruce de camino debajo los puentes de la autopista, ingreso el grupo por el alcantarillado a su guarida.
Al submundo que sus entrañas los protegía del mundo de la superficie.
Alguien dijo alguna vez;
“No se puede empezar la vida creciendo del rencor social.”
Alguien también los vio con profunda ternura;
Pensando; que los niños solo tienen que jugar.
Corrieron aún por túneles oscuros, guiados por un instinto que emergía desde el interior de la herencia atávica, tropezando contra bultos amorfos, aguas mal olientes, oían el chillidos de las ratas, veían los destellos de sus redondos ojos, seres que disputaban espacios, en el reino de las penumbras.
En un descanso de la cloaca, subieron a un local donde se amontonaban, sacos y cuantos objetos desechados por el mundo exterior encontraban, al llegar, Calchín estaba hurgando la cartera y seleccionando los objetos, y separando el dinero, una luz pálida que emitía una vela, le permitió detallar el lugar, que lúgubre, con aire caliente que se sintió sofocar, cerrado completamente, pero lo hizo sentirse al seguro.
El dinero era bastante, bastante para sus precarias necesidades, por eso se utilizó para mandar a comprar alimentos a la superficie. Fueron escogidos la Gata, Yoyo, y Memín por ser los más pequeños.
De nuevos por recorridos de agua malsana, disputando la oscuridad con las alimañas del mundo subterráneo.
Al salir a la superficie se sentía otro, era parte de una comisión para liberar a la humanidad del hambre, llegaron a un puesto de ventas de arepas, que él quiso comprar, pero los otros niños, le dijeron que no, eran muy costosas, en una tienda enrejada compraron galletas, caramelos y cuantas chucherías allí vendían.
A él le pareció una fiesta, nunca en su vida había visto tantos dulces.
-Todo muy rico.
-Si muy rico. (Le respondió la Gata).
Los días corrieron como las aguas servidas, mal olientes, pero canalizadas, saliendo a la superficie al primer impacto se cegaba con el contacto de la luz del día, de la oscuridad a la luz, de la perene noche, arrastrando esos sacos que llenaban con desperdicios, limosneaban, hurtaban, jugaban, corrían, se drogaban con cuantas sustancias alterasen sus sentidos, se producía en él, el olvido de los tiempos.
La tribu aumentaba y disminuía según los percances que los pequeños Camines se encontraban a lo largo del día, pasaban días, y luego se recompactaba el grupo los que reaparecían les contaban sus escarmientos, pues los habían detenidos a veces les habían pegado llevado a internados de menores.
Entonces llegó, o más bien regreso Resorte, empezó a contarles todo lo que le había pasado sus aventuras de un largo viaje, desde que se marchó hacia Caracas.
Él escucho toda aquellas historia fantásticas, animada con palabras, pero que él, las traducía en su mente a colores, con vivos matices de fantasía infantil.
-Y les digo allá todo es bien, no nos persiguen, ni nos matan, como aquí y la gente te regala de todo, allá no recogía basura, ni me escondía en las cloacas con las ratas.
-¿Porque te regresaste entonces?
-Para que se vengan conmigo, y salgan de este agujero no sean toche.
La propuesta, que esperaba su respuesta quedó en el aire, rebotando de mente en mente sin parar, hasta los arrullos esa noche en sus tiernos sueños de niñez abandonada.
Sí un mundo mejor es posible, se dijo; hasta donde le es posible. Así lo presintió, así se cobijó con aquel anhelo, que las clases excluidas conservan como ideal, el sueño reivindicativo que arrulla a los pueblos en sus cunas.
Varios días pasaron, y la opción de irse a Caracas se fue volviendo una idea fija, en la oscuridad del local, al lumbre de una vela, se planeaba aquel viaje como los antiguos Españoles, que buscaban la fuente de la eterna juventud, la ciudad fortificada del Dorado, la tierra prometida donde no hay temores, la tierra del sueño que mueve al niño dentro de su marco infantil desde cuando el hombre invoca antes de partir para una aventura.
-Sí mañana nos largamos.
-¡Esta bien!
Respondió el Memín, pero sintió un profundo escalofrió que lo helo delante de la extravagante idea de ir a lugares lejanos.
Al día siguiente, se aviaron por la vía que lleva a Tunja, marchaban como los exploradores de antaño por tierras baldías, por forestas inhabitadas de tanta desidia que hoy las pueblas.
Resorte guiaba como un experto explorador que todo lo sabía, que sabiamente los dirigía, porque sabía cada maña de esta vía que los conducía al Dorado anhelado donde ellos vivirían fuera de la desidia.
Optaron por subirse a un camión, mientras los choferes almorzaban, el viaje fue monótono hasta llegar a San Gil, el ejército, había bloqueado el camino para realizar un registro de todos los vehículos, y a ellos los encontraron acurrucados al revisar la carga del vehículo, incluso acusaron al camionero de tráfico de menores.
Arrestados, el pequeño grupo fue conducido a un albergue de menores.
-¿Se terminó el viaje aquí Resorte?
-No, esto es normal, hay que buscar solo el hueco para irnos.
En el albergue eran en muchos, los castigos eran frecuentes, y sucedió que hubo una fuga masiva en la que el pequeño grupo participo y una vez lejos de San Gil retomaron su ambicioso proyecto de llegar a Caracas.
Regresando de nuevo a la carretera caminaron por días, en los pueblos pedían dinero o comida, retomaban fuerzas y regresaban al camino, de esa manera llegaron a la ciudad de Cúcuta después de varios meses.
Cuando cruzaban por el puente Simón Bolívar, fueron arrestados por el DAS y confinados en un albergue de nuevo.
Ellos que ya pertenecían a la vía, tomar la decisión de las autoridades de mala gana, pero dentro del retén de menores intercambiaron historias con otros que habían regresados, otros que venían y otros que nunca se habían atrevidos a partir, y se entusiasmaban, con las historias fantásticas y el sentir de tanta vivencia.
Varios meses pasaron, detenidos hasta que pudieron fugarse.
Una vez recuperada la libertad, cruzaron por debajo el puente, esta vez de noche, al entrar en Venezuela no concibieron el cambio que esperaban, que ellos se habían planteados
Pero Resorte les animo, diciendo que Caracas es otra cosa.
Avanzaron por los Andes, atravesaron el helado paramo, hasta la ciudad de Mérida y allí delatados por sus vestiduras, por su apariencia de abandono, y desdejadez les detuvieron y de nuevo internados en un albergue de menores.
Esta vez se sentía con ganas de quedarse, tenían frio y hambre el recibir alimento con regularidad, tener un lecho aunque compartido, pero luego de varios meses se hastiaron de tantos castigos, la disciplina impuesta, a las clases que no entendían nada de su fin practico, poco a poco regresaron los sentimientos emancipadores, la libertad de andar por allí como perro realengo, acostarse debajo un puente, deambular las noches entre bares, y prostitutas, sentir el frio intenso de la noche, observando un cielo estrellado, oler pega, cansados de las cuatro paredes del patio interno a la casa, empezaron las consultas con los demás compañeros, hicieron varios intentos que habían sido descubiertos internamente hay delatores, colaboradores del régimen, pero aquel mes las severa y omnipresente maestra Josefina se fue de vacaciones, por eso el plan lo adelantaron sin tropiezos el servicio de inteligencia interno dormía, fue de mañana, bien temprano cuando llegó el distribuidor de la leche y el pan, se salieron por la puerta y se alejaron corriendo, volteando viendo la casa con sentimientos protectores en algunos momentos sintió contradicciones de dejar toda aquella seguridad.
A cierto punto, mientras ellos bajaban de las alturas andinas, hacia la llanura creyendo que los estaban persiguiendo, los maestros del albergue celebraban la huida de 15 menores, porque ellos habían superado el cupo de infantes que podían albergar legalmente, y temían ser intervenidos por la fiscalía.
En la ciudad de Barinas se alojaron en la plaza Bolívar a la sombra de los Libertadores de América, los transeúntes estaban acostumbrados a ver menores en Estado de Abandono Social, por lo tanto cuando pedían se les colaboraba, y era suficiente para comprar la pega de zapatero, y jalar el volátil que los hacia volar a otros partes donde no había paredes, ni muros, ese elixir que los anestesiaba de todos esos sentimientos, y emociones que les poblaban por dentro que en la tranquilidad de la noches los asaltaban en sus sueños, que les producían calambres y sobresaltos, que al despertar en su realidad, se alegraban de que las pesadillas no eran ciertas.
El día, a día, les traía pesares y divagaciones, mientras avanzaban hacia aquel mito que los Camines evocan en su abandono; “LA ciudad de Caracas.”
Cuando llegaron a Caracas, después de 2 años, se alojaron en el Boulevard de Sabana Grande, durmiendo en sus bancos una gringa (italiana, española o portuguesa) les traía la cena, “la Señora Gina” la llamaban al acercarse, les lavaba la ropa, les leía algún cuento, la gringa antes de alejarse los besaba.
Las noches dormían a la entrada de algún edifico, sobre cartones cobijados con cartones o arrumados en algún jardín. Pequeños como eran, flacuchentos por la desnutrición, entraban entre rejas y barrotes a veces se colaban por alguna ventana de los negocios que abundan en la zona, encontrando cantidades de dinero, comida, eran para ellos pequeños hurtos pero sin saberlo iban dejando su rastro.
Por los lados de Chacaíto, por donde trabajan y venden sus productos los artesanos.
Se reúnen con gente que viaja por toda Latinoamérica, practican la magia callejera, el malabarismo, elaboran artesanía, es un ambiente bohemio que los acepta como tales, a ellos como a cualquier diferente. Con ellos aprenden a fumar mariguana y otras sustancias, dejando la pega de zapatero por incongruente pues no era una nota como tal según los entendidos.
-Claro muchacho con esa pega se están acabando la salud.
-¿Y esa hierba es mejor?
-Sin duda ustedes tienen que aprender a vivir, aun.
Luego que la fumaron optaron por no oler pega más, conocen a su vez a grupos de menores que no son abandonados y alternan con ellos, entre ellos conoció a una chica Estefanía, pero concurrir a sitios de agregación social tiene sus costos, ellos con los hurtos habían adquirido cierto poder adquisitivo, se vestían con la ropa que robaban en las tiendas, hasta que en una joyería encontraron 15.000 Bolívares, con su parte Memín decidió comprarse una moto, tenía la firme ambición de conquistar a Estefanía con ella.
La paseo en su moto e iban a los matiné de las discotecas en Chacao, se divertían en grupo pero los grupos son cambiantes, aquella tarde ella se fue en carro con un pavito de los que llaman la gente bien, Memín la vio alejarse y se dijo prefiere a los sifrinos como los llaman ellos despectivamente.
Arranco su moto intempestivamente por las molestias que las heridas de los tiempos de olvido le producían, lo que demuestra que las emociones nunca cicatrizan, volaba entre carros e insultaba a los automovilistas, mostrando sus acrobacias y su desprecio a la propia vida, este proceder llamó la atención de dos policías metropolitanos, los llamados pantaneros que iniciaron una persecución sin cuartel, por calles y avenidas, por escaleras y puentes, hasta que la mayor potencia de las motos policiales, les dio alcance, y lo inmovilizaron.
Una vez detenido le pidieron los papeles de la moto, mientras por la alarma dada, llegaban más policías y no se pudo arreglar con los que lo detuvieron, los papeles resultaron en regla, pero él, no tenía documentos personales.
-¿De quién es la moto?
-Es mía, yo la compre.
-¿Es tuya? Como la compraste, si eres menor de edad.
-No, yo soy mayor de edad.
-¡Dame tú cedula!
-La perdí.
-¿Cómo te llamas?
-José Angulo.
-Inspector el ciudadano esta indocumentado, pero la moto es legal.
-Pídele el número de la cedula para verificar datos.
-¿Tú número de cedula, chamo?
Lo pensó y lo repensó, hasta que dio varios números al azar.
-6.456.67
-Falta un número, chico ¿cómo es que ni tú cedula te sabes?
-Llévalo a la central para investigaciones mejor.
-No joda chamo, en vez de hablar claro en esa vaina para resolver de una, ahora se te enrollo el papagayo.
En la central de policía judicial, le tomaron las huellas digitales, unas las mandaron a la División de Identificación y Extranjería y las otras al archivo de Policía Judicial.
Luego de varios días en Identificación y Extranjería no aparecía registrado, pero en la de Policía Judicial, estaban sus huellas dactilares solicitadas por hurto en una joyería, y como afirmaba ser mayor de edad para no perder la motocicleta, fue enviado a tribunales de mayores de edad.
El día del traslado, en el Retén de Catia había un motín, así que lo trasladaron de una vez a la cárcel del Rodeo. En la entrada del penal al ver hacia el interno tuvo un escalofrió, a todos los trasladados se les reflejaba el temor en la cara.
-¿Tú en que pabellón puedes vivir?
-En el que sea, no tengo culebra con nadie.
-Está bien chamo candela, mete a este pal pabellón del Barrio Chino.
Cuando entró, no tuvo tiempo de reaccionar, solo su condición de sufrido fue reconocida, pero la ropa, ellos se la quitaron, y le dieron una ropa vieja, que a él en lo particular no lo afecto, tenía poco tiempo que se vestía de nuevo, a cierto punto le era hasta incomoda.
-Mira te vamos a dar canoa en este pabellón chamo porque se te ve que eres sufrido, pero aquí tienes que mantenerte activo, así que empieza por amolar chuzos.
Los Chuzos como son llamados a los cuchillos de duelo y combate, tienen varias fase para su elaboración, la primera es dibujarla sobre el hierro de una platina, como de las puertas no había tuvo que hacerlo de la escalera, para sacarle la forma, con un pedazo de segueta incrustada en un pedazo de palo de escoba, se saca y se empieza a molar con una escofina, fijada en un madera con clavos, una vez amolado se le calienta y se le agrega azúcar, donde el hierro se ennegrece y se amuela de nuevo, solo el borde que reluce plateado, una vez terminado se hace los cordones, los cuales forman la empuñadura.
También no era solo hacerlos había que saberlos usar, y eso se aprendía practicando el duelo con los palitos calientes, palos de escopa que en la punta se le incrustaba un clavo.
Las constantes peleas dejaban sus huellas porque bien que iban, siempre alguna herida dejaban en la piel que a cierto punto parecía cuero con tantas cicatrices, los combates eran de pabellón contra pabellón, luego se recogían los muertos y se curaban los heridos, al rato ingresaba la guardia nacional con su represión, gases lacrimógenos y luego como un huracán de paso, les destruían todo, desnudos por horas en el patio, esperaban el castigo que los agentes del desorden, que llamaban el caminito verde.
-Oídos a todos, pasar en grupo de a 4.
-¡Corran sin detenerse!
Mientras se preparaban, veía las filas de guardias apostado a todo lo largo del camino, con sus uniformes verde oliva, (Divisa sin honor de opresores de pueblo) para llegar al pabellón, las penillas ondeaban como sables de acero brillantes, corrían a más no poder pero era inevitable que el sablazo le hiciera revolcarse en el suelo, retorciéndose del dolor, pero de allí del piso repartían con renovado vigor, pues las patadas que les daban en el piso eran peores pues eran sin piedad para el caído, a cierto él ni se imaginaba que un hombre tenía tantas marchas, ni que soportara tanto dolor atroz. Luego se reiniciaba a reconstruir los bugí, las cocinas, los colchones, las almohadas, las literas.
Un día, llego el consulado Colombiano, y se oían voces dentro de la cárcel que todos los Colombianos bajaran al administrativo.
La Cónsul, mujer joven bella de finos modales, y de comprobada vocación social, les trajo, medicinas y algún alimento, un enorme esfuerzo económico, para un país enguerrillado desde hace varias décadas en una guerra civil y por la cantidad de compatriotas detenidos.
Como la gran mayoría estaban indocumentados, se les pedía los datos personales para hacerles los documentos, o encontrar sus lugares de nacimiento.
Memín, le dio toda la información que recordaba, sustraído de un traspasado remoto, lejano removido desde debajo de los escombros de su derrumbe emocional; su dirección, nombres y apellidos, donde había nacido, y que harían constatar que en el momento de su detención era a un menor de edad.
Luego de varios meses, regreso el Consulado y efectivamente trajo su identidad como él había dicho, pero en la dirección donde residía su familia, nadie lo había reconocido.
De nuevo trago amargo, él esperaba aunque sea un saludo, pero ellos allá pensaban que él haría fortuna en Venezuela, sin saber que un árbol para que dé fruto debe ser cuidado, un campeón se forma por el apoyo que le den sus padres, o el apoyo del estado si esto le falla el hombre difícilmente se destaca en el progreso, como diciendo el fruto del mal es la ignorancia, y es la ignorancia que produce en el maldad.
Tramitó la cónsul fue traslado a la ciudad de Caracas y lo trasfirieron a la Cárcel de la Planta. Al llegar lo pusieron en el pabellón 3, planta baja, el hacinamiento era grande, él se hizo una hamaca y la amarro entre los barrotes de la celda Nº1 y las rejas de la puerta del baño, era de contextura diminuta, pequeño de estatura subía a su hamaca ágilmente y una vez dentro de ella se veía solo un bultico.
Dentro de la hamaca pasaba una buena parte del día y de la noche fumando basuko.
Por aquellos tiempos, se prendió el malandreo en el penal y los muertos salían con constancia diabólica, entraba la guardia; tumbado todo, luego la dosis de bioenergética activa, vejámenes, desidia, maltratos, castigo, desnutrición, carencias, una total exclusión del Sistema Social de Bienestar Publico.
Las noches en vela fumando Bazuco, en los pasillos oscuros que solo la llamarada del trabuco al inhalar el vicio dejaba espacio a una luz precaria, que se reflejaba en cara trasandata piel que había perdido el brillo, y la cara su fisonomía, la basura acumulada, donde las ratas conseguían su alimento, montones de ellas que le daban movimiento al piso, que él alucinaba en aquellas largas noche de exilio mental.
Entre la planta baja manda la Banda de la Vega y en la planta alta manda la Banda del Barrio Chino, habían problema que crecían con los días, muchas veces en esta situaciones, hay más de uno que sinceramente se quiere morir, pero no tiene coraje para hacerlo con sus manos, por ello agotado, consumido en su propia existencia cansado de vivir en esas formas circunstanciales de caos social, no logrando ver el final del túnel una utilidad práctica de existencia, cansado del plan, y de los traslados hacen de todo para morirse.
Me acuerdo ese día, que estaba parado a la hora del almuerzo, en el estacionamiento del penal, esperando que abrieran la sección pedagógica, cuando paso Memín acostado sobre una camilla.
-¡Catire! ¿Cómo estás?
-Bien, chamin ¿qué te dieron un toque?
-Sí, creo que en esta me voy.
Se apretaba con las manos los intestinos, me quede mirando como lo llevaban a la ambulancia, pero en la tarde con toda la barriga vendada, regreso al penal después de fumarse unas pistolitas de Bazuco, subió a su hamaca que sinceramente, no sé cómo logro, subir hasta allá arriba.
Al día siguiente bajo mal herido de la hamaca y pesco quien lo había herido y sin intercambiar palabra, le metió el pedazo de metal en flanco derecho, y lo mando al hospital de la misma manera de como lo había apuñalado a él.
Pero al otro día, me encontraba en el mismo sitio y a la misma hora, cuando de nuevo paso Memín en camilla.
-¡Profesor! Catire ahora si estoy listo para irme, acuérdate de lo que te conté, sí.
-No te preocupes Memín, la historia la cuento yo.
Lo vi cómo se alejaba, retorciéndose de dolor, y su historia que me la conto en el pasillo de la planta baja, del pabellón Nº 3, se activó en mi mente. Ese día di las clases pero no regrese al pabellón Nº2 porque el instinto me llevo a salir de nuevo al estacionamiento, eran pasadas las 4 de la tarde, cuando ingreso de nuevo el Memín, caminaba cojeando agarrándose la barriga con una mano y apoyándose a la pared con otra, me quede observándolo que injusto necesitaba la camilla, pero esta la camilla se usaba para salir de vuelta tenía que ser por propios méritos.
-¿Estas bien chamo?
-¡Bien! sí, Catire, pero la verdad te diré que es difícil morirse, ¿porque será?
-Mucho Karma mi pana.
-¿Pero karma de qué?
-No sé Memín, pero se ve que no es cuando uno quiere, sino cuando se debe.
-De cajón debe ser así, porque tengo rato que me quiero morir, y no se da.
-¿Vas pal pabellón tres?
-No, la Cónsul habló en el Ministerio, y me trasladan para el Junquito.
-¡El Junquito! Esa cana es bien, allí pague 3 años, se aprende que jode.
Varios meses después, me trasladaron al Junquito, para practicarme los exámenes psico-sociales para la libertad condicional, y me lo encontré allí, estaba de lo más animados tenía una bandita que atracaba a los otros internos, como el Junquito es una cárcel de alto rango, allí la mayoría eran pudientes.
Una vez hablando con un alemán, que esperaba ser extraditado, a su país de origen, me comento que Memín, lo había atracado junto a otros dos y al negársele, lo puñalearon en la pierna.
-Mira alemán ese muchacho fue abandonado en la calle, ha sobrevivido a todo tipo de vejamen, en cambio tú tuviste familia, y un estado que veló por tú seguridad social, simplemente olvídalo.
-¡Pero que tiene que ver eso ellos me atracaron!
Estaba gritándome entonces le dije.
-Bueno entonces ve allá y descobratela, él es pequeñito raquítico y tú alto y fuerte, ¿Qué haces que no te la cobras?
Me quede sentado, observando las diferencias que existen a según la crianzas, ellos los hijos de la calle, conviven todo lo que encuentran. Los criados en el bienestar social en cambio son individualistas, sin solidaridad, creen incluso que el mundo les debe algo, por eso que DIOS nos hizo pasar pobreza a toda la humanidad por milenios, sabía que bienestar traería toda esta serie de egoísmos.
Por esa razón la teoría social no se completa jamás; por lo imposible de encontrar un límite entre lo justo y el delito, y por la complejidad emocional de los humanos.

