LA LEY, LA JUSTICIA Y EL SOCIALISMO

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Cesar Burelli
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LA LEY, LA JUSTICIA Y EL SOCIALISMO

Notapor Cesar Burelli » Vie Jun 19, 2015 7:02 pm

LA LEY, LA JUSTICIA Y EL SOCIALISMO


Nuestro gran Ludovico dice en su extraordinaria obra “La Plusvalía Ideológica”, que El Derecho Romano incurre en una grave falacia cuando plantea de manera axiomática o incontrovertible que “la Ley es justa porque es la Ley”, el filósofo riposta con prístina lógica aristotélica que el verdadero razonamiento debe ser , “ la Ley es la Ley porque es justa”. Cuanta razón asiste al maestro, la historia de la humanidad está repleta de leyes injustas que pretenden justificar ética y estéticamente la obtención de plus trabajo o explotación social. En tal sentido, las leyes forman parte de la superestructura ideológica de las formaciones sociales, al igual que la religión, la educación, el arte, etc.; que se amalgaman en el Estado como centro de poder de las clases dominantes. Las emanaciones ideológicas de ese Estado generador de valores “místicos”, “lógicos” y “bellos “que se entronizan en la conciencia o falsa conciencia de los hombres para hacerlos ver como válidos, más que ver, sentir como parte de la naturaleza humana y en tal sentido necesarios , imprescindibles e inmutables.
Pero Ludovico no se conforma con ese razonamiento y agrega un tercero que plantea, “en una sociedad socialista no existe la Ley” debido al grado de conciencia de una humanidad donde ha desaparecido la explotación, con ella las clases sociales y en consecuencia la injusticia. Así prefigura Marx la nueva sociedad, como un reino de justicia que es igual al de la libertad. Aquí el discípulo emula al maestro Hegel en aquel hermoso ensayo llamado “El Amo y el Esclavo” lleno de extraordinaria dialéctica, en el cual el amo, es esclavo de su propia dinámica esclavizadora.
Ludovico se compenetra con la esencia del pensamiento marxista y enlaza el discurso literario del joven Marx de los “Manuscritos Económico-Filosóficos” con el discurso de la madurez del autor presente en su obra cumbre el “Capital”. Llegando a la conclusión trascendental que no existe separación en el estilo literario y teórico del autor.
Retomando el hilo conductor de nuestra exposición, podemos observar que la historia de las civilizaciones abunda en leyes injustas que se autodefinen como lo contrario, como paradigmas de armonía y bondad; como ejemplo de ello, tenemos las leyes del esclavismo clásico Greco-Romano o las del esclavismo de las potencias coloniales del s XIX, que se derrumbó con el triunfo del norte sobre el sur en la guerra de secesión de los EEUU. El siglo XX ha sido testigo de leyes excluyentes de la mujer, en Venezuela casi para terminar este siglo, fue que se reformó el código civil para permitir que las mujeres casadas pudieran hacer transacciones sin la tutela del marido. Luego en materia electoral y de educación, la mujer fue marginada por las leyes de muchos países.
A lo largo de la historia, las civilizaciones dominantes han tratado de imponer sus costumbres, normas y leyes considerándolas como superiores a las de los pueblos dominados; de ahí que estas superestructuras engreídas de superioridad racional, vean con menosprecio la cultura de otros pueblos que en definitiva constituyen la fuente del derecho y en tal sentido pasan a singularizarse es decir, dejan de ser costumbres, normas y leyes en plural para definirse como algo acabado y perfecto (en consecuencia eterno),autodenominado soberbia e infatuadamente por sus clases dominantes como La Ley( EL Derecho Romano, EL Derecho Anglosajón, El Código Napoleónico, El Estado de Derecho de Hegel, etc.).Todos esos derechos (entendiendo al derecho como la estructura orgánica de las leyes) pueden confundirnos con su permanente vigencia y con su aparente hálito de eternidad, haciéndonos pensar en la hegemonía del idealismo filosófico sobre las tesis materialistas. Pero