Una semana después yo estaba de nuevo en la Cárcel de la Planta, y un mes después me Trasladaron a la Cárcel de Yare, allí la lucha entre hermanos siguió, muertes y heridos, castigos y palizas eran el diario vivir. Luego cambiaron el Ministro de Justicia, el nuevo ministro era un reaccionario, conservador, anacrónico, ¿Que se le puede pedir a un presidente de un partido político Social-Cristiano de ser? Convirtió a todas las aulas de sección pedagógica de la Cárcel de la Planta en celdas y de la Cárcel del Junquito trasladó a todos los estudiantes de la universidad, en ese lote llego Memín y el Raúl, los invite al pabellón donde me encontraba, pero Memín, me hizo seña que iba al pabellón Nº 4, Barrio Chino.
-¡Bien, Memín esa es la familia, que te creció!
Son los tiempos que pasan, algunos los sitúan, a otros nos arrollan, para contar esto en síntesis valió la pena existir.
En estas historias de vida común de políticas excluyentes, en que el ser vive postergando su bienestar por la incompatibilidad de asimilarse al ambiente circundante se escriben estas historias como notas de margen de la historia de los pueblos.
Historia sustraída del diario de Memín, como tantos niños Latinoamericanos huérfanos de familia, huérfanos de patria, huérfanos de justicia social.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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El Olvido