esta perpetuidad histórica es un espejismo, devenido de la existencia transversal de la propiedad privada a lo largo de los diversos modos de producción (esclavismo clásico, feudalismo, esclavismo moderno, y capitalismo). Esta continuidad se romperá definitivamente con el comunismo y deberá comenzar a extinguirse en el socialismo que en términos revolucionarios es la etapa previa al reino de la libertad, donde la conciencia de la humanidad se desprenderá del lastre de las leyes con su carga punitiva de castigo y redención, que buscan preservar la propiedad privada sobre los medios de producción.
Si entendemos al socialismo como el modo de vida que representa la transición al comunismo, debemos concebirlo como a una sociedad donde si bien seguirán existiendo las leyes, estas no serán absolutas en el sentido de ser arquetipos perfectos que moldeen la conducta del ser humano, porque esto significaría perpetuar la alienación de la conciencia y producir un individuo obediente a la Ley, en lugar de un ser social critico y transformador (rebelde) que prefigure al hombre nuevo. Plantearse que al Estado burgués en el socialismo hay que anteponer un poderoso Estado proletario, o a que al Estado de Derecho capitalista se le debe crear un Estado de Derecho socialista alterno, no tiene sentido, además de representar una falsa dicotomía dialéctica, que solo conducirá a cercenar la libertad y a repetir los errores del llamado “socialismo real”. Al capitalismo no se le erradica con “LA LEY SOCIALISTA”, se le derrota en una cotidianidad teórico-práctica signada por el ejemplo y la rectitud, con una moral consciente , ecológica y humanista, liberada de prejuicios; se le derrota con la movilización permanente del pueblo en una solidaridad fraternal, dinámica y pedagógica, creadora de valores altruistas.
Vemos con preocupación como en Venezuela, el proceso de cambios está siendo liderado con criterios exacerbadamente legalistas, por leguleyos abogados provenientes de esa vieja, putrefacta y prostituida profesión liberal-burguesa; obnubilados por sofisticados y ridículos mundos ideales de verdades inmóviles e incontrovertibles. Basta con observar como por ejemplo la sofisticada y modernísima Ley de Pesca, no se traduce en más comida barata en la mesa del pueblo o en mayor empleo entre los pescadores. ¿Será que los peces no saben leer, o será que la guardia marina se deja sobornar por los patrones de los barcos de rastra? Insistimos que es un problema de conciencia.
Todo marxista sabe que la fuente de iniquidad e injusticia en el capitalismo, es la obtención de plusvalía. Si el derecho fuera un arma revolucionaria sería muy fácil erradicar la explotación promulgando una ley, pero no es así porque el trabajador (la gran mayoría) cree con profunda convicción que el salario es el pago equivalente del tiempo de trabajo y en consecuencia respeta la explotación como si fuera un orden natural e inmutable.
El gran pensador Frederick Nieche, para burlarse de las estúpidas quimeras del “racionalismo” occidental escribió, “no existen fenómenos morales, lo que existe es una interpretación moral de los fenómenos”. No dudo ni por un instante que Bakunin y Marx hubiesen deseado la autoría de esta hermosa y monumental frase, porque ellos en su tiempo, fueron los adalides de la ilegalidad subversiva del orden y del poder.
Si Cristo hubiera sido un sumiso seguidor de las pétreas tablas de la Ley dictadas por Dios a Moisés, no hubiera dado el “Sermón de la Montaña” para después redimirse en la cruz, a Karl Marx no se le hubieran muerto sus hijos de hambre, desentrañando el mecanismo económico-político del capitalismo, porque se habría dedicado al cómodo ejerció liberal-burgués de abogado, o a ser exégeta de la Filosofía del Derecho de Hegel; y el Che se habría quedado legislando en su querida Cuba, sin morir entre las breñas como el Cristo de América.


Economista y Profesor Universitario
César José Burelli Valero.

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