Notapor revolucion1954 » Mar Jul 17, 2018 12:10 pm

EL OLVIDO
FUERTES POLÍTICAS DE PROCESOS EXCLUYENTES

Memín los niños, y el acoso de los inocentes.
Cuando oyó esas palabras, no podía creer en su significado implícito, no sabía lo que oía, pero le pareció que era profundamente injusto, sin saber lo que era justicia.
A los 8 años, que le dijeran que se fuera de casa no sabía cosa envolvía, pero era un hecho acompañado de una amenaza, la insistencia de la madre y del padre
-¡Te vas de aquí o si no te pegamos!
-¿Pero adonde tengo que ir?
-A la calle, allá conseguirás no lo que no te podemos dar aquí.
No le dejaron alternativas válidas, sintió al salir de la humilde vivienda que le arrancaban el ser de cuajo.
Bajó con una bolsa (funda) negra, negra como su advenir, sujetada fuertemente, volteaba hacia atrás continuamente, varias veces:
Para ver si alguien se arrepintiera.
Para ver si alguien le dijera regresa hijo mío.
Para ver si alguien le dijera que era solo una broma.
Para ver si alguien simplemente le indicara el camino.
Para ver si alguien lo despertará, pues era solo una pesadilla.
Para que alguien no tuviera que escribir sobre historias inédita de cruel abandono.
Bajaba e iba cuesta abajo mientras en sus adentros se alojaba la soledad, unas veces la sentía que le apretaba el pecho en forma de ansia, otras veces la sentía que sus adentros se llenaban de ilimitada angustia, otras veces sentía una irrefrenable gana de gritar toda su desesperación.
Tiempos indiferentes, tiempos de olvido, tiempos de indiferencias.
Y como el caudal de agua va cuesta abajo, así mismo él se revertía sobre la ciudad, en la medida que oscurecía, Bogotá se iluminaba, él pero deambulaba por calles y avenidas ajeno a todo, a las luces, a las tiendas, al caminar de los transeúntes, al calor de las papas calientes el hambre lo torturaba, y camino hasta que el cansancio le agoto todas sus angustias, sin fuerzas se sentó en la banca de un anónimo parque, pero hacia demasiado frio para poder dormir.
Hace frio en Bogotá de noche, y más aún cuando se es tan pequeño que la soledad no entra en sí mismo, templando de frio espero allí, no llego nadie solo el nuevo día que trajo consigo todo lo que el sueño había delegado a memoria de olvido, y que las primeras luces del alba, junto al ruido ensordecedor de los vehículos que se iban amontonando en las calles y avenidas, le traían de nuevo a su vivir, la temperatura cambio dejo de templar, y se acurruco sobre sí mismo pero al cerrar sus ojos lo único que sintió dentro de sí, en todo su ser fue un enorme vacío, era mejor no cerrar los ojos pues empeoraba la situación pensó.
Después oyó un alboroto, cerca de allí pasaron unos niños como él, recogían cartones en sacos más grandes que ellos, recogían latas en sacos que arrastraban detrás de ellos, caminaban juntos mezclados con perros.
Se detuvieron en el parque donde jugaban otros niños bajo la mirada atenta de niñeras y madres, que mantenían la máxima alerta al mínimo rasguño.
-Atento eres muy pequeñín para subirte solo, ven que te ayudo.
-Nenita te ensúciate tu carita espera que la limpie.
-No Marcos, niño no toques el césped.
Ellos, los otros, los hijos de nadie, niños de la calle expuestos al público abandono con sus manitos y sus cachetes sucios que no preocupaba a nadie, se juntaron al ángulo opuesto del parque infantil, formaron un círculo junto a los perros y sus sacos, se acostaron sobre la denuda hierba y les parecía maravilloso.
Él, permanecía impasible viendo dos mundos, mientras observaba como se mecían, su ser quería volar entre columpios y toboganes, llevada por las manos protectrices maternas, los veía jugar y reír, el reír le atraía enormemente, casi lo trasportaba a un estado de bienestar angelical.
Luego inicio a oír otro tipo de risa, risa espaciada de sonidos vacíos, que provenía del fondo de aquel parque infantil, desde el ángulo obtuso en que estaban sentados el grupo de niños de ausencia paterna, risas exageradas, risas de profundos ecos de brillos de vacíos, sarcasmos del fondo del abismos de soledad que le hicieron sentir vértigo de profunda exclusión.
Se le acerco una niña que provenía del grupo de niños anónimos.
-Oye niño préstanos tu bolsa (Funda).
-¿Para qué?
-La necesitamos para hacer algo que nos divierte, y ven tú también.
Se levantó, y se acercó al grupo,
-¿Para que la necesitan?
-Para oler, siéntate y veras.
-¿Estas abandonado verdad?
-Sí,
Empezó a llorar.
-Mejor no llores, no sirve para nada, te lo digo por experiencia nadie vendrá.
-Sí, quédate con nosotros,
Lo aceptaron como si lo conocieran de toda la vida, él volteo hacia el parque donde se jugaba a juegos infantiles viendo que la distancia no parecía tanta, pero en realidad era una distancia abismal entre ellos y aquellos.
Cuando le golpearon al brazo toma y chupa, vio su bolsa (Funda) llena de cosa que parecía una crema, de un color amarillento, le pareció extraña y se le quedo mirando, mientras el que se la ofrecía arrancaba en una carcajada sin fin.
-¡Chupa! ¡Dale chupa!
-¡Que! ¿Qué tengo que hacer?
-Agárrala de esta manera, pon la abertura en la boca, sopla y jala.
Cuando lo termino de hacer, miles de estrellitas intermitentes centellante le invadía su precario cosmos a los ojos subió un efecto anestésiante y le brotó una risa a dentada plena, desde el fondo que no se explica que, más allá de su comprensión, el efecto era corto, pero la bolsa recorría de mano en mano, aquellas manos pequeñas desprotegidas, sucias, inocentes que se adherían delante el abandono social, se vaciaba y de nuevo se le llenaba.
Sus cachetes se emparraron de pega, pero ellos seguían con lo que llamaban la oledera.
El parque se fue vaciando, niños que se marchaban en coches, rodeados de las manos protectrices de sus años infantiles, la noche caía lentamente, como escarcha de hadas sobre ellos mientras ellos estaban suspendidos, detenidos en su pequeñez, oliendo pega de zapatero, que los hacia escupir constantemente, se caían hacia atrás, unos sobre otros formando, un montón de pequeñas acciones, inocentes acciones, inconscientes acciones que los trasportaba a dimensiones paralelas, a laberintos de orcos y dragones, donde mil demonios los arrastran irremediablemente hacia las tinieblas, delante la mirada indiferente de la desidia social.
Un pasante los vio frunció el cejo en señal que ellos esas cosas no deberían hacerlas.
-¡Oigan es tarde vámonos!
-¡Brrr, uy!
-¡Sí corramos!
Se alzaron rápidamente, él no entendía nada, veía las estrellas que brillaban intensamente brillante intermitente como nunca, mientras se tambaleaba.
-Ven no te quedes allí, pareces el propio Memín, ¡levántate!
-No te puedes quedar allí, si pasan ellos te mataran.
Se levantó, en ese momento entendió que pertenecía aún grupo, corrían saltando y gritando junto a los pequeños Camines (Niños tirados al Abandono Social) como una tribu nómada de espacios siderales, ajenos al mundo que los angustiaba.
Corrían y a ratos provocaban pánico entre los transeúntes, una señora que caminaba distraída fue objeto de expropio, por Calchín el más grande del grupo le jalo el bolso, otro tiro también del bolso y todos corrieron, con la cartera debajo el brazo, hubieron gritos ellos respondieron con insultos, pero él como el viento, que todos sienten pero ninguno ve sentía que el volar era posible, porque se volvió intangible, los demás corrieron como si fueran uno solo, porque la culpa de uno, caería sobre todos ellos. Tuvieron que esquivar varios hombres que quisieron cerrarles el paso, detenerlos pero se les zafaron, gracias a que sus cuerpos estaban recubiertos de sucio que el acumulo lo vuelve hollín, grasoso, repelente al tacto, repulsivo a la vista.
-¡Ven, por aquí, Memín!
Voces que oía, que lo guiaban en medio de aquella estampida infantil, jamás lo habían llamado Memín, pero el nombre le resulto tan familiar, algo que de inmediato lo adquirió, porque lo sintió profundamente suyo.
En el cruce de camino debajo los puentes de la autopista, ingreso el grupo por el alcantarillado a su guarida.
Al submundo que sus entrañas los protegía del mundo de la superficie.
Alguien dijo alguna vez;
“No se puede empezar la vida creciendo del rencor social.”
Alguien también los vio con profunda ternura;
Pensando; que los niños solo tienen que jugar.
Corrieron aún por túneles oscuros, guiados por un instinto que emergía desde el interior de la herencia atávica, tropezando contra bultos amorfos, aguas mal olientes, oían el chillidos de las ratas, veían los destellos de sus redondos ojos, seres que disputaban espacios, en el reino de las penumbras.
En un descanso de la cloaca, subieron a un local donde se amontonaban, sacos y cuantos objetos desechados por el mundo exterior encontraban, al llegar, Calchín estaba hurgando la cartera y seleccionando los objetos, y separando el dinero, una luz pálida que emitía una vela, le permitió detallar el lugar, que lúgubre, con aire caliente que se sintió sofocar, cerrado completamente, pero lo hizo sentirse al seguro.
El dinero era bastante, bastante para sus precarias necesidades, por eso se utilizó para mandar a comprar alimentos a la superficie. Fueron escogidos la Gata, Yoyo, y Memín por ser los más pequeños.
De nuevos por recorridos de agua malsana, disputando la oscuridad con las alimañas del mundo subterráneo.
Al salir a la superficie se sentía otro, era parte de una comisión para liberar a la humanidad del hambre, llegaron a un puesto de ventas de arepas, que él quiso comprar, pero los otros niños, le dijeron que no, eran muy costosas, en una tienda enrejada compraron galletas, caramelos y cuantas chucherías allí vendían.
A él le pareció una fiesta, nunca en su vida había visto tantos dulces.
-Todo muy rico.
-Si muy rico. (Le respondió la Gata).
Los días corrieron como las aguas servidas, mal olientes, pero canalizadas, saliendo a la superficie al primer impacto se cegaba con el contacto de la luz del día, de la oscuridad a la luz, de la perene noche, arrastrando esos sacos que llenaban con desperdicios, limosneaban, hurtaban, jugaban, corrían, se drogaban con cuantas sustancias alterasen sus sentidos, se producía en él, el olvido de los tiempos.
La tribu aumentaba y disminuía según los percances que los pequeños Camines se encontraban a lo largo del día, pasaban días, y luego se recompactaba el grupo los que reaparecían les contaban sus escarmientos, pues los habían detenidos a veces les habían pegado llevado a internados de menores.
Entonces llegó, o más bien regreso Resorte, empezó a contarles todo lo que le había pasado sus aventuras de un largo viaje, desde que se marchó hacia Caracas.
Él escucho toda aquellas historia fantásticas, animada con palabras, pero que él, las traducía en su mente a colores, con vivos matices de fantasía infantil.
-Y les digo allá todo es bien, no nos persiguen, ni nos matan, como aquí y la gente te regala de todo, allá no recogía basura, ni me escondía en las cloacas con las ratas.
-¿Porque te regresaste entonces?
-Para que se vengan conmigo, y salgan de este agujero no sean toche.
La propuesta, que esperaba su respuesta quedó en el aire, rebotando de mente en mente sin parar, hasta los arrullos esa noche en sus tiernos sueños de niñez abandonada.
Sí un mundo mejor es posible, se dijo; hasta donde le es posible. Así lo presintió, así se cobijó con aquel anhelo, que las clases excluidas conservan como ideal, el sueño reivindicativo que arrulla a los pueblos en sus cunas.
Varios días pasaron, y la opción de irse a Caracas se fue volviendo una idea fija, en la oscuridad del local, al lumbre de una vela, se planeaba aquel viaje como los antiguos Españoles, que buscaban la fuente de la eterna juventud, la ciudad fortificada del Dorado, la tierra prometida donde no hay temores, la tierra del sueño que mueve al niño dentro de su marco infantil desde cuando el hombre invoca antes de partir para una aventura.
-Sí mañana nos largamos.
-¡Esta bien!
Respondió el Memín, pero sintió un profundo escalofrió que lo helo delante de la extravagante idea de ir a lugares lejanos.
Al día siguiente, se aviaron por la vía que lleva a Tunja, marchaban como los exploradores de antaño por tierras baldías, por forestas inhabitadas de tanta desidia que hoy las pueblas.
Resorte guiaba como un experto explorador que todo lo sabía, que sabiamente los dirigía, porque sabía cada maña de esta vía que los conducía al Dorado anhelado donde ellos vivirían fuera de la desidia.
Optaron por subirse a un camión, mientras los choferes almorzaban, el viaje fue monótono hasta llegar a San Gil, el ejército, había bloqueado el camino para realizar un registro de todos los vehículos, y a ellos los encontraron acurrucados al revisar la carga del vehículo, incluso acusaron al camionero de tráfico de menores.
Arrestados, el pequeño grupo fue conducido a un albergue de menores.
-¿Se terminó el viaje aquí Resorte?
-No, esto es normal, hay que buscar solo el hueco para irnos.
En el albergue eran en muchos, los castigos eran frecuentes, y sucedió que hubo una fuga masiva en la que el pequeño grupo participo y una vez lejos de San Gil retomaron su ambicioso proyecto de llegar a Caracas.
Regresando de nuevo a la carretera caminaron por días, en los pueblos pedían dinero o comida, retomaban fuerzas y regresaban al camino, de esa manera llegaron a la ciudad de Cúcuta después de varios meses.
Cuando cruzaban por el puente Simón Bolívar, fueron arrestados por el DAS y confinados en un albergue de nuevo.
Ellos que ya pertenecían a la vía, tomar la decisión de las autoridades de mala gana, pero dentro del retén de menores intercambiaron historias con otros que habían regresados, otros que venían y otros que nunca se habían atrevidos a partir, y se entusiasmaban, con las historias fantásticas y el sentir de tanta vivencia.
Varios meses pasaron, detenidos hasta que pudieron fugarse.
Una vez recuperada la libertad, cruzaron por debajo el puente, esta vez de noche, al entrar en Venezuela no concibieron el cambio que esperaban, que ellos se habían planteados
Pero Resorte les animo, diciendo que Caracas es otra cosa.
Avanzaron por los Andes, atravesaron el helado paramo, hasta la ciudad de Mérida y allí delatados por sus vestiduras, por su apariencia de abandono, y desdejadez les detuvieron y de nuevo internados en un albergue de menores.
Esta vez se sentía con ganas de quedarse, tenían frio y hambre el recibir alimento con regularidad, tener un lecho aunque compartido, pero luego de varios meses se hastiaron de tantos castigos, la disciplina impuesta, a las clases que no entendían nada de su fin practico, poco a poco regresaron los sentimientos emancipadores, la libertad de andar por allí como perro realengo, acostarse debajo un puente, deambular las noches entre bares, y prostitutas, sentir el frio intenso de la noche, observando un cielo estrellado, oler pega, cansados de las cuatro paredes del patio interno a la casa, empezaron las consultas con los demás compañeros, hicieron varios intentos que habían sido descubiertos internamente hay delatores, colaboradores del régimen, pero aquel mes las severa y omnipresente maestra Josefina se fue de vacaciones, por eso el plan lo adelantaron sin tropiezos el servicio de inteligencia interno dormía, fue de mañana, bien temprano cuando llegó el distribuidor de la leche y el pan, se salieron por la puerta y se alejaron corriendo, volteando viendo la casa con sentimientos protectores en algunos momentos sintió contradicciones de dejar toda aquella seguridad.
A cierto punto, mientras ellos bajaban de las alturas andinas, hacia la llanura creyendo que los estaban persiguiendo, los maestros del albergue celebraban la huida de 15 menores, porque ellos habían superado el cupo de infantes que podían albergar legalmente, y temían ser intervenidos por la fiscalía.
En la ciudad de Barinas se alojaron en la plaza Bolívar a la sombra de los Libertadores de América, los transeúntes estaban acostumbrados a ver menores en Estado de Abandono Social, por lo tanto cuando pedían se les colaboraba, y era suficiente para comprar la pega de zapatero, y jalar el volátil que los hacia volar a otros partes donde no había paredes, ni muros, ese elixir que los anestesiaba de todos esos sentimientos, y emociones que les poblaban por dentro que en la tranquilidad de la noches los asaltaban en sus sueños, que les producían calambres y sobresaltos, que al despertar en su realidad, se alegraban de que las pesadillas no eran ciertas.
El día, a día, les traía pesares y divagaciones, mientras avanzaban hacia aquel mito que los Camines evocan en su abandono; “LA ciudad de Caracas.”
Cuando llegaron a Caracas, después de 2 años, se alojaron en el Boulevard de Sabana Grande, durmiendo en sus bancos una gringa (italiana, española o portuguesa) les traía la cena, “la Señora Gina” la llamaban al acercarse, les lavaba la ropa, les leía algún cuento, la gringa antes de alejarse los besaba.
Las noches dormían a la entrada de algún edifico, sobre cartones cobijados con cartones o arrumados en algún jardín. Pequeños como eran, flacuchentos por la desnutrición, entraban entre rejas y barrotes a veces se colaban por alguna ventana de los negocios que abundan en la zona, encontrando cantidades de dinero, comida, eran para ellos pequeños hurtos pero sin saberlo iban dejando su rastro.
Por los lados de Chacaíto, por donde trabajan y venden sus productos los artesanos.
Se reúnen con gente que viaja por toda Latinoamérica, practican la magia callejera, el malabarismo, elaboran artesanía, es un ambiente bohemio que los acepta como tales, a ellos como a cualquier diferente. Con ellos aprenden a fumar mariguana y otras sustancias, dejando la pega de zapatero por incongruente pues no era una nota como tal según los entendidos.
-Claro muchacho con esa pega se están acabando la salud.
-¿Y esa hierba es mejor?
-Sin duda ustedes tienen que aprender a vivir, aun.
Luego que la fumaron optaron por no oler pega más, conocen a su vez a grupos de menores que no son abandonados y alternan con ellos, entre ellos conoció a una chica Estefanía, pero concurrir a sitios de agregación social tiene sus costos, ellos con los hurtos habían adquirido cierto poder adquisitivo, se vestían con la ropa que robaban en las tiendas, hasta que en una joyería encontraron 15.000 Bolívares, con su parte Memín decidió comprarse una moto, tenía la firme ambición de conquistar a Estefanía con ella.
La paseo en su moto e iban a los matiné de las discotecas en Chacao, se divertían en grupo pero los grupos son cambiantes, aquella tarde ella se fue en carro con un pavito de los que llaman la gente bien, Memín la vio alejarse y se dijo prefiere a los sifrinos como los llaman ellos despectivamente.
Arranco su moto intempestivamente por las molestias que las heridas de los tiempos de olvido le producían, lo que demuestra que las emociones nunca cicatrizan, volaba entre carros e insultaba a los automovilistas, mostrando sus acrobacias y su desprecio a la propia vida, este proceder llamó la atención de dos policías metropolitanos, los llamados pantaneros que iniciaron una persecución sin cuartel, por calles y avenidas, por escaleras y puentes, hasta que la mayor potencia de las motos policiales, les dio alcance, y lo inmovilizaron.
Una vez detenido le pidieron los papeles de la moto, mientras por la alarma dada, llegaban más policías y no se pudo arreglar con los que lo detuvieron, los papeles resultaron en regla, pero él, no tenía documentos personales.
-¿De quién es la moto?
-Es mía, yo la compre.
-¿Es tuya? Como la compraste, si eres menor de edad.
-No, yo soy mayor de edad.
-¡Dame tú cedula!
-La perdí.
-¿Cómo te llamas?
-José Angulo.
-Inspector el ciudadano esta indocumentado, pero la moto es legal.
-Pídele el número de la cedula para verificar datos.
-¿Tú número de cedula, chamo?
Lo pensó y lo repensó, hasta que dio varios números al azar.
-6.456.67
-Falta un número, chico ¿cómo es que ni tú cedula te sabes?
-Llévalo a la central para investigaciones mejor.
-No joda chamo, en vez de hablar claro en esa vaina para resolver de una, ahora se te enrollo el papagayo.
En la central de policía judicial, le tomaron las huellas digitales, unas las mandaron a la División de Identificación y Extranjería y las otras al archivo de Policía Judicial.
Luego de varios días en Identificación y Extranjería no aparecía registrado, pero en la de Policía Judicial, estaban sus huellas dactilares solicitadas por hurto en una joyería, y como afirmaba ser mayor de edad para no perder la motocicleta, fue enviado a tribunales de mayores de edad.
El día del traslado, en el Retén de Catia había un motín, así que lo trasladaron de una vez a la cárcel del Rodeo. En la entrada del penal al ver hacia el interno tuvo un escalofrió, a todos los trasladados se les reflejaba el temor en la cara.
-¿Tú en que pabellón puedes vivir?
-En el que sea, no tengo culebra con nadie.
-Está bien chamo candela, mete a este pal pabellón del Barrio Chino.
Cuando entró, no tuvo tiempo de reaccionar, solo su condición de sufrido fue reconocida, pero la ropa, ellos se la quitaron, y le dieron una ropa vieja, que a él en lo particular no lo afecto, tenía poco tiempo que se vestía de nuevo, a cierto punto le era hasta incomoda.
-Mira te vamos a dar canoa en este pabellón chamo porque se te ve que eres sufrido, pero aquí tienes que mantenerte activo, así que empieza por amolar chuzos.
Los Chuzos como son llamados a los cuchillos de duelo y combate, tienen varias fase para su elaboración, la primera es dibujarla sobre el hierro de una platina, como de las puertas no había tuvo que hacerlo de la escalera, para sacarle la forma, con un pedazo de segueta incrustada en un pedazo de palo de escoba, se saca y se empieza a molar con una escofina, fijada en un madera con clavos, una vez amolado se le calienta y se le agrega azúcar, donde el hierro se ennegrece y se amuela de nuevo, solo el borde que reluce plateado, una vez terminado se hace los cordones, los cuales forman la empuñadura.
También no era solo hacerlos había que saberlos usar, y eso se aprendía practicando el duelo con los palitos calientes, palos de escopa que en la punta se le incrustaba un clavo.
Las constantes peleas dejaban sus huellas porque bien que iban, siempre alguna herida dejaban en la piel que a cierto punto parecía cuero con tantas cicatrices, los combates eran de pabellón contra pabellón, luego se recogían los muertos y se curaban los heridos, al rato ingresaba la guardia nacional con su represión, gases lacrimógenos y luego como un huracán de paso, les destruían todo, desnudos por horas en el patio, esperaban el castigo que los agentes del desorden, que llamaban el caminito verde.
-Oídos a todos, pasar en grupo de a 4.
-¡Corran sin detenerse!
Mientras se preparaban, veía las filas de guardias apostado a todo lo largo del camino, con sus uniformes verde oliva, (Divisa sin honor de opresores de pueblo) para llegar al pabellón, las penillas ondeaban como sables de acero brillantes, corrían a más no poder pero era inevitable que el sablazo le hiciera revolcarse en el suelo, retorciéndose del dolor, pero de allí del piso repartían con renovado vigor, pues las patadas que les daban en el piso eran peores pues eran sin piedad para el caído, a cierto él ni se imaginaba que un hombre tenía tantas marchas, ni que soportara tanto dolor atroz. Luego se reiniciaba a reconstruir los bugí, las cocinas, los colchones, las almohadas, las literas.
Un día, llego el consulado Colombiano, y se oían voces dentro de la cárcel que todos los Colombianos bajaran al administrativo.
La Cónsul, mujer joven bella de finos modales, y de comprobada vocación social, les trajo, medicinas y algún alimento, un enorme esfuerzo económico, para un país enguerrillado desde hace varias décadas en una guerra civil y por la cantidad de compatriotas detenidos.
Como la gran mayoría estaban indocumentados, se les pedía los datos personales para hacerles los documentos, o encontrar sus lugares de nacimiento.
Memín, le dio toda la información que recordaba, sustraído de un traspasado remoto, lejano removido desde debajo de los escombros de su derrumbe emocional; su dirección, nombres y apellidos, donde había nacido, y que harían constatar que en el momento de su detención era a un menor de edad.
Luego de varios meses, regreso el Consulado y efectivamente trajo su identidad como él había dicho, pero en la dirección donde residía su familia, nadie lo había reconocido.
De nuevo trago amargo, él esperaba aunque sea un saludo, pero ellos allá pensaban que él haría fortuna en Venezuela, sin saber que un árbol para que dé fruto debe ser cuidado, un campeón se forma por el apoyo que le den sus padres, o el apoyo del estado si esto le falla el hombre difícilmente se destaca en el progreso, como diciendo el fruto del mal es la ignorancia, y es la ignorancia que produce en el maldad.
Tramitó la cónsul fue traslado a la ciudad de Caracas y lo trasfirieron a la Cárcel de la Planta. Al llegar lo pusieron en el pabellón 3, planta baja, el hacinamiento era grande, él se hizo una hamaca y la amarro entre los barrotes de la celda Nº1 y las rejas de la puerta del baño, era de contextura diminuta, pequeño de estatura subía a su hamaca ágilmente y una vez dentro de ella se veía solo un bultico.
Dentro de la hamaca pasaba una buena parte del día y de la noche fumando basuko.
Por aquellos tiempos, se prendió el malandreo en el penal y los muertos salían con constancia diabólica, entraba la guardia; tumbado todo, luego la dosis de bioenergética activa, vejámenes, desidia, maltratos, castigo, desnutrición, carencias, una total exclusión del Sistema Social de Bienestar Publico.
Las noches en vela fumando Bazuco, en los pasillos oscuros que solo la llamarada del trabuco al inhalar el vicio dejaba espacio a una luz precaria, que se reflejaba en cara trasandata piel que había perdido el brillo, y la cara su fisonomía, la basura acumulada, donde las ratas conseguían su alimento, montones de ellas que le daban movimiento al piso, que él alucinaba en aquellas largas noche de exilio mental.
Entre la planta baja manda la Banda de la Vega y en la planta alta manda la Banda del Barrio Chino, habían problema que crecían con los días, muchas veces en esta situaciones, hay más de uno que sinceramente se quiere morir, pero no tiene coraje para hacerlo con sus manos, por ello agotado, consumido en su propia existencia cansado de vivir en esas formas circunstanciales de caos social, no logrando ver el final del túnel una utilidad práctica de existencia, cansado del plan, y de los traslados hacen de todo para morirse.
Me acuerdo ese día, que estaba parado a la hora del almuerzo, en el estacionamiento del penal, esperando que abrieran la sección pedagógica, cuando paso Memín acostado sobre una camilla.
-¡Catire! ¿Cómo estás?
-Bien, chamin ¿qué te dieron un toque?
-Sí, creo que en esta me voy.
Se apretaba con las manos los intestinos, me quede mirando como lo llevaban a la ambulancia, pero en la tarde con toda la barriga vendada, regreso al penal después de fumarse unas pistolitas de Bazuco, subió a su hamaca que sinceramente, no sé cómo logro, subir hasta allá arriba.
Al día siguiente bajo mal herido de la hamaca y pesco quien lo había herido y sin intercambiar palabra, le metió el pedazo de metal en flanco derecho, y lo mando al hospital de la misma manera de como lo había apuñalado a él.
Pero al otro día, me encontraba en el mismo sitio y a la misma hora, cuando de nuevo paso Memín en camilla.
-¡Profesor! Catire ahora si estoy listo para irme, acuérdate de lo que te conté, sí.
-No te preocupes Memín, la historia la cuento yo.
Lo vi cómo se alejaba, retorciéndose de dolor, y su historia que me la conto en el pasillo de la planta baja, del pabellón Nº 3, se activó en mi mente. Ese día di las clases pero no regrese al pabellón Nº2 porque el instinto me llevo a salir de nuevo al estacionamiento, eran pasadas las 4 de la tarde, cuando ingreso de nuevo el Memín, caminaba cojeando agarrándose la barriga con una mano y apoyándose a la pared con otra, me quede observándolo que injusto necesitaba la camilla, pero esta la camilla se usaba para salir de vuelta tenía que ser por propios méritos.
-¿Estas bien chamo?
-¡Bien! sí, Catire, pero la verdad te diré que es difícil morirse, ¿porque será?
-Mucho Karma mi pana.
-¿Pero karma de qué?
-No sé Memín, pero se ve que no es cuando uno quiere, sino cuando se debe.
-De cajón debe ser así, porque tengo rato que me quiero morir, y no se da.
-¿Vas pal pabellón tres?
-No, la Cónsul habló en el Ministerio, y me trasladan para el Junquito.
-¡El Junquito! Esa cana es bien, allí pague 3 años, se aprende que jode.
Varios meses después, me trasladaron al Junquito, para practicarme los exámenes psico-sociales para la libertad condicional, y me lo encontré allí, estaba de lo más animados tenía una bandita que atracaba a los otros internos, como el Junquito es una cárcel de alto rango, allí la mayoría eran pudientes.
Una vez hablando con un alemán, que esperaba ser extraditado, a su país de origen, me comento que Memín, lo había atracado junto a otros dos y al negársele, lo puñalearon en la pierna.
-Mira alemán ese muchacho fue abandonado en la calle, ha sobrevivido a todo tipo de vejamen, en cambio tú tuviste familia, y un estado que veló por tú seguridad social, simplemente olvídalo.
-¡Pero que tiene que ver eso ellos me atracaron!
Estaba gritándome entonces le dije.
-Bueno entonces ve allá y descobratela, él es pequeñito raquítico y tú alto y fuerte, ¿Qué haces que no te la cobras?
Me quede sentado, observando las diferencias que existen a según la crianzas, ellos los hijos de la calle, conviven todo lo que encuentran. Los criados en el bienestar social en cambio son individualistas, sin solidaridad, creen incluso que el mundo les debe algo, por eso que DIOS nos hizo pasar pobreza a toda la humanidad por milenios, sabía que bienestar traería toda esta serie de egoísmos.
Por esa razón la teoría social no se completa jamás; por lo imposible de encontrar un límite entre lo justo y el delito, y por la complejidad emocional de los humanos.

Una semana después yo estaba de nuevo en la Cárcel de la Planta, y un mes después me Trasladaron a la Cárcel de Yare, allí la lucha entre hermanos siguió, muertes y heridos, castigos y palizas eran el diario vivir. Luego cambiaron el Ministro de Justicia, el nuevo ministro era un reaccionario, conservador, anacrónico, ¿Que se le puede pedir a un presidente de un partido político Social-Cristiano de ser? Convirtió a todas las aulas de sección pedagógica de la Cárcel de la Planta en celdas y de la Cárcel del Junquito trasladó a todos los estudiantes de la universidad, en ese lote llego Memín y el Raúl, los invite al pabellón donde me encontraba, pero Memín, me hizo seña que iba al pabellón Nº 4, Barrio Chino.
-¡Bien, Memín esa es la familia, que te creció!
Son los tiempos que pasan, algunos los sitúan, a otros nos arrollan, para contar esto en síntesis valió la pena existir.
En estas historias de vida común de políticas excluyentes, en que el ser vive postergando su bienestar por la incompatibilidad de asimilarse al ambiente circundante se escriben estas historias como notas de margen de la historia de los pueblos.
Historia sustraída del diario de Memín, como tantos niños Latinoamericanos huérfanos de familia, huérfanos de patria, huérfanos de justicia social.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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Estrellas fugaces en el firmamento

Notapor revolucion1954 » Vie Jul 27, 2018 3:40 pm

Estrellas fugaces en el firmamento

El amor de prolongada insatisfacción emerge en la lejanía, aquella lejanía que se trasforma en cercanía de soledad de facto.
Presencio su final antes de su inicio, pero tuvo que cargar el mismo peso con la misma actitud de fuerza y rectitud, todo aquel pedazo que arrastró consigo, el pedazo que ella llamó; mi existencia en parajes de olvido.
Un fuerte grito la despertó durmiendo en su lecho de cartón, él, el hombre de turno, violó a su mama en medio de su ebriedad sorda de furia animal.
-¡No, no por favor basta, te lo suplico!
Ella se levantó de su lecho de cartón donde dormía, interrumpiendo el quebrando de sus sueños infantiles y aferro un pantalón de tejido fuerte, color caqui, que no pudiera arrancárselo de encima, después se escondió detrás del barril donde se recogen las aguas de lluvias que escurren del techo, rezando a un DIOS lejano, remoto, con la ingenuidad de niña vejada, expropiada de sus partes íntimas, porque después vendría por ella, ella lo sabe por amarga experiencia.
Llovía, la lámina de zinc trasmitía una suave harmonía con diferentes tiempos, ella se dejaba trasportar cuando la lluvia emitía esas dulces melodías, acostumbrada a una vida de contraste en intensos grises, recogía el líquido en diferentes contenedores de cada tipo, latas, frascos diseminados por aquí y por allá, para tamponar al cielo, de ese techo de zinc oxidado y traspasado de balas vagantes en noches de enfrentamientos, desde donde veía cuando el cielo era sereno estrellas fugaces, después sobre su pies el contacto aspro con el hombre, que la hacía sentir sucia, inmunda, objeto.
El tetero al niñito, solo agua de lluvia y azúcar morena, la comida a los grandes frijoles negros con azúcar blanca que la perseguían por una vida, lavar la ropa detrás del rancho (Barraca) en el barril lleno de agua recogidas del intenso aguacero, de la lluvia que desnudaba la miseria que la rodeaba.
Con sus pies hundido en el fango, el barro seco hasta los tobillos, la cloaca a cielo abierto, con sus hedores de agua putrefacta que pasan a su lado, pululando de gusanos.
Su mirada que se pierde en la ciudad, ella la fija a diario en la estructura de cemento nota aquel rascacielos en la lejanía que desde hace varios años quiere alcanzar el cielo, la ciudad intensamente luminosa que invita a vivir, allá abajo ella se imagina sin conocer. ¡Otra vida hay!
Va y regresa ella se mueve estrictamente, entre cosas feas, cosas viejas, cosas recogidas del surplus de otros, un ambiente que la hunde en el degrado, vive de palabras groseras, de gestos feos, de sentimientos repulsivos.
¿Quién no sabe, es como quien no ve?
Escapó un día sin fecha de aquella vida, pero la misma vida la alcanzó allí mismito posesionándose en el sí mismo, escapó con uno, un muchacho que es su igual un poco más inmaduro que ella lo ilusiono de una vida radiante, a seis meses había ya constituido su propia pesadillas, una barraca destartalado que cada día debía enderezar, un poco más allá, un poco más arriba, un poco más pequeño, algo nuevo de empezar para entender toda esa desidia, una barriga soberana y su contenido la constituyó.
Vino intempestivamente el primer chamo, (Niño) y luego llego espontáneamente el segundo, pero de otro hombre, maltratada de día, violada de noche, el desayuno lo sirve temprano de buena mañana, amasando arepas forjadas con sus aflicciones, café colado endulzado con las lágrimas de su noble sentir, en la ilusión esperando aquel, él, que la trataría bien, en la búsqueda única de una caricia de la maestra vida.
Después prepara la masa, y carga a los niños en un brazo, y de las manos a los otros, lleva las fritangas que vende en la carretera, fritanga con café caliente, vende café con canela, acompañada de una sonrisa llena de sus tormentos, aquella vida que le pesa como un martirio endulce el café con sus melancolías.
En silencio camina y llora, sin que los niños la vean, sin que DIOS la sienta, sin que la Vida la tome en consideración.
Así conjugaba su ser toda su existencia, con la formula única de tener un hombre a su lado, un tormento que conoce un delirio que la hace caer en un espiral de violencia, hasta saciarse de que más violencia no se puede.
El hombre aquel, el hombre de ayer, aquel hombre que la hizo suya, un hombre que la violo, otro hombre que le pegaba, hombres que pasaron por su vida con golpes fulminantes, hombres a los que debe lágrimas, dolores, hijos, rechazo, nunca fue buena para ninguno.
Ellos todos también la abandonaron a su desdichado destino demasiada miseria para compartirla en dos y el abandono fue total, a lo mejor a la misma edad, y en el mismo momento que a su mamá, y a su abuela.
Los otros hombres que por obligación transitaron por su vida no duraban tanto, su juventud declinaba sustancialmente, así ya tenía 8 hijos, que los llamaba con nombres de fantasía, Leydidi, Milady nombres tomados de una escuálida revista de gente sonriendo.
Con los años ya no apetecía más hombres, lo pocos que se le acercaban miraban a sus hijas ella lo intuía, ellas aun en tierna edad eran demasiadas pequeñas para entender el silencio de su madre, y el avance de esas manos llenas de codicia, que las aferraban como débiles marionetas alcanzada por la crueldad de una vida que hasta sentían ajenas.
Después estaban sus hijos varones que le daban bastantes fáticas, creciendo se iban rebelando contra todo aquello, por ella se levantaba temprano antes del alba los días de visita, encendía la vela al santo protector, un rezo que equivalía a un llanto, un lamento ahogado de quien las sufre todas, el resistir en la miseria, cargar la cruz más allá del propio designo.
Bajando por las escalinatas que la llevan a la ciudad, son las 4 de la mañana, ella ya tiene su puesto en la cola, sus hijas duermen en la acera, se cuentan sus vivencias, son mujeres todas cortadas con el mismo patrón, de un solo modelo de desidia social se presiente uno que ha muerto dentro del penal, se oyen voces, se murmuran nombres.
Las madres, solo ellas lo ven pasar, solo ellas son capaces de ver a un hijo muerto, pasa por la cola a dar a su madre un sentir que se pierde en un mar de afecto, ella aprieta el crucifijo, reza adentro de si, reza siempre de continuo interminable.
¡Dios mío que no sea el mío!
Pasa por el portón a la requisa, los funcionarios la desnudan en toda su humildad, desnudez de miseria, desnudez de soledad ella es la desnudez de vergüenza de esta nación.
Algún insulto del alto ella siente sin inmutarse, y ella lleva consigo palabras de esperanzas al hijo, un paquete de harina de maíz, mortadela, margarina que ella le quita de la boca de sus pequeños que dejo encerados en la baraca, que todavía no conocen al hermano mayor, compensación al afecto robado, al niño-hombre que amo a su madre, que ella le acaricia todas sus cicatrices, sintiendo la culpa de no haberlo protegido de todo ese mal que llaman sociedad.
Luego le sonríe mientras le hace una caricia, con él ella descubrió el verdadero amor, ama su hijo como nunca pudo amarse a ella misma, luego lo besa él está tranquilo a su lado, luego escurre una lagrima.
-Mijo querido tengo que irme trata de no meterte en problemas.
Acompaña a la madre como lo hacen lo malandros, ni que se la miren, él es alto pero crece a desmesura a su lado, el homicidio del padrastro es solo uno de los tantos que dejo fríos.
Rápidamente en una soplada de dados, el pequeño tesoro que la madre le ha traído tendrá el valor de una apuesta, una apuesta contra el destino, sí amor de madre que resbala por los pisos descoloridos de las prisiones, por los pavimentos ensangrentados de todas las cárceles de esta nación.
Se va con un solo deseo regresar a verlo, esta vez las puñaladas non han sido mortales, se lleva las cartas, los mensaje escritos en pedazos de cartón para otras madres, y esposas que non pudieron venir con solidaridad fundida, forjada en la desgracia de un pueblo sin doliente.
El regreso se apaga a sí mismo, amasando harina y colando café, su hija la ayudan en todo, busca el agua, corre a la esquina a recriminar al hermano que fuma bazuco, jiparea (Vende) pastillas y ríe a dentadas.
¡Ven ayudar que mama no da para más!
Luego mientras la luz solar desaparece del barrio poco a poco la ansiedad se le forma en angustia, porque las noches cubren el barrio con su manto de muerte, balas vagantes consteladas de ira, plomo continuo contra enemigos invisibles.
Ella tiene la costumbre de dormir vestida, algunas noches de intenso tiroteo, logra traerse al hijo, otras veces al nieto, al primo, al hijo de la vecina, a niño desamparado de la esquina, los brazos ensangrentados, las profundas heridas que no cicatrizan, la vida de los propios en las heridas de las vidas ajenas.
Terror y plomo.
Muerte y dolor.
Sangre y vendas.

La vida en el día a día, la inviste con una corona, compuesta de laureles para una heroína cuotidiana, diaria, sin un reconocimiento, heroínas de verdad de historias anónimas, historia de vida común, historias elaboradas por ellas y fundidas en acero de circunstancias adversas.
Así son forjadas las hembras de esta nación.
Así son hechas las mujeres que paren en esta nación.
Así son concebidas las madres que lactan en esta nación.

No son heroínas de papel.

Porque no pueden ser pesadas.
Porque no pueden ser evaluadas.
Porque no pueden ser recompensadas.
Porque no reciben medallas de funcionario alguno.
Porque no pueden ser homenajeadas por mano de ningún mortal.

Ellas existen pero en las estadísticas oficiales de la desidia social.
Para glorificar la epopeya en la formación de esta nación.
Para enaltecer su contribución de sufrimiento y angustia a esta nación.
Para admirar su coraje antes las adversidades que son; objeto y fundamento de esta nación.
Para ejemplarizar el valor de una hembra que no desfallece a un delante de la fortaleza de la adversidad.

Después llega el momento en que la vida nos separa, nos aleja, nos atrae en situaciones de diversificaciones, donde la presencia es mutaciones del verbo ser, con la conjugaciones inmadura del verbo estar; en el instante cuando sucede se extingue.

Pasan los humildes por esta tierra, sin que ninguno los reconozca.
Pasan quienes en sus vidas solo se nutrieron en su propia humildad.
Pasan donde la miseria no es miserable, donde la pobreza es retribución.

A lo mejor parada al borde de la carretera, con niños sucios corriéndole alrededor, la piel humedecida y brillante de manteca, salpicada de aceite hirviendo, con el recién nacido pegada a su teta, ella de mirada ingenua, la expresión grotesca no la eleva al prototipo social, pero su alma irradiara una estrella de intensa magnitud, para iluminar sobre todos nuestros designios.
Veo hacia el firmamento, me vuelvo hacia la tierra, una es igual a otra, la exclusión del conjunto realizo la totalidad, el vacío del uno hace el dos, los opuestos se configuran en el único, se realiza la segmento y la parte funde los destinos en la enormidad del universo, en el mismo momento la proyección fue siempre en identidad absorta, entonces el único limitaba al extremo opuesto del infinito y la parte ascendió al todo, el limite se consolidaba para dar paso a la eternidad.
La llevaban en hombros, eran pocos.
La llevaban en tantos, pero eran en pocos
La llevaban a su última morada, quién en vida no tuvo techo propio.
Llantos de dolor sobre una caja de cartón de quienes pierden el sustento de la abnegación de una madre.
No tuvo un sacerdote en su funeral, nadie del sector oficial, solo un evangelista, la siguió cuando pasó por la avenida y predijo sus revelaciones en el apocalipsis.
La multitud en sus distracciones diarias la encontraron en la vía, los carros tuvieron que frenar, la procesión entro al cementerio en el fin último de su ser y el universo.
Murió callada, como para no molestar, su funeral no tuvo música, ni ruidos de motos, ni una larga cola, ni las armas de los malandros dispararon por ella cuando en el campo santo la tierra cayó encima del féretro, aunque fue madre, hermana, novia y compañera de lucha de todos ellos.
La urna se cayó dos veces, la inquilina estaba acostumbrada a los avatares de la vida, la tierra caía sordamente desfondando el cartón y fue su mejor bienvenida, algo fácil de digerir.
Aquella noche, pero, en una apartada galaxia, apareció una nueva estrella, años luz de nosotros.
O sea bien lejos de nosotros.
El astrónomo la identifico como Iris del arco plano.
Pero después se preguntó ¿Cuándo tiempo tardará en llegarnos su luz?
-A nosotros.
Su hija verso otras lágrimas porque desde ese día a ella le tocaba el cetro que la coronaba a herencia de todo aquel dolor de madre, de hermana, de novia a toda aquella prole que vaga en la urbe.
-Está bien Catire termine el corte ya.
-¿Cuánto te debo Cintia?
-Nada, ella era mi mamá.
Se acerca y me besa en el cachete, los seres se cruzan en el nivel de las emociones.
Quisiera quedarme admirar aquella estrella por una infinidad, pero la vida continua en la tierra.
Si tuviera el poder de trasformar todo ese degrado social en poesía almeno.
Tomado del diario de Cintia que lleva a cuesta todo el peso de haber nacido en formas de o
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revolucion1954
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El Toferina de la Vega

Notapor revolucion1954 » Dom Ago 12, 2018 1:01 pm

El Toferina de la Vega

En el alto del cerro de lo que hoy es el barrio de la Vega, hay un niño que ansía conocer lo que lo rodea, pero aun es tierna edad es muy frágil, y curioso.
¡Epa! ¡Matilde chica! no dejes que salga el niño a la calle que le puede dar el asma.
-Mira Negrita serás la mamá, pero lo mimas demasiado, déjalo que salga un poco además tiene la chaqueta puesta, y es hora que se haga un hombre.
-¡Que hombre! sí es un bebé.
-Anda Toferina anda a jugar con los demás niñitos.
Toferina sale de la casa en medio de la controversia de las dos mujeres, pero, también percibe la controversia entre el ambiente: Entre lo seguro de su casa y una cierta dinámica agresiva de la calle, avanza hacia el grupo de niños que juegan al avión.
-¿Mira cómo se juega eso?
-¿Qué te pasa burguesito, tu mamá te dejo salir?
-¡Sí! A jugar con ustedes.
-¡Así entonces danos esa chaqueta!
-No la chaqueta no, me da asma.
Lo rodean y lo golpean, le quitan la chaqueta y él, se cae al piso, sin entender porque no querían jugar con él, al caer al suelo, Tibisay se le acerca y le dice;
-Te la das de niño bonito, entonces toma tu tomate, ja, ja.
Le da una patada en la boca, Toferina se tapa la boca con las dos manos, le duele pero no llora, no entiende toda esa agresión, sí todos los niños del mundo les gusta jugar.
Su madre alertada por una vecina sale de la casa gritando;
“¿¡Que le han hecho!?”
Lo recoge del suelo, los niños se ríen, ella se lo lleva a la casa regañándolos y gritándoles lo malo que ellos eran.
-¡Hay Dios ¿qué te han hecho?!
-Nada mama.
Entendiendo que se terminaba su pequeña gira por aquel mundo desconocido, la madre desde aquel día era empecinada en no dejarlo salir. El mira continuamente hacia atrás, como identificando el teatro de operación lo que le paso en aquella esquina. El tiempo trascurre, cuando regresa de la escuela, pide que lo dejen salir, pero su mama le recuerda lo sucedido, y por lo tanto le niega a concederle otra aventura en aquel mundo muy peligroso, él se sienta a ver la televisión, y a rato se asoma por la ventana para ver la calle, ve la televisión y sus programas de violencia, los tiroteos, como el protagonista se abre camino con los puños o a tiros.
Absorbiendo toda aquella violencia mediática, él continúa a crecer, y mientras va creciendo se suma a su curiosidad el saber cómo era el mundo exterior. Bien se decía a sí mismo, cuando por la ventana enrejada veía a los otros niños jugando, como corrían, reían, se empujaban caían y se levantaban, peleaban, discutían.
Los continuos tiroteos y balacera que se prolongaban por toda la noche, de todas las noches, los comentarios de familiares y vecinos, las sirenas de la policía, y de nuevo tiroteo, la ambulancia con sus luces multicolores. De esos elementos de su diario vivir se retroalimentaba su conducta.
El primer enfrentamiento de los hombres seguro que fue territorial, aun la sociología trata de comprender al hombre, y lo define como un animal social, en realidad por una buena los hombres cuando logramos hacer un sincero análisis crítico podemos reconocer que una buena parte del hombre es un animal asocial.
Sucedió que su primo un día, le comentó que tenía un comercio muy bueno con la mariguana, pero tenía el problema que había una banda que no lo dejaba vender su malanga en la esquina. Él, tenía solo 14 años y una visión televisiva de la vida.
-¿Cómo es eso, primo?
-Sí, es que están armados tienen pistolas automáticas, y revólveres, primo.
-Entiendo ¿Tú no tienes porte?
-Si tengo te diré, el caliche me dejo dos automáticas, pero hay que usarla, ¿Entiendes?
-¿Házmela ver?
El primo las extrae de debajo de la chaqueta, las dos son automáticas una es empavonada cromada que brilla como una luna llena, él las toma en sus manos, se pone delante al espejo, y se acuerda de alguna película, las ve de nuevo detallándolas, las tráquea descargando la bala, quita el peine y después le dice:
-No joda Erbarito con esto no te falta nada.
-Casi nada, Toferina tú no entiendes, hay que jalarlos, no basta estar armado.
Enfunda las pistolas en la cintura se pone la chaqueta, y viendo al primo le dice secamente;
-¡Espérame aquí primo! ya vengo.
-¿Que vas hacer Toferina, estás loco? Te van a matar webón.
Toferina es flaco, sufre de asma, pero baja tranquilo por la calle hasta llegar a la esquina, allí se encuentran reunidos cincos, pero cincos guapos que eran el terror del barrio. El Pelao, Triquitraque, Chiribita, Pepe el Chingo, y José el Amañado, unos sentados en la acera, y dos apoyados del poste de la luz.
-¡Epa! (dijo).
Ellos voltearon, y se le quedaron mirando, entonces él extrajo rápidamente el armamento, y los ejecutó en la primera de cambio como se suele decir con las dos pistola al mismo tiempo, en el tiroteo los cincos guapos tuvieron que correr, los que pudieron, El Pelao quedo seco en la primera descarga el impacto fue mortal, Chiribita se sostuvo del poste de la luz, y después cayó al pavimento mortalmente herido, imaginado mil veces como sería el momento de morir, hasta que le llego, Triquitraque herido ganó el callejón, y siguió corriendo escalinatas abajo.
Pepe el Chingo rodo por la calle, y murió al lado del caucho de una Jeep del periférico que freno justo a tiempo para no aplastarlo, un poco más abajo, José el Amañado fue recogido por un taxista, aunque herido mortalmente fue llevado al hospital.
Él, el Toferina tranquilamente agarró de la caleta las drogas, las armas, y algún billete que encontró, después miro alrededor; Y se dijo feliz y contento; no juegue tan facilito como apretar un gatillo ¡Guapo! ¡Pa' guapo yo!
Pasando por la bodeguita del Portú, la radio cantaba a todo volumen la canción de Héctor Lavoe: Y dice:
“En barrio de guapo no se vive tranquilo, si usted quiere su vida, aquí no vale ni un hilo.
Calle sol, calle luna.
Mete la mano en el bolsillo, saca y abre tu cuchillo; ¡oye! y ten cuidado.
Calle sol, calle luna.”
Su vida no vale un hilo, pero un proyectil, sí, reflexiono.
Música hispana que refleja la vida del barrio, de la esquina, y del guaguancó.
Después volteo de nuevo hacia la esquina, ciertamente le impresiono la sangre, pero le pareció solo salsa de tomate, el rojo de la sangre que alarma a la gente porque hubo exterminio de malandro, pero se asombran por el nuevo Cacique, aunque dice el dicho; más vale mal conocido, que bueno por conocer.
Los cadáveres yacen inertes en el vacío de sus excuerpos, inician a ponerse tiesos, exiliados del aliento divino, no hay verbos en ellos, aquellos cuerpos que en su breve corrido por la tierra, sembraron el terror en aquella esquina que hoy es su epitafio de aquella canción de salsa que dice; “Nada dura para siempre.”
En la esquina que gobernaron fue donde cayeron abatidos, aún allí se presagia sus sueños infantiles infractos, a fin de cuenta eran solo niños, muchachos que tomaron las cosas de los mayores para prolongar sus juegos infantiles.
Los niños que jugaban en la esquina de enfrente asombrados de ver ese tiroteo en primera fila lo siguieron sin quitarle la vista de encima, lo miraron alejarse.
-¿Y ese quién es?
-Toferina, el que vive en el callejón de la Luz Divina.
-¿Así y que es?
-Un muchacho como nosotros.
-Sí de la Generación Halley.
-¿Qué es eso?
-Los que vienen una sola vez a la tierra para vivir una corta existencia y exterminar a quien se aparezca.
Su primo lo veía con los ojos esparrancados, y aterrorizado no podía creer, que el primo suyo, que habían crecido juntos fuera un asesino, peor que en las películas.
-¿¡Qué hiciste manooo!? ¿Los mataste?
-Claro vale, esos estaban de más en esta vida, ahora la plaza del jipareo es nuestra, primo, no se hable más.
De esa manera al otro día, ajustició a otros del montón, gente que de todas maneras la droga los tenía en el soye, y de verdad según los entendidos, estaban gastando demasiada agua, oxígeno y alimentación para su sustento.
La voz inmediatamente corrió por el barrio, y luego por todos los barrios, contando la historia del temible hampón, entonces lo buscaron los integrantes de una banda de atracadores de bancos, llamada los Fumigados, cuando entraban a las agencias bancarias lo único que decían, pero una sola vez.
-¡Congélense! es un atraco.
Lo demás, se les veía en la cara.
Fue en esos tiempos que regresando a la casa, desde su carro vio a la Tibisay que regresaba del cine, caminando por la acera, Toferina se estaciono, se bajó del carro, y la alcanzo a pie.
-¡Epa! ¿Tibisay de dónde vienes?
-Del cine Toferina.
Y seguía caminando.
-¿Cómo estuvo la película Tibisay?
-Mal, no me gusto, muchas escenas de amor y poca acción, a mí no me gusta todo ese llantén de carameleo, besos y pasiones.
-¿Te gusta que la película tenga acción, no Tibisay?
-¿Claro chico si no para que voy al cine?
-Mira Tibisay te diré que, me está doliendo el diente, ¿sabes?
-¿Que diente Toferina?
-Este que me pateaste, y míralo se quedó gris.
-¿Todavía te acuerdas de eso Toferina? éramos solo unos niños.
-Si fue de niño, pero a mí me duele mi diente todavía, tú ves.
-¡Olvídalo ya, chico eso ya es pasado!
-Sí es pasado, y justamente el pasado es el que no olvida, sabes.
-Deja el rencor, que vas a vivir amargado toda la vida, por eso, vamos hacer amigos de bien y todo, Toferina, pídeme lo que tú quieras.
Tibisay ya se imaginaba por donde venía el lio.
-No, no puedo, lo saben demasiada gente, y me ensucia la ficha.
-¿Que ficha Toferina? si la gente sabe que eres carteludo, ¿Qué más?
-El dolor, jeva.
Tibisay ya había entendido, y por ello arrancó en una profunda carrera, pero los tacones, esos tacones que ella se ponía para verse más alta, más seductora, le entorpecían el avance, se los quito pateándolos para aumentar la velocidad de la carrera.
Pero Toferina extrae el revólver y le dispara, la bala impacta en una pierna, y ella cae.
Agarrándosela, con grito penetrante de dolor, pero a Toferina no le hizo mella, pues era dolor ajeno.
-¡Hay! Está bien Toferina, ya me heriste te la descombraste, me duele que jode, pero no me vayas a matar te lo ruego por lo que más quieras.
-Que va jeva, no se puede dejar la culebra viva y coleando.
Ella se llevó la mano a la cabeza, es solo un reflejo condicionado, porque el impacto es mortal.
Radio Rumbo la emisora popular, que todos los del barrio escuchan, se hace eco del gran clamor popular, con su chillido inconfundible, desde hace semanas pide mediante su difusión que las autoridades detengan al Toferina de la Vega, antes que deje toda la parroquia de la Vega sin habitantes.
Entonces las autoridades entienden que ya no pueden hacer oídos sordos, porque será que la policía es la última a enterarse de las fechorías del hampa.
El director de la Policía Técnica Judicial por orden expresas del Ministro del Interior, le da la orden de detenerlo como sea, entonces ordena a una comisión del grupo B.A.E (Brigada de Acciones Especiales) la orden es de detenerlo hay más de 20 acusaciones por homicidio directo.
Pero la mujer del Toferina, es funcionaria del Ministerio de todas las Injusticias y la advierten que al marido le van a dar papelón (Matarlo), así que ella lo convence de entregarse, lo que llaman ponerse a derecho, llevándolo personalmente a la oficina del Comisario en Jefe de la Policía Judicial acompañada con un fiscal del Ministerio del Desorden Público a la Central de Policía Técnica Judicial de Plaza Carabobo División de Homicidios.
Varios del grupo B.A.E. que lo habían buscado por varios días como una cacería, al saber que era en la central pasan solo paro verlo, lo detallan físicamente lo ven que es flaco, altura media, cara simple, ni siquiera mete miedo.
-¿Ese, es el Toferina Comisario?
-Sí, el tigre no es tan bravo como lo pintan.
-¿Qué hacemos con él, lo asesinamos, de una?
-No, se puso a derecho.
-¿A derecho? Ese hampón es rolo de asesino según tengo entendido además tengo orden del Ministro del Interior.
-Esos asesinos, inspector nos alivian el trabajo porque ha matado él, más hampones que todo el cuerpo de policía judicial junto.
El Toferina se salva, pero la orden es internarlo en el Reten de los Flores de Catia, los policías se ríen y le dicen.
-Toferina vas para las grandes ligas, espero que tu pueblo te quiera, si no eres chicharon pa' hoy mismo.
Toferina, pero agarra duro su escapulario, tiene el cordón de espiritista; rojo, azul y amarillo, hace su rezó en silencio.
Su oración secreta, a las ánimas del purgatorio.
Que no me vean
Que no me hieran
Que no me maten
Protégeme de todo mal.
Cuando se llega por los lados de los flore de Catia se detecta al retén de Catia, porque se percibe el olor que es tan penetrable que despierta a un muerto, incluso espanta a los demonios, una peste lograda con la mezcla con uso excesivo de creolina con excremento y meado rancio alojado y añejado por años, un internado peor que el castigo del infierno como testimonian lo entendidos, que la represión desborda en su propia definición, y se invierte en máxima agresión del estado en contra de las masas populares por centímetro cuadrado de su edificación, que la estadía en ese antro no la soporta ni el Diablo.
A la puerta del instituto de pena, pero lo espera la mujer con un funcionario nuevamente.
-¡Papito aquí estoy!
El funcionario de la policía judicial entrega los documentos y arruga la cara, Toferina sonríe
-Muy bien entonces señora a su marido, lo alojamos en el pabellón especial.
-Sí, claro porque, él está muy delicado de salud sufre de asma.
-Entendemos salvaguardaremos su derechos a la salud.
-¡No! yo voy para el pabellón dos, torre sur.
-¡¡¡Estás loco!!! Allá lo que hay es caníbales.
-Mira jeva, allá tengo mis parroquianos, y no puedo irme de refugiado que después me pierden el respecto en la parroquia, ¿Oíste?
Mientras han ingresado en el edificio hay tantas caras, miradas que se cruzan que es difícil saber quién está muerto, quien está en espera de ser enterrado, y quien es funcionario, al llegar al segundo piso del administrativo le señalan a la mujer siendo ella alto funcionario de justicia, que esa era la oficina del director.
El director del Retén que llega en ese momento, lo invita a pasar.
-¿Cómo está usted, y el director de prisiones como esta?
-Muy bien doctor, el director de prisiones me ha recomendado su persona, para que pueda ubicar a mi marido en un buen pabellón.
-No hace ni falta que entre al penal se puede quedar a dormir en una de nuestras oficinas.
-Muy bien Toferina ¿qué te parece?
-No yo ya te dije; Que yo voy para el pabellón dos, torre sur.
-Sr. Toferina, eso es un malandreo que tiene del increíble, allí hay que ser guapo de verdad.
-Malandro no come malandro y sí lo come lo vomita ¡chico!
El director le hace una mueca a la mujer, de que no entiende cómo puede pedir de ir a ese sitio.
Pero delante la insistencia de Toferina accedió a ubicarlo en ese pabellón, no entiende que en Caracas dentro los barrios ir en prisión forma parte del cartel, allá dentro se sabe quién es varón de verdad, por lo tanto Toferina sigue solo la tradición, porque él quiere el cartel de hampón completo.
Cuando llegó al pabellón la gente lo miraron algunos sorprendidos, otros admirados, amigos, conocidos, y un bojote de enemigos, el vio el ambiente un poco pesado pero no se desanimó, saludo a unos, estrecho la mano a otros, miro detenidamente a otros más allá.
En el retén la cuestión del guapeo es una cosa muy seria, así que de una, en la primera de cambió, sin chistar ya tenía a tres con quién entablar duelo.
El cuchillo no es como las armas de fuego, su uso necesita un poco de adiestramiento previo es como un baile, y se necesita mucha concentración, normalmente el duelo se pierde en el contrapié, cuando se lanza la estocada al contrario, en el momento que la ves fácil que el otro ya está listo para doblar el ala, y te precipitas para rematarlo, cuando se cree que la tienes ganada al 100% por 100,% que te desembocas, pactaron un duelo y le dieron una daga, y resulto que debutando, en la primera de cambio, recibió un puyón pero punzo penetrante en pleno estomago lo que se dice en la corrida una estocada, de esas que en el retén llaman; la bienvenida, el buenos días, y el hasta luego si te salvas de esa, luego le bandearon la barriga con un viaje, de banda a banda del abdomen y en seguida, se vertió el tripeo hacia afuera Toferina noto el tremendo dolor pero instintivamente soltó el chuzo, y se agarró los intestinos para retenerlos dentro de su cuerpo, los demás pararon la acción para ver si era resistente, él cayó al suelo viendo la muerte cara a cara, y ni un segundo dudo que hasta allí lo había traído el río, pero la muerte tomando en cuenta que Toferina había sido un buen cliente, pues le había mandado muchos buenos difuntos últimamente, esta lo rechazo en sus dominios, y se lo regreso a la vida, esta con mucha resignación lo acepto nuevamente por el pacto que había hecho con el creador de jamás negarle la vida a ningún ser ni buenos, ni malos, ni aspirante a hampón.
Delante a tremendo rechazo se agarró el tripero con la mano, y lo apretaba lo más duro que podía la piel de los brazos en contacto con el tripero la sentía caliente pero su instinto básico le decía que no podía aflojar.
Los compañeros intentan remediar pero la herida es demasiado grande
-¡Nada Toferina! esto no se puede cocer aquí, es interna vas a tener que salir a la enfermería.
-¡Epa vigilante! ¡¡¡ Vigilante!!! ¡Compañero con herida mortal!
Lo compañeros lo bajan por las escaleras directo a la enfermería.
Juancho el doctor NO. como lo llaman los demás presos, cose continuamente todo tipo de heridas, cuchilladas, machetazos, extrae balas más que enfermero parece un sastre, a todos los heridos una vez cerrada las heridas les da luego el mismo remedio agua con azúcar, la carne mortalmente lacerada se ve alarmante lo ponen en el piso, la camilla está ocupada, hay gente de pie, otros con bolsas adheridas al abdomen donde hacen sus necesidades, parece un Vietnam criollo, sangre de pueblo gente joven que escore por paredes, y escaleras en completa impunidad.
Toferina después de la cocida lo ayudan a regresar al pabellón.
-¿Que Toferina te hicieron el cierrecito?
Se ve la larga cicatriz que parte del ombligo hasta el pecho, no dice nada porque no tiene fuerza, y porque por su mente la tiene ocupada en curarse y solo piensa en un masacre, le quisiera caer a plomo a todos, o sea no dejar a nadie con vida.
El día de la visita la mujer entra angustiada, llorando, con cara de ternura al ver a su marido mortalmente herido, desnudo en medios de las sabana recién lavada por ella lo envuelve dulcemente, muchos malandro sienten envidia de Toferina, la mayoría de ellos desde que han nacido nunca han sido atendidos de esa manera con tanta devoción y caricias, lo único que han conocidos mujeres agrestes, rusticas que no sabían hacer esos cariños.
-¡Toferina los ves! chico mejor estabas en el especial.
-Mira corazón, conoce este vigilante que tiene que hacerme una segunda de vital importancia.
-Señora mucho gusto, José.
-A él cuando llegues al rancho, le das una de mis pistolas, para que él me la traigas al penal.
-Okey quedamos así Toferina, te traigo el hierro y ¿mi bomba quien me la da?
-Ella, mi mujer te da el dinero José.
Cuando el arma llegó, a sus manos, quien lo hirió, se ganó el boleto non stop reten-cielo, por violar la primera y única regla ad aspirante a malandro; nunca dejar la culebra viva, el remate es de obligación.
Cuando llegue al retén, y conocí a Toferina la cicatriz aún no estaba seca.
A los pocos días llego el Chicho, en realidad regreso, pues era poco que había sido dejado en libertad, y como era su costumbre, quería todas sus cosas otra vez, además de sus comodidades.
-Mira Chicho no te metas en ese bughi, que ahora pertenece a Toferina, ¿Oíste?
-Que Toferina, ni nada, esto es mío ¿qué te pasa?
-¡Oye Chicho! ten cuidado que a Toferina le ronca el mango.
-¿Dónde está para darle de una, su puñalada así le quito el cartel?
-Ahora está en la enfermería, lo llamaron para quitarle los puntos del cierrecito.
-Ja, ja en lo que llegue aquí lo mando directo al quirófano otra vez, ja ja.
El Chicho reía a carcajadas.
-Acomodándose dentro del bughi de Toferina, revisando lo que no era suyo, encontró, además una buena dosis de chirre, que Toferina fumaba para cerrarse la cicatriz, e inmediatamente armo un barreto y se la fumo, además encendió la radio, se extendió en la cama las sabanas estaban limpias y perfumadas que bacano este Toferina se dijo, observando que el bughi, estaba en mejores condiciones de como él lo había dejado, es más antes de irse lo había vendido.
-Este Toferina tiene vainas como de burguesito, ¿No les parece?
-Te diré que ese tipo es de guidado, no te confíes Chicho.
Absorbió el humo tanto que el humo le hizo brotar unas lágrimas, y tosiendo dijo.
-Este chirre si esta bueno, mi pana.
Toferina al entrar al pabellón, lo estaban esperando como para avisarle que otro tigre había entrado en la guarida.
-¡Toferina el Chicho lo trajeron ahorita! y se apodero de tu bughi.
-Hasta el chirre tuyo se está fumando.
Tremendo abuso pensó, pero sin decir nada, se tocó a la cintura el porte lo llevaba consigo, pero si razono, no lo puedo detonar dentro del bughi sino me lo ensucia todo de sangre.
Llego delante del Chicho, y lo vio bien cómodo, que hasta le daba como pena molestarlo, se ve que tenía tiempo que no disfrutaba de cierta comodidad, por eso regreso pensó en la calle seguro que dormía debajo un puente.
Pero a debida distancia lo llamo, por si tenía pólvora.
-¡Chicho! hazme el favor sal de mi bughi.
Y se lo quedo mirando, el Chicho lo ve, flanco con la venda y la bolsa para defecar, pálido, además le dijo por favor.
-Tú lo que eres un rolo de becerro arráncate de aquí sino vas al quirófano otra vez.
Toferina no se inmuto, y le repite aun con más cortesía, porque él sabe que esas palabras confunden la mente del malandro que equivoca la gentileza con no tener gallardía.
-Por favor no te mal empates, que quiero descansar, ¿no ve que estoy herido?
Algunos de los presente, pensaron el Toferina está arrugando (Tiene miedo), eso lo pensó también el Chicho, que se levantó, como cuando un zancudo no deja dormir, ahora lo jodo se dijo, y me regreso al vacile, levantándose Toferina hizo tres pasos hacia atrás, y uno casi imperceptible hacia la izquierda, en la celda éramos como 10 los presente, muchos afuera de la celda esperaban al difunto, o uno o el otro.
Yo estaba al lado de la puerta del baño, en la parte opuesta de la trayectoria, pues el bughi estaba apoyado al muro del fondo algunos se pusieron estratégicamente en el rincón opuesto de la pared.
-Que es lo que te pasa a ti, ¡Gafo!
Le dijo en un tono superlativo, alzando el mentón.
-Nada, que me va a pasar que el bughi es mío.
Le repitió en forma simple afirmativa Toferina.
-¡Ah es tuyo cabeza wevo!
Rebatió de forma imperativa con pleno tono exclamativo el Chicho.
Serenamente Toferina delante de la avanzada del Chicho dio otro paso hacia la izquierda, tenía el brazo pegado de la bolsa, y el otro como sujetándose la herida, a ese punto Chicho la vio fácil apuñalarlo sería de rutina en las condiciones física que estaba además desarmado, así que avanzo decididamente, pisó las colchonetas de los que duermen en el piso, entonces bajo la mirada un segundo, a mirar una colchoneta que le detenía el pie la pateo enérgicamente.
Toferina aprovecho ese instante movió el brazo izquierdo de amague, y en el derecho resplandeció la Smith & Weston cromada de seis proye todo poder, Chicho la vio, y por fin en su vida, entendió que hasta allí lo había traído el río, en la cara se le reflejó la sorpresa, y Toferina le dijo:
-Esta es Special ¿oíste?
¡Pum!
Entendió bien el Chicho es de 6 proyectiles.
La detonación partió con tal velocidad, que no le permitió ver el humo, pues un solo proyectil término con su equivocada profesión de malandro, más equivocado que profesión lo entendió en esa mínima fracción de tiempo que engloba toda su existencia, cayó inerte el chuzo lo aflojo la mano pero siguió guindado del cordón que lo mantuvo en la muñeca, el cuerpo vacilo en caer hacia adelante, la sangre se esparramo hacia el lado derecho, y hacia atrás el proye se encajó en la pared.
-Toferina no joda me ensuciaste la colchoneta.
-Y que lávala, no voy ensuciar el mí Bughi estoy aún convaleciendo me dijo el Doctor No, de no hacer fatigas.
Trompin se acerca, y lo toco aun con miedo, lo había visto puñalear a tanto malandro bravo de verdad, y verlo así de inerte le parecía poco verosímil.
-¡Verga está muerto vale!
Toferina asentó con la cabeza la constatación, y como se suele decir en estos casos cuando hay un difunto como declaración póstuma.
-¡Si hay doliente que salgan al paso ahora que está fresco!
Y ninguno dijo nada, porque sería inútil acompañar al difunto.
-¡Agárralo por allí chamo!
Lo levantaron como entre 4, hasta la puerta.
-Policía, hay un indultado.
El vigilante les abre la puerta lo ve detenidamente, menos mal que no es ninguno de lo que lo mandan hacer las compras con lo dura que esta la vida perder un cliente, sería un golpe duro para su economía, y lo depositan fuera del pabellón,
-¡No!, no lo dejen aquí, llévenlo para allá abajo, no joda, acaso que lo voy a cargar yo.
-Que va policía tengo problema por allá abajo.
-Yo también.
-Y, yo.
-Que lo lleven los trabajadores.
-¿Es un solo muerto? ¿No hay más, ni heridos? Miren que no voy a estar abriendo la puerta cada rato.
En el pabellón mientras tanto se desato un corrí, corre, la gente escondía drogas y armas, como era de esperar despue de cuál que hora llego una comisión de policías, y vigilantes armados de listones.
-¡Todo el mundo fuera de las celdas!
La gente se alineo al muro.
-¡Que salga quien mato al difunto!
Nadie dijo nada, ni se miraron en los ojos siquiera.
-Okey son malandros ¿no? A desnudarse todos.
Otros vigilantes entraron celda por celda, al ver a Toferina en la cama, le preguntan.
-Que haces allí.
-¿No ves que estoy, convaleciente policía?
-¡Aquí hay uno!
-Sácalo.
-Está herido, es el Toferina.
-Déjalo entonces.
-Todos se ponen cara a la pared.
-¡Oídos parranda de rata inmundas! ¡Son tres carajazos a cada uno!
-Tres que te pasa vigilante esa vaina duele.
-Bueno, hoy le damos dos no más, van pasando de a cuatro para sonarlos a todos.
¡Plan! ¡Plan! se oían como si los cuerpos fueran un bongo, los primeros que recibieron los listonazos al entrar en la celda vieron al Toferina acostado viendo la televisión tranquilamente.
Cuando llego mi turno me pare, y tome aire eran dos leñadas a cada uno, pero como dolían, nos estábamos sobando el cuero. Todos los del pabellón tanto de la torre norte y de la torre sur cobramos la bioenergética, menos Toferina por que no podía hacer esfuerzo, este país tiene de lo increíble.
El Lunes siguiente se desató un motín en el penal, las bandas entraron en conflicto, la guerra hizo que las autoridades se retiraran del penal, durante varios días muertos y heridos se amontonaban, en las noches se oían los lamentos de los moribundos, era un acción mental surrealista tanto que inicie a entender, o a develar todos esas pinturas extrañas, sobre los muros hechas de colores ocre, manchas de sangre que daban formas, y que eran expresión de submundos que encierran o aprisionan las almas en forma emotivas que de las que ellas no logran liberarse.
Se oyó un grito de atacar el pabellón especial, y el ataque fue masivo, pero allá estaban bien armados, durante toda la noche hubo un enfrentamiento con muchos muertos, hasta que al amanecer, se oyeron explosiones y el inconfundible olor gas lacrimógeno empezó a filtrarse en la celdas y pabellones mientras continuaban a caer los cartuchos con el gas entraban por las ventanas, caían en los patios, hasta que invadió los pabellones, y después gritaron:
¡La móvil!
Que era compuesta de Guardia Nacionales, mala conducta de mala conducta.
-¡Marea verde con allanamiento, compañeros!
-¡Verga ahora si nos van a joder!
La gente se persigno como cuando espera ver el diablo, pero al diablo nadie lo había visto en el retén, pero a la móvil sí.
Lo que paso después es algo que aún me cuesta ordenarlo, o sea darle una cronología; fue una lluvia de acero, porque los penillazos llovían a producción industrial, me dieron tantas patadas que ni siquiera una pelota de futbol en el mundial, me habían dado tantos carajazo que no tenía prácticamente epidermis, si perdías el equilibrio y te caías la tropa te pasaba por encima como un tropel, y te fracturaban los huesos.
Cuando me desperté, lo primero que me vino en mente fue:
-¡DIOS gracias por quitarme la vida!
Pero el dolor era tan intenso, que entendí inmediatamente, que era una cosa de vivos.
Estábamos todos desnudos, manos a la nuca y acostado boca abajo, cuando me voltee, tenía a Toferina a mi lado, con una cara tan tranquila, como si no hubiera pasado nada.
-¡No jodas Toferina! ¿Pero tú eres inmortal?
-Más o menos.
-¡Zape gato! Tienes vainas de Diablo, vale.
Luego de ese motín la mujer de Toferina hizo unas diligencias y logro que a Toferina y a varios más del Barrio nos trajeran aquí en la planta.
-No joda para que veas que el Toferina es buena persona.
-Sí es un rolo de asesino pero como tú puedes ver, él es un buen pana también.
-Buena esa historia Gorilón, se ve que en el retén la rutina no cambia.
-No allá es dura como aquí, solo que ahora aquí hay una palabra de paz, como una pacificación, pero además el Toferina me ha ayudado que jode.
-Ya veo que si Gorilón, tú como que lo aprecias además que lo conoce bien.
-Claro Catire Toferina es pana, fíjate que yo estoy por homicidio, al año pasado, lo soltaron me dijo; que si necesitaba alguna diligencia que él me la hacía, le dije que en mi proceso por el homicidio tenía a dos testigos, que me habían hecho un reconocimiento, uno era un perro calientero que trabajaba en la esquina donde se toman las busetas para ir al centro en la Boyera, y otra una mujer de una peluquería Unisex cerca del cine en el valle, a las dos semanas eran fiambre los dos.
-¿Entonces si no tienes testigos porque no te vas?
-Porque ya habían declarado y me habían reconocido en la sala de los espejos.
El sueño me llego imaginando, la profundidad de las otras existencias, y de dos homicidios innecesarios ejecutados solo por no saber que en el proceso penal la declaración no puede ser retirada, mientras el Gorilón que comparte conmigo la cama, se duerme exhausto después de haberme contado la historia del Toferina.
Tengo la espalda a la pared, los ojos parecen cerrados pero veo como Toferina abre la cortina del bughi y tiene el chuzo en la mano, mira hacia todos lados, los ojos desorbitados, en plena paranoia de Cocaína.
Tomado del diario del Gorilon en los días que corrió por su vida
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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Estrellas fugaces que vagan en el firmamento

Notapor revolucion1954 » Dom Ago 12, 2018 1:05 pm

Estrellas fugaces que vagan en el firmamento

El amor de prolongada insatisfacción emerge en la lejanía, aquella lejanía que se trasforma en cercanía de soledad de facto.
Presencio su final antes de su inicio, pero tuvo que cargar el mismo peso con la misma actitud de fuerza y rectitud, todo aquel pedazo que arrastró consigo, el pedazo que ella llamó; mi existencia en parajes de olvido.
Un fuerte grito la despertó durmiendo en su lecho de cartón, él, el hombre de turno, violó a su mama en medio de su ebriedad sorda de furia animal.
-¡No, no por favor basta, te lo suplico!
Ella se levantó de su lecho de cartón donde dormía, interrumpiendo el quebrando de sus sueños infantiles y aferro un pantalón de tejido fuerte, color caqui, que no pudiera arrancárselo de encima, después se escondió detrás del barril donde se recogen las aguas de lluvias que escurren del techo, rezando a un DIOS lejano, remoto, con la ingenuidad de niña vejada, expropiada de sus partes íntimas, porque después vendría por ella, ella lo sabe por amarga experiencia.
Llovía, la lámina de zinc trasmitía una suave harmonía con diferentes tiempos, ella se dejaba trasportar cuando la lluvia emitía esas dulces melodías, acostumbrada a una vida de contraste en intensos grises, recogía el líquido en diferentes contenedores de cada tipo, latas, frascos diseminados por aquí y por allá, para tamponar al cielo, de ese techo de zinc oxidado y traspasado de balas vagantes en noches de enfrentamientos, desde donde veía cuando el cielo era sereno estrellas fugaces, después sobre su pies el contacto aspro con el hombre, que la hacía sentir sucia, inmunda, objeto.
El tetero al niñito, solo agua de lluvia y azúcar morena, la comida a los grandes frijoles negros con azúcar blanca que la perseguían por una vida, lavar la ropa detrás del rancho (Barraca) en el barril lleno de agua recogidas del intenso aguacero, de la lluvia que desnudaba la miseria que la rodeaba.
Con sus pies hundido en el fango, el barro seco hasta los tobillos, la cloaca a cielo abierto, con sus hedores de agua putrefacta que pasan a su lado, pululando de gusanos.
Su mirada que se pierde en la ciudad, ella la fija a diario en la estructura de cemento nota aquel rascacielos en la lejanía que desde hace varios años quiere alcanzar el cielo, la ciudad intensamente luminosa que invita a vivir, allá abajo ella se imagina sin conocer. ¡Otra vida hay!
Va y regresa ella se mueve estrictamente, entre cosas feas, cosas viejas, cosas recogidas del surplus de otros, un ambiente que la hunde en el degrado, vive de palabras groseras, de gestos feos, de sentimientos repulsivos.
¿Quién no sabe, es como quien no ve?
Escapó un día sin fecha de aquella vida, pero la misma vida la alcanzó allí mismito posesionándose en el sí mismo, escapó con uno, un muchacho que es su igual un poco más inmaduro que ella lo ilusiono de una vida radiante, a seis meses había ya constituido su propia pesadillas, una barraca destartalado que cada día debía enderezar, un poco más allá, un poco más arriba, un poco más pequeño, algo nuevo de empezar para entender toda esa desidia, una barriga soberana y su contenido la constituyó.
Vino intempestivamente el primer chamo, (Niño) y luego llego espontáneamente el segundo, pero de otro hombre, maltratada de día, violada de noche, el desayuno lo sirve temprano de buena mañana, amasando arepas forjadas con sus aflicciones, café colado endulzado con las lágrimas de su noble sentir, en la ilusión esperando aquel, él, que la trataría bien, en la búsqueda única de una caricia de la maestra vida.
Después prepara la masa, y carga a los niños en un brazo, y de las manos a los otros, lleva las fritangas que vende en la carretera, fritanga con café caliente, vende café con canela, acompañada de una sonrisa llena de sus tormentos, aquella vida que le pesa como un martirio endulce el café con sus melancolías.
En silencio camina y llora, sin que los niños la vean, sin que DIOS la sienta, sin que la Vida la tome en consideración.
Así conjugaba su ser toda su existencia, con la formula única de tener un hombre a su lado, un tormento que conoce un delirio que la hace caer en un espiral de violencia, hasta saciarse de que más violencia no se puede.
El hombre aquel, el hombre de ayer, aquel hombre que la hizo suya, un hombre que la violo, otro hombre que le pegaba, hombres que pasaron por su vida con golpes fulminantes, hombres a los que debe lágrimas, dolores, hijos, rechazo, nunca fue buena para ninguno.
Ellos todos también la abandonaron a su desdichado destino demasiada miseria para compartirla en dos y el abandono fue total, a lo mejor a la misma edad, y en el mismo momento que a su mamá, y a su abuela.
Los otros hombres que por obligación transitaron por su vida no duraban tanto, su juventud declinaba sustancialmente, así ya tenía 8 hijos, que los llamaba con nombres de fantasía, Leydidi, Milady nombres tomados de una escuálida revista de gente sonriendo.
Con los años ya no apetecía más hombres, lo pocos que se le acercaban miraban a sus hijas ella lo intuía, ellas aun en tierna edad eran demasiadas pequeñas para entender el silencio de su madre, y el avance de esas manos llenas de codicia, que las aferraban como débiles marionetas alcanzada por la crueldad de una vida que hasta sentían ajenas.
Después estaban sus hijos varones que le daban bastantes fáticas, creciendo se iban rebelando contra todo aquello, por ella se levantaba temprano antes del alba los días de visita, encendía la vela al santo protector, un rezo que equivalía a un llanto, un lamento ahogado de quien las sufre todas, el resistir en la miseria, cargar la cruz más allá del propio designo.
Bajando por las escalinatas que la llevan a la ciudad, son las 4 de la mañana, ella ya tiene su puesto en la cola, sus hijas duermen en la acera, se cuentan sus vivencias, son mujeres todas cortadas con el mismo patrón, de un solo modelo de desidia social se presiente uno que ha muerto dentro del penal, se oyen voces, se murmuran nombres.
Las madres, solo ellas lo ven pasar, solo ellas son capaces de ver a un hijo muerto, pasa por la cola a dar a su madre un sentir que se pierde en un mar de afecto, ella aprieta el crucifijo, reza adentro de si, reza siempre de continuo interminable.
¡Dios mío que no sea el mío!
Pasa por el portón a la requisa, los funcionarios la desnudan en toda su humildad, desnudez de miseria, desnudez de soledad ella es la desnudez de vergüenza de esta nación.
Algún insulto del alto ella siente sin inmutarse, y ella lleva consigo palabras de esperanzas al hijo, un paquete de harina de maíz, mortadela, margarina que ella le quita de la boca de sus pequeños que dejo encerados en la baraca, que todavía no conocen al hermano mayor, compensación al afecto robado, al niño-hombre que amo a su madre, que ella le acaricia todas sus cicatrices, sintiendo la culpa de no haberlo protegido de todo ese mal que llaman sociedad.
Luego le sonríe mientras le hace una caricia, con él ella descubrió el verdadero amor, ama su hijo como nunca pudo amarse a ella misma, luego lo besa él está tranquilo a su lado, luego escurre una lagrima.
-Mijo querido tengo que irme trata de no meterte en problemas.
Acompaña a la madre como lo hacen lo malandros, ni que se la miren, él es alto pero crece a desmesura a su lado, el homicidio del padrastro es solo uno de los tantos que dejo fríos.
Rápidamente en una soplada de dados, el pequeño tesoro que la madre le ha traído tendrá el valor de una apuesta, una apuesta contra el destino, sí amor de madre que resbala por los pisos descoloridos de las prisiones, por los pavimentos ensangrentados de todas las cárceles de esta nación.
Se va con un solo deseo regresar a verlo, esta vez las puñaladas non han sido mortales, se lleva las cartas, los mensaje escritos en pedazos de cartón para otras madres, y esposas que non pudieron venir con solidaridad fundida, forjada en la desgracia de un pueblo sin doliente.
El regreso se apaga a sí mismo, amasando harina y colando café, su hija la ayudan en todo, busca el agua, corre a la esquina a recriminar al hermano que fuma bazuco, jiparea (Vende) pastillas y ríe a dentadas.
¡Ven ayudar que mama no da para más!
Luego mientras la luz solar desaparece del barrio poco a poco la ansiedad se le forma en angustia, porque las noches cubren el barrio con su manto de muerte, balas vagantes consteladas de ira, plomo continuo contra enemigos invisibles.
Ella tiene la costumbre de dormir vestida, algunas noches de intenso tiroteo, logra traerse al hijo, otras veces al nieto, al primo, al hijo de la vecina, a niño desamparado de la esquina, los brazos ensangrentados, las profundas heridas que no cicatrizan, la vida de los propios en las heridas de las vidas ajenas.
Terror y plomo.
Muerte y dolor.
Sangre y vendas.

La vida en el día a día, la inviste con una corona, compuesta de laureles para una heroína cuotidiana, diaria, sin un reconocimiento, heroínas de verdad de historias anónimas, historia de vida común, historias elaboradas por ellas y fundidas en acero de circunstancias adversas.
Así son forjadas las hembras de esta nación.
Así son hechas las mujeres que paren en esta nación.
Así son concebidas las madres que lactan en esta nación.

No son heroínas de papel.

Porque no pueden ser pesadas.
Porque no pueden ser evaluadas.
Porque no pueden ser recompensadas.
Porque no reciben medallas de funcionario alguno.
Porque no pueden ser homenajeadas por mano de ningún mortal.

Ellas existen pero en las estadísticas oficiales de la desidia social.
Para glorificar la epopeya en la formación de esta nación.
Para enaltecer su contribución de sufrimiento y angustia a esta nación.
Para admirar su coraje antes las adversidades que son; objeto y fundamento de esta nación.
Para ejemplarizar el valor de una hembra que no desfallece a un delante de la fortaleza de la adversidad.

Después llega el momento en que la vida nos separa, nos aleja, nos atrae en situaciones de diversificaciones, donde la presencia es mutaciones del verbo ser, con la conjugaciones inmadura del verbo estar; en el instante cuando sucede se extingue.

Pasan los humildes por esta tierra, sin que ninguno los reconozca.
Pasan quienes en sus vidas solo se nutrieron en su propia humildad.
Pasan donde la miseria no es miserable, donde la pobreza es retribución.

A lo mejor parada al borde de la carretera, con niños sucios corriéndole alrededor, la piel humedecida y brillante de manteca, salpicada de aceite hirviendo, con el recién nacido pegada a su teta, ella de mirada ingenua, la expresión grotesca no la eleva al prototipo social, pero su alma irradiara una estrella de intensa magnitud, para iluminar sobre todos nuestros designios.
Veo hacia el firmamento, me vuelvo hacia la tierra, una es igual a otra, la exclusión del conjunto realizo la totalidad, el vacío del uno hace el dos, los opuestos se configuran en el único, se realiza la segmento y la parte funde los destinos en la enormidad del universo, en el mismo momento la proyección fue siempre en identidad absorta, entonces el único limitaba al extremo opuesto del infinito y la parte ascendió al todo, el limite se consolidaba para dar paso a la eternidad.
La llevaban en hombros, eran pocos.
La llevaban en tantos, pero eran en pocos
La llevaban a su última morada, quién en vida no tuvo techo propio.
Llantos de dolor sobre una caja de cartón de quienes pierden el sustento de la abnegación de una madre.
No tuvo un sacerdote en su funeral, nadie del sector oficial, solo un evangelista, la siguió cuando pasó por la avenida y predijo sus revelaciones en el apocalipsis.
La multitud en sus distracciones diarias la encontraron en la vía, los carros tuvieron que frenar, la procesión entro al cementerio en el fin último de su ser y el universo.
Murió callada, como para no molestar, su funeral no tuvo música, ni ruidos de motos, ni una larga cola, ni las armas de los malandros dispararon por ella cuando en el campo santo la tierra cayó encima del féretro, aunque fue madre, hermana, novia y compañera de lucha de todos ellos.
La urna se cayó dos veces, la inquilina estaba acostumbrada a los avatares de la vida, la tierra caía sordamente desfondando el cartón y fue su mejor bienvenida, algo fácil de digerir.
Aquella noche, pero, en una apartada galaxia, apareció una nueva estrella, años luz de nosotros.
O sea bien lejos de nosotros.
El astrónomo la identifico como Iris del arco plano.
Pero después se preguntó ¿Cuándo tiempo tardará en llegarnos su luz?
-A nosotros.
Su hija verso otras lágrimas porque desde ese día a ella le tocaba el cetro que la coronaba a herencia de todo aquel dolor de madre, de hermana, de novia a toda aquella prole que vaga en la urbe.
-Está bien Catire termine el corte ya.
-¿Cuánto te debo Cintia?
-Nada, ella era mi mamá.
Se acerca y me besa en el cachete, los seres se cruzan en el nivel de las emociones.
Quisiera quedarme admirar aquella estrella por una infinidad, pero la vida continua en la tierra.
Si tuviera el poder de trasformar todo ese degrado social en poesía almeno.
Tomado del diario de Cintia que lleva a cuesta todo el peso de haber nacido en formas de olvido.
La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...

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revolucion1954
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Argenis

Notapor revolucion1954 » Dom Ago 12, 2018 1:08 pm

Argenis
El ambiente en la celda Nº8 era de una comunidad hacendosa todos tenían algún oficio que hacer además que se hacían estudios bíblicos, Marino vende dulces, café, té, chocolate, Yokosuna vende cigarrillos, Franklin hace helados tipo frappe, Carrillo construye lámparas en forma de casas, y Argenis trabaja en un quiosco en el pantry, luego del estudio bíblico Argenis nos revela sus inquietudes;
-Compañeros tengo a mis mujeres y a mis dos hijas menores olas en el rancho, y tengo miedo que le suceda algo, ayúdeme con una oración.
Hicimos la oración pidiendo que su mujer y sus hijas pudieran estar tranquilas, luego mientras comíamos por curiosidad le pregunte.
-¿Argenis tu delito es grave?
-Lo que sucedió que trabajaba en una importadora de juguetes, el propietario es un chino, yo era uno de los choferes de la distribuidora, estaba llevando un lote de juguetes cuando me atracaron, puse la denuncia pero el chino no me creyó y me hizo meter preso.
-Pero eso no es grave sería una apropiación indebida.
-Me pusieron hurto.
-¿Hurto porque? En todo caso sería un hurto simple, puedes pedir el beneficio de sometimiento a juicio.
-Lo voy a pedir entonces, pero sucede que tengo un hurto en otro tribunal y me dieron ese beneficio.
Y empezaron las mentes negativas en especial el Franklin.
-Te tienes que hacer la cana, ahora porque violaste el beneficio.
Argenis se angustia y nos dice;
-Tengo a mi mujer sola en ese barrio que es candela.
-¿Que barrio es?
-El naranjal esta por la carretera Panamericana, allí hay un malandreo bravo, les juro que no duermo pensando en mi familia.
A mí que me gusta encontrarle salida a todo problema le digo:
-Pídelo que si el juez quiere te lo puede dar.
-¿Pero como le van a dar otro beneficio si violo el que le dieron?
-Porque el juez es autónomo en sus decisiones, a mí por ejemplo el tribunal me ha dado dos beneficio el sometimiento a juicio, y luego me dieron la fianza.
Argenis me ve como pensando esa es mi solución.
-¿Pero como fue que te lo dieron?
-Charla que tiene uno, además si eres creyente debes tener fe así funciona ¿o no?
Se quedó penando mientras lavaba los plantos en una ponchera.
-Sr Fausto, yo veo que usted escribe casi todo el día porque no me hace una carta para la juez.
-Pero que le puede decir, ¿dime tú?
-Pero cuando escribes; ¿de dónde sacas tantas palabras?
-Ja, ja, esa si esta buena de verdad.
Entonces arremete el Franklin que tiene tremenda mente pero bien negativa.
-No te pueden dar otro beneficio entiéndelo.
-Vaya sr. Fausto mañana es el día de visita mi mujer va a venir la despacho temprano asi tiene tiempo para que le lleve la carta.
Otra vez el Franklin me dice:
-Es inútil que lo ilusiones, no le van a dar otro beneficio.
Me dio tanto malestar que el Franklin fuera así de crudo con el Argenis que le dije:
-Está bien te la voy hacer, pero la fe se la pones tú.
-¡Claro no faltaba más!
-¿Qué tribunal es?
-El treinta en lo Penal Juez Mildred Colmenares.
Ciudad de Caracas 22 Diciembre de 1995
Tribunal Treinta Penal
Doctora Mildred Colmenares
Al despacho de su tribunal

Por circunstancias ajenas a mi voluntad me encuentro recluido en el Internado de la Planta, por acusaciones de un hurto que no he cometido, yo trabajaba honestamente con el ciudadano chino Jan Chang y mientras hacía un trasporte de su mercancía fui atracado por dos sujetos a mano armada que me despojaron de la camioneta y de la mercancía, sé que tengo otra causa pendiente por cheque sin fondo, pero quiere pedirle a usted el beneficio del sometimiento a juicio por razones humanitaria.
Vea usted yo vivo en un rancho en el barrio el Naranjal del kilómetro 12 de la carretera Panamericana, en una humilde vivienda allí deje a mi mujer, y mis dos pequeñas hijas a la merced del malandraje, en ese barrio no hay corriente eléctrica, ni siquiera agua corriente, somos lo que se dice los propios marginales, pero son siempre vidas humanas mi mujer, y mis hijas allá solas como quedaron viven momento de angustiante dolor por el temor de ser violadas, y robadas por no tener apoyo de un hombre, usted honorable juez no puede imaginarse como se vive en ese barrio donde en las noches los malandros beben y se drogan a voluntad y luego inician atropellar a la gente, a cobrar peaje, a violar mujeres, a atracar trabajadores, etc.
Nosotros somos del interior de la república de Guayana no tenemos familiares cerca. Mi mujer es una mujer muy joven ha cumplido solo 20 años, no tiene experiencia de cómo llevar adelante un hogar en esas circunstancias, con una hija de 4 y una de 2 años además está de nuevo embarazada, viviendo en el más cruel de los desamparos, además que le falto como sostén del hogar, a veces pasan días sin comer, y comen justamente cuando llegan aquí en el quiosco de comida donde trabajo, ellas tienen que vivir con la zozobra que en cualquier momento, además que las violen nos ocupen el rancho, yo hago un apelo a usted a sus sentimiento de madre ¿qué haría señora juez? si tuviera una hija en esas condiciones, el chino recupero con el seguro lo robado los únicos que perdemos somos nosotros porque somos humildes no tenemos para pagar abogado.
Por lo tanto le pido ya que estamos en el periodo natalicio que me dé otra oportunidad para poder defender a mi familia y sobre todo para poderles dar de comer.

Argenis Armendero
C.I.V. 12.564.945
Al día siguiente llego la mujer tenía unas ojeras que se le veía a un kilómetro le dijo que se le quisieron meter en el rancho pero el vecino de enfrente hablo con ellos, y para rematar le dio la buena noticia que estaba en estado otra vez, yo le habia puesto lo del embarazo para agravar la situación.
-Ilenia llévale esta carta a la juez para pedirle el beneficio, pero háblale seriamente que la coa nos es juego.
-Me lo vas a decir a mí que no tengo ya donde llorar.
Ilenia no llego a tiempo para entrar, pero le hizo llegar la noticia que la juez había decido darle el beneficio y que ella lo esperaría afuera del Internado, llego a la celda a recoger sus cosas como que le falta el aire.
-Me lo concedieron.
-¿Que te dieron?
-El beneficio de sometimiento a juicio.
Franklin frunció las cejas, yo sonreí aun incrédulo.
-Bueno Franklin, tú ves, lo que no es posible para los hombres, es posible para DIOS.

Entonces encendí la intuición y vi que los caminos estaban abiertos.
-Tranquilo nadie me quita lo mío.
Luego la mí mente vago por terrenos baldíos, quizás tú puedes imaginar que entrar en un caño de río, lleno de caimanes que te debes abrir paso con el machete que una vez dentro de la selva te esperan tigres, enormes culebras como la anaconda, o serpiente venenosas como la mapanare, caminar días sin ver nada más que árboles, y atacado por una plaga inclemente, todo eso no es nada en comparación de ir en un traslado de cárcel en Venezuela, si te va bien te atracan y te puñalean solamente, y para más no puedes mostrar miedo, el cague delataría una debilidad de pulso y eso es bien grave.
Del pabellón junto a mi salió Pantera, y Otto, y como brazos de tanto caños el rio se iba engrandando de compañeros que salían de otros pabellones a uno los conocía a otros, no.
El fin ultimo del hombre es el mismo formarse como universo.
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